Seguro que ya nos ha pasado a todos: al volver de un viaje, las maletas pesan más que en la ida. En el caso de las jugadoras participantes en la Copa Mundial Femenina Sub-17 de la FIFA Jordania 2016, la facturación en el aeropuerto de Ammán lo confirmará. Algunas se marcharán con un recuerdo metálico para lucir en el cuello, y las mejores incluso con un Balón, una Bota o un Guante de Oro en el equipaje.

Sin duda esos recuerdos de su estancia en tierras jordanas serán los últimos objetos que guarden en sus maletas, pero ¿cuáles serán los primeros que introduzcan? FIFA.com se lo ha preguntado directamente.

Como es lógico, uno no va de vacaciones junto al mar sin bañador, ¡y tampoco a un Mundial sin botas de fútbol! “Lo primero fueron los tacos y las espinilleras”, explica la mexicana Dayana Cazares. “Son personalizadas, porque el hermano de una compañera nos regaló un par a cada una, con nuestros nombres y la bandera de México. ¡Pero recibo tantas entradas en los partidos que prácticamente ya ni se ve la bandera!”, confiesa entre risas.

Ésa es igualmente la prioridad de la camerunesa Alexandra Takounda, que piensa primero en su herramienta de trabajo, pero también en su complemento perfecto: la fuerza psicológica que debe acompañarle. “En la maleta, primero puse las botas, por supuesto, porque son mi arma para hacer lo que me gusta y lo que me piden que haga: marcar goles”, señala la joven Leona, que pasó de las palabras a los hechos al perforar la meta de Venezuela de un sensacional taconazo. “Y también mi Biblia, porque todo lo que conseguimos es gracias a nuestra voluntad y con la ayuda de Dios”.

Trabajo y suerte
Además de las botas, la española Laia Aleixandri no ha olvidado que, cuando se tienen 16 años, no todo en la vida es fútbol... “También he traído las cosas de la escuela: el ordenador y los libros, porque en el tiempo libre estudiamos”, afirma la futbolista, que ejerce —de forma muy oportuna— de cerebro del combinado español en Jordania. “Nos ayudamos las unas a las otras con los deberes y los ejercicios, todas somos muy responsables”, añade, antes de matizar esa frase sonriendo. “Bueno, casi todo el tiempo... ¡Pero no siempre!”.

Además de un buen material y de la actitud correcta, en ocasiones se necesita otro ingrediente para alcanzar el éxito. “Ante todo, he traído mis amuletos”, dice la alemana Giulia Gwinn, a quien la suerte sonrió tres veces delante de la meta contraria. “Mis amigos me dieron varios, y mis padres me regalaron un trébol de cuatro hojas. Para mí son cosas muy importantes”. A buen seguro, tanto como el oso de peluche de la guardameta de Ghana, Kayza Massey. “Es un regalo de mi mejor amiga, estamos muy unidas. Tenía que traerlo conmigo como amuleto”, cuenta la arquera, que creyó en su buena estrella cuando vio a su equipo empatar al final del partido de cuartos de final contra la RDP de Corea... antes de recibir un gol fatídico en el tiempo añadido.

Ese día, la ghanesa tuvo que hacer las maletas. Pero, como todas las demás jugadoras que han participado en el torneo jordano, sin duda se llevará en el equipaje algo muy preciado: recuerdos maravillosos y una experiencia inestimable para una futura carrera.