Beverly Priestman apenas tenía 14 años cuando se puso por primera vez a las órdenes del técnico John Herdman en el noreste de Inglaterra. El futuro seleccionador de Canadá le causó una gran impresión —“me chocaron su pasión y su entusiasmo”, recuerda— y desde entonces ha sido un mentor para ella.

Aun así, la inspiración que Herdman supuso para su joven discípula no fue la que cabría esperar. En lugar de alentar a Priestman a pelear por hacer realidad sus sueños de gloria dentro de la cancha, hizo que diese un paso atrás, reflexionase y tomase una decisión asombrosamente madura y consciente.

Priestman se dio cuenta de que, si bien tenía talento, carecía de los atributos necesarios para convertirse en internacional con Inglaterra. Por tanto, renunció a jugar y se propuso destacar en un papel diferente.

“De pequeña, yo era la única niña que conocía que jugaba al fútbol”, explica a FIFA.com. “Pero siempre había querido ser también profesora, y tuve la suerte de cruzarme con grandes maestros y entrenadores que me motivaron. Y John fue uno de ellos”, continúa.

Entrenadora adolescente
“Al tener esa pasión por la docencia, y darme cuenta de que nunca llegaría a ser lo bastante buena como para jugar con Inglaterra, pensé: ‘Bueno, entonces quiero llegar a ser seleccionadora algún día’. Me lo planteé como meta, obtuve un diploma de fútbol y desde entonces intento ser la mejor entrenadora posible”.

Como consecuencia de esa determinación, su antiguo mentor es ahora un compañero. El experto Herdman supo ver el potencial de Priestman y la designó para que ocupase puestos clave tanto con Nueva Zelanda como con Canadá. Y la joven técnica, que acaba de cumplir 30 años, se forjó una reputación con el Everton y la selección inglesa incluso antes de esas aventuras en el extranjero.

Ahora, en vísperas de su segunda Copa Mundial Femenina Sub-17 de la FIFA, que afrontará como seleccionadora de Canadá, Priestman reflexiona sobre el acierto que supuso tomar aquella decisión en la adolescencia y el valor del esfuerzo que ha realizado desde entonces.

“Se habla de la regla de las 10.000 horas de práctica para los jugadores. Creo que tampoco se debe subestimar la importancia de dedicar muchas horas en el caso de los entrenadores. Para quienes empiezan como yo, sin haber sido futbolistas del máximo nivel, pienso que a menudo existe ese afán, es como una obsesión”, señala.

“Esa obsesión se ve en gente como [José] Mourinho, y quizás sea más intensa por no haber triunfado como futbolistas. Me doy cuenta de que tengo una gran curiosidad por este deporte. John me la infundió de joven, y ahora soy yo quien debe infundírsela a las jugadoras con las que trabajo”.

Ella reconoce que el reto resultó más fácil gracias a la motivación que representó la experiencia de la Copa Mundial Femenina de la FIFA™ celebrada el año pasado en tierras canadienses, saldada con un éxito enorme. “Las integrantes del plantel que voy a llevar a Jordania pudieron ver varios partidos en directo, eso avivó su apetito”, analiza. “Estas chicas tienen muchísimas ganas de llegar a la selección absoluta, y queremos darles todas las oportunidades de lograrlo”.

Con el recuerdo de Costa Rica 2014
E insiste en que la misión de desarrollar jugadoras para el equipo de Herdman siempre tendrá prioridad sobre la consecución de resultados con su joven combinado. No obstante, confía en que Canadá deje su impronta en Jordania 2016, y muestra su satisfacción con el sorteo, que les ha deparado como rivales en la liguilla a Alemania, Venezuela y Camerún.

“Esto proporcionará a las muchachas unas adversarias de tres estilos muy distintos. Para unas jugadoras que esperamos incorporar a la selección absoluta, será una experiencia que aumentará su bagaje, no cabe duda. Desde una perspectiva personal, yo también estoy deseando medirme ya con Alemania y Venezuela, con las que me crucé en Costa Rica [en el último Mundial Sub-17, en 2014].

“Contra Alemania empatamos 2-2, pero el partido de Venezuela será especial, ya que fue quien nos eliminó, al ganarnos 3-2 en cuartos de final. Fue un duro golpe, porque había sido un encuentro muy abierto, emocionante y repleto de energía. Creo que todo el mundo aprendió mucho de aquella derrota”.

Con esas lecciones en las que inspirarse ahora y una profesora nata para impartirlas, las sub-17 canadienses pueden estar seguras de que afrontarán con garantías su campaña en Jordania.