Del séptimo infierno al más dulce de los paraísos, sin escalas y en primera clase. Así fue el viaje que experimentó el portero José Rodríguez en los últimos cuatro días, desde que se marcara un autogol en el debut ante Suiza hasta que resultara vital para derrotar a Brasil y mantener a México en carrera. Como el mismísimo Ave Fénix...

"La verdad es que la noche después del debut fue muy larga para mí. Sé que un error lo comete cualquiera, pero tenía muchas ilusiones para ese partido y sufrí mucho lo que me sucedió", reconoce a FIFA.com con absoluta madurez. "Por suerte tuve el apoyo de todos, tanto de mis compañeros como de mi familia, que me llamó al hotel para brindarme su aliento. Me dijeron que tengo capacidades y que por algo estoy en este puesto. Debía aprovechar la oportunidad que viniera, y por suerte el fútbol me dio revancha rápidamente".

Vaya si funcionó el apoyo de su entorno. El joven portero de las Chivas de Guadalajara salió dispuesto a revertir su imagen ante Brasil y terminó con su arco en cero, tal como lo había imaginado: "Venía decidido, sabía que Brasil no me iba a meter ningún gol. Por eso hablé con mis compañeros y les dije que anotaran ellos, que a nosotros no nos iban a convertir".

Pero no fue sencillo cumplir con su palabra. Primero tuvo que esmerarse para volar y, con mano cambiada, enviar un remate envenenado de Coutinho al tiro de esquina. Y luego, con el partido ya 1-0, debió mostrar sus reflejos para detener un disparo corto de Felipinho. Para José Luis González China, entrenador azteca, no fue una novedad: "Sabía que el gol en contra del otro día tuvo que ver con una actuación mala del equipo en general. José es un gran portero, lo conozco muy bien y sabía que iba a rendir. Contra Brasil tuvo una actuación realmente espectacular, me alegra por él", comentó a FIFA.com.

Personalidad dorada
Los inicios de Rodríguez en el arco sirven para explicar su gran personalidad. Cuenta la historia que a la tierna edad de 5 años, este admirador de Oswaldo Sánchez y Gianluigi Buffon tenía una riña particular con uno de sus compañeros de escuela. "Le tenía cierto rencor a un niño que jugaba de delantero, por lo que la única manera de arruinarle la victoria era enfrentarlo desde el arco. Ahí empecé mi carrera", confiesa entre risas.

Doce años más tarde, hizo prácticamente lo mismo con Coutinho, Neymar y compañía. "Mi actuación de hoy se la debo a todo el equipo y al cuerpo técnico, que tanta confianza me dio para levantarme en apenas dos días y ante uno de los mejores equipos del mundo. Los futbolistas tenemos que entender que todos cometemos errores. Néstor De la Torre (ndr: Director de Selecciones Nacionales) me dijo que los grandes futbolistas no son los que se mantienen en la cima, sino los que aprenden a levantarse. Y tiene razón", completa Rodríguez, quien tiene como meta jugar algún día en el Chelsea inglés.

Y le sobra confianza para lograrlo, tal como demuestra ante cada uno de sus objetivos. ¿El otro? El título en Nigeria 2009: "Ahora enfrentaremos a Japón con la misma ilusión con que llegamos aquí, la de ser campeones. Será a cara o cruz, y si ganamos ya estaremos en octavos. Luego seguiremos dando todo, partido a partido, por lograr el objetivo. La primera caída ya quedó atrás". Sus errores también.