Nueva Zelanda, la campeona de Oceanía, no figuraba en el grupo de favoritas de camino a Nigeria 2009 y, sin embargo, acaba de conquistar la primera clasificación de su historia para los octavos de final de una competición de la FIFA. Con esta gesta, los kiwis han demostrado a los escépticos lo equivocados que estaban, y lo han hecho de la forma más espectacular que imaginarse pueda. El mediocampista Jack Hobson-McVeigh otorgó a su equipo el empate a 1-1 con Turquía y el punto que necesitaba para pasar de ronda, con un inolvidable cañonazo que terminó en un gol grandioso, como corresponde a su condición histórica.
La gesta adquiere una dimensión titánica cuando se tiene en cuenta que éste es el 16º campeonato de la FIFA en el que participa Nueva Zelanda. Los jóvenes All Whites han avanzado muchísimo en los doce años que han pasado desde su primera participación en la Copa Mundial Sub-17 de la FIFA; no hay que olvidar que los neozelandeses poseen el récord de la derrota más abultada del torneo: el 13-0 que les endosó España en Egipto 1997. No obstante, los progresos que han experimentado en poco más de una década demuestran lo mucho que está avanzando el fútbol en esta nación de unos cuatro millones de habitantes, cuya pasión se centra principalmente en el rugby.
Uno entre cien
Ayer, de camino a su último partido en la fase de grupos, los kiwis sabían que una victoria en Calabar les aseguraría el segundo puesto de su sección, y que un empate podría bastarles para conseguir la clasificación. Parte de la ecuación, sin embargo, se resolvió justo antes de que saltaran al terreno de juego, cuando llegó la noticia de que Holanda había perdido ante Irán, lo que significaba que con el empate tendrían suficiente. Noventa minutos separaban a los neozelandeses de un lugar en la historia, pero se interponía también la gran potencia de su grupo, Turquía, un equipo que había causado sensación con impresionantes victorias en sus dos primeros choques.
Como en sus anteriores partidos, los All Whites cedieron la posesión, pese a que los rivales se limitaban a amenazar la puerta neozelandesa con disparos desde lejos. Turquía defendió su ventaja desde el minuto 17 y, aunque ambos equipos crearon ocasiones, parecía que los intentos de Nueva Zelanda por hacer historia estaban abocados a un heroico fracaso. Cuando faltaban poquísimos segundos para su segura eliminación, Jack Hobson-McVeigh disparó aquel trallazo desde 35 metros.
"Me llegó un balón y lo controlé bastante bien. Cuando vi aparecer a un defensa, amagué y chuté y, nada más golpear la pelota, tuve la sensación de que iba a entrar", asegura el mediocampista nacido en Inglaterra y criado en Auckland. "Aunque repitiera el disparo cien veces, jamás volvería a salirme tan bien. Me puse a celebrar el gol antes de que entrara".
"Es fenomenal hacer historia y esta sensación de saber que has marcado ese gol. Todos siguen hoy como locos. Al final, con las celebraciones, las cámaras y todo, parecía que hubiéramos ganado el Mundial. Ahora, cada partido resulta más y más importante".
Cambio de cara
Desde la desastrosa campaña de hace doce años, la Copa Mundial Sub-17 de la FIFA se ha mostrado cada vez más benévola con Nueva Zelanda. La primera victoria en un torneo de la FIFA se produjo en suelo patrio contra Polonia en 1999. Hace dos años, en la República de Corea, los neozelandeses estuvieron muy igualados con todos sus rivales en cada partido jugado, aunque regresaron a casa con las manos totalmente vacías. En la presente edición, dos empates consecutivos con Costa Rica y Burkina Faso dieron paso al gran momento en Calabar, que quedará inscrito en los anales como el partido de la "tierra de la gran nube blanca".
"Faltaban pocos minutos para el final del encuentro y, por primera vez en seis meses, pensé que no conseguiríamos la clasificación", declara el seleccionador Steve Cain, y añade: "¡Y me pegué en la mano por haberlo pensado! Pero tenía la terrible impresión de que no era nuestro día, de que habíamos llegado al final del viaje. Debo reconocer el mérito del equipo, que apostó en todo momento por nosotros".
"Es maravilloso; la primera vez que nuestro país alcanza este hito", comenta Cain desde un extremo de la piscina en la que sus muchachos están relajándose después del esfuerzo de la noche anterior. "Ahora debemos asegurarnos de que esto se convierta en la regla y nunca más sea la excepción".
"Estamos deseando que nos toque enfrentarnos a un campeón de grupo. Mis muchachos aprenderán mucho de una ocasión así. Otra cosa le diré: sea quien sea el rival, no lo tendrá fácil con nosotros. Vamos a plantar cara a quien se ponga por delante. Estamos preparados".

