Un día, cuando era pequeño, Nassim Ben Khalifa fue con su padre a San Siro, a un partido del Inter de Milán. Allí vio a Ronaldo en todo su esplendor. "Eso me marcó", afirmó el joven de 17 años, con un atisbo de melancolía en la voz. Tal vez fue en ese momento cuando este pequeño suizo de origen tunecino, maravillado por Il Fenomeno, se dijo a sí mismo: "Algún día seré como Ronaldo".
Todo está yendo muy deprisa para aquel niño de Prangins (un pequeño pueblo de unos 3.000 habitantes del cantón de Vaud), que hace poco más de un año todavía se entrenaba en el centro de alto rendimiento de Lausana. Desde entonces, ha fichado por el Grasshoppers de Zúrich, donde ya milita con el primer equipo en la máxima categoría de la liga suiza. Y en la selección sub-17, este "diez" a la antigua usanza es una de sus figuras.
Y los acontecimientos se han acelerado más aún, está claro, desde que marcó el gol de la victoria contra Brasil. "Ganar a Brasil es una sensación fantástica. Además, marqué el único tanto de ese partido. Me puse súper contento. Pero sobre todo, hay que dar las gracias a nuestro portero, que estuvo magnífico, y a la defensa, que mantuvo el tipo de principio a fin. Hemos eliminado al gran Brasil", comentó a FIFA.com, antes de añadir, como si le costara creérselo: "Está eliminado, ¿verdad?".
Como es lógico, apear a la Canarinha da alas y también ambición. "Sí, estamos entre los favoritos. Quedar primero del Grupo B con 3 victorias, por delante de selecciones como Japón, México y Brasil quiere decir algo", anunció sin rodeos. Y no se trata de ninguna muestra de arrogancia, sino de un hecho, basado en una realidad muy sencilla: "Puede que no tengamos la técnica brasileña ni el juego de pases de mexicanos o japoneses, pero nuestra fortaleza mental es enorme. Nuestras ganas de vencer nos hacen mover montañas. Frente a Japón, remontamos los dos goles en contra gracias a esa moral, para finalmente endosarles cuatro".
Su familia le apoya. Sus padres son tunecinos, aunque él nació en Suiza. En este momento, su padre está en Túnez. "Toda mi familia está allí. Todos están contentos por lo que me está pasando; ven los partidos en las cadenas de televisión árabes. Mi madre se ha quedado en Suiza con mi hermano pequeño, pero también ve todos los partidos en la tele. La llamo cada dos días aproximadamente, ¡y se sabe los resultados incluso antes que yo!".
Su doble cultura suizo-tunecina probablemente le aporta esa pizca de madurez que otros no poseen a esa edad. O, al menos, una capacidad de tolerancia más desarrollada. Cuando habla de Nigeria, su sinceridad impresiona. "Todos teníamos estereotipos. Pensábamos que la alimentación sería extraña, que en general sería peligroso, nos hablaron de la malaria... Cuando llegamos, ¡nos rociamos todos con insecticida! (risas). En realidad, se vive bien aquí; la gente es encantadora, y todo el mundo nos está tratando muy bien. Esto es como Suiza, ¡pero con calor!".
El próximo escollo es Alemania, otra gran potencia del fútbol, pero eso no basta para asustar a Ben Khalifa. "Son campeones de Europa sub-17. Es la mejor nación futbolística del Viejo continente; ha sido tres veces campeona mundial. Jugar contra ellos es una motivación enorme. No nos esperábamos que nos tocara un pez gordo tan pronto, pero hemos venido aquí para llegar lo más lejos posible y para enfrentarnos a las selecciones más grandes del mundo. Con la Mannschaft, estamos bien servidos", analizó.
Con 1 gol y 2 asistencias en su haber, el creativo helvético figura en lo alto de las tablas estadísticas en Nigeria. Pero a todo esto, ¿qué prefiere él, marcar o dar pases? "Yo prefiero ganar", respondió con toda la sencillez del mundo, antes de añadir, como un viejo zorro del fútbol: "Bueno, se dice que un buen pase a menudo vale más que un mal tiro. Pero si puedo tanto pasar como marcar...". ¡Los alemanes están avisados!


