Irán no ha recibido ni un solo gol en contra en la Copa Mundial Sub-17 de la FIFA Nigeria 2009, 270 minutos seguidos de fútbol de calibre internacional. Uno de los principales responsables de su solidez defensiva es el central Ali Goudarzi, cuyas cualidades atléticas, habilidad en la colocación y capacidad para interceptar la pelota en el último segundo han contribuido a que su país se adjudicase el Grupo C en Calabar.
"Estoy contento con mi rendimiento hasta la fecha", declara a FIFA.com Goudarzi, capitán en los últimos veinte minutos del partido contra Colombia y durante todo el encuentro ante Holanda, mientras degusta unos manjares iraníes en su hotel. "Pero, en realidad, todo el equipo ayuda a defender el arco, desde la punta de ataque hasta la retaguardia. Es una actuación de todo el conjunto".
Los iraníes llegaron a Nigeria precedidos por una reputación temible, tras proclamarse campeones de Asia sub-16 el año pasado imponiéndose a la República de Corea en la final. En el certamen continental disputado en Tashkent, su zaga se mostró tan implacable como hasta ahora, y la meta del joven Equipo Melli únicamente fue perforada tres veces en seis partidos.
"Llevo mucho tiempo jugando con estos compañeros en la defensa tanto en mi club como en la selección", añade Goudarzi, quien forma la columna vertebral de la defensa iraní en tierras africanas junto a Bahman Maleki e Iman Shirazi, también del Zob-Ahan. "Por ejemplo, hace casi cinco años que estoy con [Iman] Shirazi. Para nuestra defensa supone una diferencia enorme contar con tres jugadores que compiten en el mismo club. Sé lo que van a hacer mis compañeros, dónde van a estar y cómo quieren la pelota. No puede pasarse por alto la importancia que esto tiene para nosotros".
Tras superar un Grupo C que, en honor a la verdad, resultó menos complicado de lo esperado, le aguarda un compromiso mucho más difícil en octavos de final, Uruguay, el 5 de noviembre en Calabar. La Celeste pasó apuros para acceder a la fase de eliminatorias, siendo tercera del Grupo F, con una victoria y un empate, pero tiene a uno de los mejores artilleros de este torneo, Sebastián Gallegos, estrella en ciernes del Atlético de Madrid.
Respeto por Uruguay, aunque con matices
Aun así, Goudarzi, que recibió el brazalete de capitán ("el mayor de los honores", según él) del delantero Payam Sadeghian, compañero suyo de club y descartado en el último choque de la liguilla, no parece excesivamente inquieto. "Sabemos que Uruguay dispone de varios atacantes de gran calidad, si no los tuviera no estaría aquí", admite el inquebrantable defensor, aunque con matices. "Pero si los uruguayos fuesen tan buenos como nosotros, habrían sido primeros de su grupo, no terceros", añade con una sonrisa malévola.
Justo antes de la hora de la comida en el hotel, a orillas del inmenso río Calabar, pueden oírse las oraciones diarias de los iraníes. Los sonidos de sus cánticos sincronizados inundan el recinto, resonando a través del moderno y espacioso vestíbulo. "Rezamos a Dios todos los días, como equipo", señala, explicando que la plantilla ora cinco veces al día. "Sin su ayuda no podríamos hacer lo que hacemos dentro del campo, gracias a ella también podemos estar unidos como equipo, ser una unidad".
En realidad, la selección iraní va a necesitar algo más que rezos en la cancha frente a los sudamericanos en una contienda a vida o muerte. Pero si mantiene su impecable registro defensivo -y marca también uno o dos goles- quizás llegue mucho más alto en esta competición sub-17. "Creo que podemos alcanzar las semifinales", sentencia a modo de conclusión el competente joven, seguro de sus posibilidades. "Era nuestro objetivo al principio, y después de conseguirlo ojalá subamos un peldaño más y seamos campeones del mundo".

