Una mezcla de frustración y de orgullo mueve el ánimo de los jugadores de Nueva Zelanda antes de regresar a casa. La frustración está vinculada a la paliza que le infligió Nigeria en octavos de final (5-0). "Salimos de la primera fase diciendo que podríamos conseguir algo; no veníamos como víctima. Pero a fin de cuentas, los nigerianos fueron demasiado fuertes, demasiado rápidos; jugaban demasiado bien al balón. La idea era sorprenderlos a la contra, pero nos resultó demasiado difícil", resumió el capitán Gordon Murie, abatido, después del partido.
Los Kiwis, totalmente perdidos sobre el césped el jueves en Abuja, tardaron tiempo en salir de los vestuarios, completamente groguis. Como si quisiera convencerse a sí mismo, Murie analizaba el encuentro sin miramientos: "En ningún momento hemos sabido adaptarnos a su velocidad y a su juego colectivo. Hemos hecho lo que hemos podido. Nuestro equilibrio defensivo nos sirvió en los tres primeros partidos del grupo, pero no hemos podido seguir con esa tónica frente a los nigerianos. Me decepciona que no hayamos sabido defender mejor esta noche, que a ellos les haya resultado tan fácil ver puerta, cuando normalmente ése había sido nuestro punto fuerte", destacó el zaguero, que quiere seguir jugando al fútbol en alguna universidad de Estados Unidos para luego recalar, por qué no, en la Major League Soccer.
"Por supuesto que no me deja satisfecho este resultado. No se puede estar contento al recibir cinco goles. Al venir aquí, sabíamos que necesitaríamos defender con uñas y dientes; que ésa sería la clave, ya que nos medíamos a selecciones de talla mundial. Lo hemos intentado pero no hemos podido hacer nada contra los nigerianos. Dicho esto, estoy orgulloso de la trayectoria de mis chicos, que saldrán de este campeonato convertidos en mejores jugadores y en mejores personas. No me cabe la menor duda", resaltó el seleccionador, Stephen Cain, sacando el lado positivo.
Auténtica hazaña
Y es que no hay que olvidar que Nueva Zelanda logró una auténtica proeza al clasificarse para los octavos de final, y encima sin ceder ninguna derrota. En 16 participaciones en competiciones de la FIFA, es la primera vez que los All Whites alcanzan la segunda ronda. "Hay que comprender que el fútbol no es tan importante en Nueva Zelanda como en los otros 23 países clasificados para este torneo", dejó caer Murie. "Participar en un Mundial es una experiencia fantástica. Es un honor representar a tu país", añadió, con los ojos chispeantes.
Así pues, los Kiwis no regresarán a su patria solamente con los cinco tantos nigerianos en la mochila, ya que, antes de eso, acumularon muchos buenos recuerdos. "Yo me acordaré primero del punto obtenido ante Costa Rica, que lo desencadenó todo. Y personalmente, por supuesto, del gol que marqué contra Burkina Faso. Sin él, no habríamos podido clasificarnos. Es un gran orgullo", detalló Murie.
Pero naturalmente, el gran momento data del 31 de octubre, en el duelo contra los otomanos. "Ese gol caído del cielo que nos envió a octavos de final, marcado por Jack Hobson-McVeigh en el minuto 92 contra Turquía, es inolvidable...", afirmó el defensa neozelandés, con un toque de melancolía. Y una vez pasada la decepción, incluso, llegó a encontrar el lado menos amargo de la derrota: "A pesar del resultado, jugar ante esa enorme muchedumbre en ese gran estadio... El ruido del gentío me marcó; nunca había tenido ocasión de jugar ante un público semejante".
Sin lugar a dudas, a los All Whites les gustó lo que experimentaron al superar la fase de grupos. Ahora sólo les falta procurar que ese éxito no permanezca en los anales del fútbol kiwi como una gesta aislada.

