La leyenda brasileña que nació en El Cairo
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Corría el año 1997. Gianluigi Buffon, Alessandro Del Piero, Luis Figo, Emmanuel Petit, Fernando Redondo, Sonny Anderson y Juan Sebastián Verón figuraban entre los mejores futbolistas del mundo en sus respectivas demarcaciones; y todos ellos habían disputado la Copa Mundial Sub-17 de la FIFA.

Por consiguiente, la séptima edición del certamen suscitaba un profundo interés. Y después de firmarse un acuerdo con el poderoso grupo de comunicación francés “Groupe TF1”, que garantizaba que los partidos se retransmitirían por todo el mundo a través de Eurosport, bastantes más aficionados que antes esperaban ver a las estrellas del mañana. 

¡Y vaya si las vieron! Allí estaban el elegante defensa central argentino Gabriel Milito y su compatriota el intuitivo delantero Luciano Galletti; el fiable guardameta de España Iker Casillas y sus creativos compañeros Xavi y Sergio Santamaría; el veloz ghanés Owusu Afriyie; o el súper cerebro alemán Sebastian Deisler. Con todo, enseguida quedó patente que la estrella más brillante de esa rutilante galaxia vestía la camiseta con el número 10 de Brasil.

En su primer encuentro con su país, Ronaldo (tocayo del entonces delantero centro de la Canarinha absoluta) cautivó a los espectadores con un increíble arsenal de genialidades, y causó estragos ante Austria al participar en cinco goles del contundente 7-0 para Brasil. El mediapunta se mostró similarmente eufórico en su juego en las otras dos victorias de la Seleção en la primera fase: 3-0 a Estados Unidos y 3-1 a Omán. Argentina fue la siguiente víctima de las virguerías del pequeño Ronaldo, al caer por 2-0 en cuartos de final; mientras que Alemania no supo cómo frenarle en una derrota por 4-0 que clasificó a sus verdugos para la final contra Ghana.

Los brasileños nunca habían ganado hasta entonces la competición, y se tomaron muy a pecho el objetivo de poner fin a esa estadística. ¡Tanto que hasta el mítico Pelé voló hasta El Cairo para animar al equipo en la final, hace exactamente 15 años! Ghana era la bicampeona mundial de la categoría y había vencido a Brasil en el choque decisivo de la edición anterior, dos años antes. Es más, antes de darse el saque inicial, el combinado de África occidental se mostraba confiado de poder revalidar su corona en el túnel de vestuarios, marcándose unos llamativos pasos de baile de los que su actual especialista en mover las caderas, Asamoah Gyan, habría estado muy orgulloso.

Impresionante regate elástico
Una vez que el árbitro hizo sonar su silbato, no obstante, fue Ronaldo el que bailó a los jugadores contrarios. Con una finta sorteó la entrada de un par de oponentes, mientras que un impresionante regate elástico por la derecha le permitió marcharse de dos defensas y fabricar una ocasión para Fabio Pinto, quien disparó fuera por muy poco.

En líneas generales, sin embargo, fue Ghana la que se mostró superior en el primer periodo y, poco antes del descanso, Afriyie por fin metió dentro una de sus oportunidades para establecer el 1-0.

En la reanudación, Brasil salió aunando garra y jogo bonito y, en el minuto 63, logró el empate. Ronaldo se sacó de la manga un excepcional autopase picando el balón que dejó atónitos a dos ghaneses, antes de enganchar un potente disparo cruzado y raso. Osei Boateng estiró su brazo izquierdo para rechazar el envenenado envío, pero Matuzalem estuvo muy atento para empujar el balón suelto al fondo de las mallas. El actual jugador del Lazio tuvo el mérito de estar en el lugar adecuado en el momento oportuno, pero el hecho de que cuatro jugadores brasileños corrieran a felicitar al creador en vez de al goleador, lo dice todo.

Pero el optimismo de los aficionados sudamericanos no duró mucho tiempo. A falta de 15 minutos, Fabio Pinto, el máximo artillero de Brasil, fue expulsado.

Inmediatamente, Ghana puso cerco a la portería rival, pero el actual guardameta del Cruzeiro, Fabio, realizó dos buenas intervenciones que mantuvieron el empate. Y cuando el marcador se desniveló, a tres minutos del final, no marcó el equipo que estaba dominando. Ronaldo bajó el balón con un control exquisito antes de romper la defensa mediante un precioso pase con el interior hacia la llegada del carrilero derecho Andrey, quien lo picó hábilmente por encima del arquero para sellar el definitivo 2-1.

“En Brasil, todos se habían quedado asombrados con su extraordinaria técnica [en los partidos anteriores]”, afirmó Pelé sobre Ronaldo tras la final. “Pero los futbolistas grandes de verdad rinden en los partidos realmente importantes, en las finales, cuando la presión es mucho mayor. Hoy se esperaba mucho de Ronaldo, y ha estado fenomenal. Brasil estaba en serios apuros, pero él ha creado dos goles de la nada. Este chico tiene un potencial enorme”.

Sin embargo, el nombre de Ronaldo –de ese Ronaldo, al menos– rápidamente perdió toda su trascendencia. Y es que, en menos de dos años, el media punta ya se había incorporado por la vía rápida a la selección absoluta de Brasil, que contaba en sus filas con otro Ronaldo. El menor de los dos se convirtió en Ronaldinho. Todos conocemos cómo sigue la historia…