El 8 de noviembre, mientras los nigerianos corrían por todo el césped del Estadio Sausalito de Viña del Mar tras el pitido final para celebrar la revalidación de su título de campeones mundiales, Boubacar Traoré parecía el más desolado entre la tristeza general que reinaba en las filas malienses.

El delantero de los Aguiluchos permaneció un largo rato tendido boca abajo, antes de ser levantado por Baye Ba, el seleccionador de los campeones de África. “Simplemente me consoló. Me dijo ‘vamos, vamos, está bien…’”, confesó con pudor el jugador a FIFA.com tras salir de los vestuarios, con los ojos todavía enrojecidos por las lágrimas. 

Y su decepción no era solamente la de un goleador que no logró ver puerta frente a la intratable defensa de los Golden Eaglets. Era también la de un joven que había visto hacerse añicos el sueño de todo un país. “Queríamos ganar. Queríamos llevarnos la Copa a casa. Lo siento un montón por Malí”, afirmó con un nudo en la garganta, mientras veía a sus compañeros precipitarse en silencio hacia la salida.  

Regreso triunfal
Aunque fuese el campeón de África, Malí llegó a Chile con la necesidad de calibrar sus ambiciones a escala mundial. Y esas ambiciones no tardaron en adquirir amplitud… “Algo pasó en nuestro interior cuando ganamos a Honduras por 3-0 en la fase de grupos”, señaló el joven jugador. “Entonces nos dijimos a nosotros mismos que podíamos llegar a la final. Hemos trabajado mucho para llegar aquí, pero los nigerianos han roto nuestro sueño. Queríamos esta copa…”

Si bien los nigerianos sólo quedaron cuartos en el clasificatorio africano, en esta final demostraron que siguen siendo los jefes del panorama mundial. “Simplemente han sido mejores que nosotros, eso es todo. Nos han impedido desplegar nuestro juego”, reconoció Traoré, quien también confesó haberse quedado “impresionado” con Kelechi Nwakali, elegido Balón de Oro adidas del campeonato.  

Pese al tremendo disgusto, el delantero maliense, autor de dos goles y una asistencia en toda la cita chilena, intentó ver más allá de su decepción: “He aprendido muchas cosas aquí, con mis entrenadores, mis amigos y compañeros, pero también frente a mis adversarios. Quiero trabajar para poder jugar con los sub-20, y luego también con los mayores”.  

Boubacar sabe también que el regreso a Malí, a pesar de todo, será una fiesta. “La gente nos conoce en nuestro país desde que ganamos el Campeonato de África. Regresaremos allí mañana y nos recibirán como héroes, porque es la primera vez que Malí llega a una final de un Mundial. Es una señal muy esperanzadora de cara al futuro”, concluyó.