• Los Teutones visitaron una aldea infantil
  • Allí, donaron dinero y regalaron balones
  • "Espero que esta visita sirva a los chico", dijo Wueck

Los ojos de los niños indios brillaron de ilusión cuando el gran autobús de la selección alemana sub-17 entró en el aparcamiento. En cuanto las puertas del vehículo se abrieron y sus ocupantes comenzaron a bajar, los 21 jóvenes futbolistas del combinado germano fueron recibidos con una auténtica avalancha de cariño y alegría.

Orgullosos y rebosantes de entusiasmo, los niños de la aldea infantil Agnel Ashram (que significa algo así como “la casa donde se encuentra la paz”), ubicada en el estado indio de Goa, brindaron a los visitantes una bienvenida tradicional en la que les regalaron guirnaldas de flores y les honraron con la tika, un punto rojo que se pinta en la frente según la costumbre hinduista.

Cuando los niños, de edades comprendidas entre los siete y los dieciocho años, entonaron una canción de bienvenida junto con el padre Víctor Rebello (director de la aldea infantil), los componentes de la selección alemana acompañaron la música con palmas. “El momento en que los niños nos cantaron resultó muy especial. Ha sido una bienvenida muy emotiva y calurosa”, declaró a FIFA.com un Luca Plogmann visiblemente cautivado.

“Disponemos de 22 casas en cada una de las cuales pueden vivir hasta diez niños. A cargo de cada casa tenemos a una ‘madre’ que se ocupa de los chicos”, explica el padre Víctor. “Los niños proceden de ambientes muy pobres y en la mayor parte de los casos han perdido a sus padres o a alguno de ellos. Aquí les ofrecemos un nuevo hogar”.

Con el fin de apoyar este proyecto social, la Federación Alemana de Fútbol hizo una donación de más de 2.000 euros, junto con numerosos balones de fútbol y otros recuerdos.

 

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El pequeño Steven, que tiene diez años y se declara seguidor de los campeones del mundo Thomas Mueller y Mesut Oezil, no pudo contener la emoción cuando los jóvenes internacionales alemanes propusieron jugar al fútbol en el campo de la aldea. Todo el mundo se lo pasó en grande en esta parte de la visita. “Ha sido fantástico. Me hace feliz ver lo mucho que los niños se divierten jugando con nosotros”, confesó John Yeboah.

“Esto te demuestra que en Alemania vivimos en una especie de zona de confort. Esto te enseña que tienes que sentirte agradecido por muchas cosas que a veces damos por sentadas y no valoramos. Espero que esta visita sirva a los chicos para convencerse de lo importante que es la humildad”, comentó durante el improvisado amistoso el seleccionador Christian Wueck, antes de gritar en tono de broma a su pupilo Yeboah que bajase a defender en lugar de quedarse arriba esperando a que le llegasen balones.

Las imágenes de los jugadores alemanes, quienes, ataviados con sus guirnaldas de flores, se hicieron autofotos con los niños, tomaron a los más pequeños en brazos y repartieron cariño a diestro y siniestro, dejan una lectura clara. Además de hacer nuevos amigos, los jóvenes internacionales pudieron comprobar durante esta visita tan especial que el fútbol sirve para unir a la gente.

“Uno entiende lo que es la gratitud cuando ve a estos niños. Poder hacerlos reír me ha hecho feliz”, declaró el guardameta Plogmann durante el viaje de regreso.

Además de humildad y gratitud, Yeboah se trajo algo más de la visita a la aldea infantil: un apodo. Y es que, en vista de la habilidad del atacante con el balón, los niños no tardaron en rebautizar a su nuevo jugador favorito con el sobrenombre de “Neymar”, una ocurrencia que el resto de internacionales alemanes recibieron y secundaron con gran alborozo.

Ahora resta por comprobar si el deseo del padre Víctor se cumple y los internacionales germanos vuelven a visitar la aldea como campeones del mundo sub-17. Lo que está claro es que, a partir de la visita, 150 jóvenes indios cruzarán los dedos para que así sea.