A pesar de no tener más que 16 años, Mohammed Dawood ya se ha hecho un hueco en la historia del fútbol iraquí, tras la estela de su ídolo, Younis Mahmoud.

En 2007, Mahmoud, luciendo el brazalete de capitán, fue la estrella del combinado iraquí que conquistó contra todo pronóstico la Copa Asiática, al ser elegido mejor jugador y proclamarse máximo realizador del principal torneo de la AFC. Irak obtendría además otra recompensa, un billete para su primera Copa FIFA Confederaciones, en la edición de Sudáfrica 2009.

Nueve años más tarde, en 2016, el jovencísimo Dawood hizo historia siguiendo la misma pauta, al adjudicarse esos dos galardones con la selección iraquí, que ganó su primer Campeonato Asiático Sub-16. Y la recompensa ha sido un codiciado puesto en la Copa Mundial Sub-17 de la FIFA que se celebra el próximo mes de octubre en la India.

“Mahmoud es mi ídolo”, confiesa el artillero a FIFA.com. “Para mí es una leyenda y representa una fuente de inspiración constante, como para tantos otros jóvenes iraquíes. Me alegré muchísimo cuando la selección ganó el título asiático, y por conseguir yo los premios al mejor jugador y al máximo goleador. Doy gracias a Dios por nuestros logros. También soy consciente de que debo estar agradecido al cuerpo técnico y a mi familia, por todo el apoyo que me han dado”.

“Para ser franco, no esperaba conseguir tanto antes del torneo”, continuó, refiriéndose a sus expectativas previas a la campaña, que acabó siendo memorable. “Era mi primer torneo oficial de selecciones, y me sentía algo incómodo. Estaba preocupado, porque tenía muchísimas ganas de cumplir. Pero nuestros técnicos me animaron en todo momento, eso me dio confianza. Los compañeros también fueron de gran ayuda, y jugamos bien como bloque”.

Un desempeño heroico
En su día, Mahmoud compartió la distinción de mejor anotador de la Copa Asiática con Yasser al Qahtani y Naohiro Takahara, con cuatro dianas cada uno, y Dawood, por su parte, se convirtió en máximo goleador del Campeonato Asiático Sub-16 2016 en solitario, al materializar seis goles, dos más que el japonés Takefusa Kubo.

El balance fue sin duda un éxito, pero el ariete reconoce que tuvo un inicio titubeante, al ser incapaz de ver puerta en sus dos primeros compromisos. Aun así, después de estrenar su casillero en el empate a 1-1 contra Omán —que valió un punto crucial para acceder a la fase de eliminatorias—, el dinámico delantero ya no dejaría de perforar las metas contrarias.

Los iraquíes se impusieron por 2-0 a Uzbekistán en cuartos de final, con dos goles suyos, uno en cada periodo, y obtuvieron así la clasificación para la Copa Mundial Sub-17 de la FIFA. A continuación, Dawood firmó una tripleta en el encuentro en el que Irak endosó un 4-2 a Japón, con remontada incluida.

Ese resultado abrió las puertas de la final, ante Irán, un choque que se anunciaba trepidante. En el duelo por el título, ambos contendientes fueron incapaces de marcar, pero Irak terminó venciendo en la tanda de penales, y Dawood transformó el lanzamiento que dio el trofeo a los suyos.

Volviendo la vista atrás, el muchacho señala la remontada frente a Japón como el partido más memorable. Los jóvenes Samuráis Azules acudían a esa cita avalados por una trayectoria impecable, con triunfos contundentes sobre Kirguistán, Vietnam y Australia. Presentaban un promedio de nada menos que siete goles por partido, sin recibir ninguno en contra. El cuadro nipón partía pues como claro favorito, pero Dawood, prácticamente en solitario, propició la inesperada victoria de su equipo.

El entonado atacante adelantó a los iraquíes a los 20 minutos de juego, si bien Japón se recompuso e igualó poco después, para luego llegar al descanso con ventaja. Muntadher Abdulsada devolvió el equilibrio mediado el segundo tiempo para Irak, y Dawood sentenció con dos penales en el tramo final. “Para mí, fue nuestro mejor partido”, señala Dawood. “Tuvimos que esforzarnos para dar un vuelco al marcador. Fue una victoria muy reñida, que demostró nuestras virtudes y nuestro espíritu”.

El sueño del estrellato
Dawood es un gran admirador de Cristiano Ronaldo, y viste su mismo dorsal, el 7. En cierto modo, él también sueña con convertirse en una gran estrella, como el portugués. “Lo admiro. Es el mejor número 7. Quiero jugar en el Real Madrid. Me alegré mucho cuando el club nos invitó a visitar al Real Madrid, ojalá pudiese jugar en el estadio Santiago Bernabéu”.

Dawood alberga grandes ambiciones, aunque sabe perfectamente que para alcanzar sus metas necesitará tener una gran ética profesional. Con la Copa Mundial Sub-17 de la FIFA cada vez más cerca, ahora aspira a demostrar su valía en un certamen mundialista.

“Vamos a esforzarnos muchísimo”, asegura. “Nos entrenaremos bien para llegar preparados y poder competir con las selecciones más potentes del Mundial. Para los iraquíes, el fútbol es como el aire que respiramos. Queremos practicar un buen juego y conseguir que nuestro pueblo se sienta orgulloso”, concluye.