
Ayer
La tradición de títulos y el juego bonito comienzan bien temprano. En 13 ediciones de la Copa Mundial Sub-17 de la FIFA, la Seleçãozinha ha conquistado tres títulos y se ha subido al podio en seis ocasiones. En el plano individual, dos de sus chavales fueron distinguidos con el Balón de Oro: William, en China 1995; y Anderson, en Perú 2005. El único torneo del que quedó fuera el equipo fue el de Japón 1993. En resumidas cuentas: un palmarés envidiable.
Hoy
Con un elenco de jugadores nacidos entre 1994 y 1995 muy distinto del titular en eventos anteriores, y en una nueva demostración de la inacabable fuente de talento que es el país, Brasil se alzó en Ecuador con el Campeonato Sudamericano de la categoría por décima vez en un total de 14 certámenes continentales. El título costó. El equipo de Emerson Ávila tuvo un inicio de campaña irregular, pero encontró su mejor fútbol en el torneo hexagonal definitivo y venció en sus cuatro últimos partidos, incluida la final contra Argentina por 3-2. Aunque demostró ciertas carencias en el control del juego áereo en su propia área, su ataque compensó con creces cualquier falla y acabó cosechando 22 tantos, máximo balance goleador de la competición.
¿Y mañana?
El entrenador se hizo cargo del cuerpo técnico a invitación del nuevo coordenador de base de la Asociación Brasileña de Fútbol, Ney Franco, que colabora muy estrechamente con Mano Menezes, seleccionador de la absoluta. La Copa Mundial Sub-17 será la prueba de fuego para este proyecto tan bien afinado. "Quien trabaja con la selección tiene privilegios pero también tiene que hacer frente a muchas exigencias. Ese título continental mostró que la remodelación funciona", señala Ávila, que después de muchas pruebas parece haber hallado por fin el armazón fundamental del combinado. "Siempre es bueno enfrentarse a otras escuelas", sentencia.

