Quien busque caracteres ganadores en el fútbol femenino, se encontrará de todas todas con Maren Meinert. Su estela de éxitos es larga y pronunciada, y alcanzó su culmen al conquistar el título mundial de manera tan brillante con la selección femenina de Alemania en 2003. Esta centrocampista ofensiva, creadora y correosa fue una de las piezas clave de aquel triunfo.
Para ella fue, como quien dice, el "patadón final" al cabo de un largo camino atestado de éxitos en la Bundesliga. En 2001, se había embarcado en la aventura de jugar en la liga profesional femenina de Estados Unidos, y en 2003 fue elegida "jugadora más valiosa" en ese campeonato de élite, que viene a ser como El Dorado del balompié de las mujeres. Ese mismo año, después de proclamarse campeona del mundo con la selección de Alemania en Estados Unidos, Meinert se retiró.
Pero sólo como jugadora. El fútbol la había hechizado y no había forma de romper el encantamiento. La Asociación Alemana de Fútbol lo sabía, y supo aprovechar la ocasión. Así las cosas, una vez aprobados todos los cursos pertinentes, en 2005 Meinert regresó al escenario con el diploma de entrenadora en el bolsillo.
Fue una buena idea encomendar a Meinert la conformación de la cantera de la selección nacional justamente en el momento de mayor auge del fútbol femenino en su patria. Los efectos positivos no se hicieron esperar. Y ahora la patrona toma suavemente la curva final de su excelente recorrido hasta la cita mundial como estratega de la selección femenina sub-20 germana. Su destino es la Copa Mundial Femenina Sub-20 de la FIFA Alemania 2010, un desafío al nivel de una mujer como Maren Meinert, que habló con FIFA.com sobre sus metas y sus esperanzas a falta de un año para esa cita.
Después del Campeonato Europeo Sub-19, organizado este año en Bielorrusia, en el que su equipo sorprendentemente no logró acceder a semifinales pese a una convincente victoria por 9-0 sobre las anfitrionas en el último partido del grupo, usted manifestó en su primera reacción: "Algo así no se olvida". ¿Qué es lo que no ha olvidado? Y sobre todo, ¿qué aprendió de aquella experiencia de cara al próximo Mundial Sub-20?
No he olvidado el sentimiento de impotencia. No he olvidado que una entrenadora no puede hacer nada más en una situación así, salvo aguantarse.
Se refiere al hecho de que, a raíz de la anterior derrota tan clara contra Suiza, su equipo sub-19 dependía de los resultados de los demás partidos para meterse en semifinales.
Sí. Lo que ocurrió fue algo increíble.
¿Cuáles fueron las consecuencias?
Fue una lección para todas nosotras. La cima del fútbol internacional está cada vez más concurrida. Y no hay vuelta atrás en esa tendencia. Necesitamos jugadoras que sean capaces de ganar un torneo bajo cualquier contingencia. En cada partido tenemos que esar en posición de demostrarlo y de reaccionar apropiadamente. Y tenemos que tener siempre claro que no basta un buen rendimiento general, pues un único pinchazo puede hacer que todo se vaya al garete.
¿Con eso está pensando también en la Copa Mundial Femenina Sub-20 de la FIFA en Alemania?
Claro que sí. Todos tenemos que tener claro lo que implica la celebración de los dos próximos Mundiales aquí en Alemania, el Femenino Sub-20 en el año 2010, y el Femenino absoluto al año siguiente. Es una oportunidad fabulosa, pero por eso mismo, impone fuertes exigencias. Una oportunidad que, teniendo en mente nuestro fútbol femenino, no podemos desaprovechar. A partir de 2010 nos convertiremos en el foco de la atención pública.
¿Quiere decir que, precisamente debido a los éxitos conquistados por el fútbol femenino alemán, se han generado grandes expectativas y que, por ejemplo, un desempeño modesto en la Copa Mundial Femenina Sub-20 podría tener consecuencias negativas para la resonancia de la Copa Mundial Femenina un año después?
No, no es eso. Más bien estoy convencida de que la Copa Mundial Sub-20 será un acontecimiento positivo de todas todas. Por un lado, porque nuestra selección se presentará como es debido, y por el otro, porque el Mundial Sub-20 en su conjunto servirá como inmejorable estimulante tanto para las jugadoras como para el público, tanto en lo que concierne al deporte como al ambiente. Seguro que contribuirá a avivar la euforia previa al Mundial de 2011, dentro y fuera de Alemania. Por lo demás, espero con mucha ilusión el Mundial Femenino en mi propio país, algo que nunca pude vivir como jugadora.
¿Qué tal marchan los preparativos de su equipo?
En primer lugar, voy a entablar conversaciones con las jugadoras para averiguar cómo se imaginan ellas el Mundial. Luego les diré cómo yo me lo imagino. No cabe esperar grandes cambios en el conjunto. Sin embargo, todas saben que observaré con lupa su rendimiento en sus respectivos equipos. El contacto con los responsables de los distintos clubes es estrecho y fluído. En caso de que alguna jugadora sufra contratiempos graves, algo que espero que no ocurra, habría otras alternativas disponibles.
¿Cómo se valora a sí misma como entrenadora? ¿Es usted de las tranquilas y comprensivas que procura convencer en el plano mental, o prefiere más bien la mano dura?
Una pregunta difícil. Como jugadora yo reaccionaba bien a las dos clases de trato, pero soy de natural más bien tranquilo y objetivo. No obstante, como entrenadora hay que saber manejar todos los registros, dependiendo de la situación y del carácter del equipo, o de la persona de que se trate.
El potencial del fútbol femenino alemán será, paralelamente a su aceptación y su creciente popularidad, cada vez mayor, habida cuenta de que el número de mujeres que se inscriben en la Asociación Alemana de Fútbol no deja de crecer. ¿Es oro todo lo que reluce o hay de hecho problemas cuya solución requiere no levantar la guardia?
El hecho es que en Alemania tenemos las mejores condiciones para todas aquellas mujeres que estén interesadas en practicar el fútbol. Se han realizado progresos indiscutibles, por los que hay que dar las gracias, entre otros, al Presiente de la Asociación Alemana de Fútbol, Theo Zwanziger. Pero sería un gran error no seguir promoviendo el avance. Siempre hay muchas cosas que mejorar. Estoy pensando, por ejemplo, en las jugadoras jóvenes. Una y otra vez, también en el ámbito de la alta competición, se plantea la cuestión de la formación académica y laboral de las jugadoras, que, pese a todos los esfuerzos que requieren los entrenamientos y las competiciones, debe tener prioridad, puesto que no es factible ganarse la vida en el fútbol femenino al colgar las botas, a diferencia de lo que ocurre en el caso de los hombres. A esta circunstancia seguro que se podría responder mejor desde las empresas, las organizaciones y los centros educativos, a través de un mayor entendimiento y de perspectivas y medidas concretas. Éste es un tema del que hablo mucho con mis jugadoras, que en la mayoría de los casos se encuentran justamente en la fase más importante de su formación académica o laboral. Pero en general el fútbol femenino cada vez está encontrando mayor cooperación en este asunto tan delicado.
Para cerrar, otra pregunta sobre la Copa Mundial Femenina Sub-20. ¿Qué meta se ha fijado?
Que se juegue un fútbol atractivo, y que lleguemos lo más lejos posible. Sería bonito que llegáramos hasta el final.
