¿Puede el fútbol cambiar a mejor las vidas de la gente? A primera vista, podría sonar demasiado tópico para ser cierto. Pero si nos adentramos un poco en los antecedentes personales de algunos de los voluntarios de la Copa Mundial Femenina Sub-20 de la FIFA Papúa Nueva Guinea 2016, queda meridianamente claro que este campeonato está desempeñando realmente un papel esencial a la hora de ayudar a la gente a reconstruir sus vidas.

El voluntario Danish Paul se despoja de la parte superior de su camiseta para dejar al descubierto una marca tremenda en su hombro: se trata de una herida de bala sufrida como consecuencia de una disputa callejera. Reconoce tener antecedentes de delitos menores tras una niñez con muy poca escolarización, pero ahora está tratando en serio de reencauzar su vida.

Danish, que habla una mezcla de Tok Pisin e inglés asistido por un intérprete, empieza a llorar simplemente al preguntarle de qué forma le ha ayudado el campeonato. “He experimentado un cambio en mi actitud que jamás pensé que ocurriría”, explica a FIFA.com el voluntario, que está colaborando en los servicios a los espectadores. “He aprendido cómo sonreír a otra gente y convertirme en mejor persona. Ojalá esto me lleve a tener trabajo”.

El programa de voluntariado de la Copa Mundial Femenina Sub-20 de la FIFA 2016 es único en su género. Dado que alrededor del 70-80% de los jóvenes papúes están en paro, se tomó la decisión de crear un programa donde los jóvenes voluntarios tuviesen la oportunidad de adquirir diversas destrezas y una experiencia que, con un poco de suerte, les lleve a tener más confianza en sí mismos y a conseguir trabajo en el futuro. Por consiguiente, una amplia proporción de los 1.000 voluntarios que colaboran en Papúa Nueva Guinea 2016 proceden de entornos desfavorecidos.

Cambiar el comportamiento con las mujeres 
Un objetivo fundamental del programa de voluntariado y del campeonato en general está siendo la campaña de erradicación de la violencia #ENDviolence. La violencia hacia las mujeres y las niñas es un problema muy extendido en la región. Pero la Copa Mundial Femenina Sub-20 de la FIFA ha brindado una plataforma perfecta para transformar las actitudes. De hecho, las jugadoras de Papúa Nueva Guinea se han convertido en una especie de modelos a imitar que gozan del cariño del público y la atención mediática por dondequiera que van.

“Yo nunca he sufrido violencia, pero muchas amigas de mi entorno sí”, afirma Yori Auma, una voluntaria de 21 años que ayuda con las acreditaciones. “Se trata de un problema grave aquí, y por eso esta campaña es tan importante”.

“Esta experiencia ha sido extraordinaria”, continúa. “He aprendido muchísimas cosas en este campeonato. Antes de que empezase estaba en casa, sin hacer nada especial y buscando trabajo. Esta experiencia me ha dado confianza para el futuro. Ahora quiero ir a la universidad y ser médico”.

Después del campeonato, se seleccionará a 50 voluntarios para que sean embajadores de #ENDviolence en sus comunidades. Recibirán una formación adicional y podrán apoyar esta campaña de sensibilización con una amplia base comunitaria en 20 barrios marginales por toda Port Moresby.

Dulcie Geroia animó a su hermana a venirse a Port Moresby con el objetivo de reactivar su vida. A sus 32 años, Mary Philip nunca había trabajado antes, pero realizó el arduo viaje de diez horas hasta la capital, plenamente decidida a encontrar empleo. Eso ocurrió hace tres meses, y Mary asegura que su actitud ha cambiado completamente en ese breve espacio de tiempo. “Esta experiencia me ha enseñado a hacer frente a los desafíos”, señala. “Ha sido una experiencia nueva conocer a gente de todas partes del mundo”.

Dulcie, que ya vivía en Port Moresby, indica que el campeonato ha permitido a las mujeres tener más confianza en sí mismas tanto en el plano personal como social. “Ha sido una oportunidad para que la gente madure, y he visto muchísimo cambio en poco tiempo”, asevera. “Es maravilloso ver a tantas mujeres implicadas. Quiero ver a las mujeres salir de la sombra y destacar”.