Es cierto que todos los arcos miden lo mismo en el fútbol profesional, 7,32 metros de largo por 2,44 metros de alto. Algunos de ellos, sin embargo, parecen más grandes que otros. Esto se debe a la responsabilidad que conlleva su resguardo para los arqueros, quienes ya de por sí ocupan un puesto ingrato como pocos.
El de Brasil, por lo tanto, es uno de aquellos cuyas dimensiones no son para cualquiera. Por eso, cuando un portero se destaca debajo de los tres postes de la Seleção, el reconocimiento es tan sólo cuestión de tiempo. Y esa hora parece haberle llegado a Rafael, dueño de una de las vallas menos vencidas de la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA Egipto 2009, y uno de los principales sostenes defensivos del equipo que disputará la final del torneo ante Ghana.
"No creo que sea tan así", afirma el joven número 1 a FIFA.com. "A lo sumo, mi aporte ha sido tan importante como el del resto. En este equipo somos todos muy unidos, no hacemos diferencias de ese tipo. Un día le toca a uno, otro día me toca a mí. Todos contribuimos para cada victoria, y así también sucedió ante Costa Rica", agrega el elástico guardameta de 1,91 metros de altura.
Su modestia es entendible, pero es justo decir que ya ante Alemania había mostrado sus condiciones, sobre todo cuando Brasil perdía 1-0. Con tres o cuatro atajadas claves, mantuvo a su selección a tiro del empate, y el resto es historia conocida. Frente a los Ticos, Rafael volvió a tener intervenciones decisivas, aunque ahora con el partido 0-0. La más difícil, admite, fue el tiro libre de Guzmán. "El remate venía muy fuerte y con un buen ángulo, y apenas tuve tiempo de tirarme y poner la mano", rememora.
Como Taffarel
Rafael Pires Monteiro, tal es su
nombre completo, nació el 23
de junio de 1989 en Coronel Fabriciano, un municipio de algo más de 100,000
habitantes ubicado a 180
kilómetros de Belo Horizonte, la capital del estado de
Minas Gerais. De allí que terminara en las divisiones menores del Cruzeiro,
donde forma parte del plantel de primera división aunque todavía no debutó
oficialmente.
¿Por qué se hizo arquero? "Mi mamá siempre cuenta que cuando yo tenía cuatro años, repetía una y otra vez que quería ser como Taffarel", recuerda con una sonrisa. Sin embargo, su modelo en el puesto no es quien alzara la Copa Mundial de la FIFA EEUU 1994 y perdiera la final de Francia 1998. "Mis ídolos son Julio César y Gomes, con quien tenemos un estilo parecido, quizás porque ambos nos formados en Cruzeiro", admite.
A pesar de su juventud, Rafael ya sabe lo que significa defender el arco de Brasil. "Es difícil jugar en la selección brasileña porque siempre tiene que ser la mejor del mundo. Entonces, si no estás concentrado todo el tiempo, cualquier error se nota más".
Antes de hablar sobre Ghana, el arquero se toma un momento para disfrutar el momento que vive. "Estoy feliz por estar en Egipto, a punto de disputar la final de un Mundial. Es un sueño realizado". Luego sí analiza a su rival. "Es un gran equipo. Son rápidos, tienen un ataque excelente y, sin dudas, hicieron tantos méritos como nosotros para estar en el partido decisivo. Creo que será un gran juego, y me extrañaría que resultara cerrado. ¡Quizás me espere un día agitado!", exclama.
Consultado sobre los peligroso atacantes ghaneses, Rafael descansa en Rogério Lourenço su entrenador. "El profesor siempre nos pasa información extra sobre los rivales para que entremos al campo sabiendo su virtudes y su defectos". Sin embargo, prefiere concentrarse en sus compañeros. Y culmina: "Confío en que el equipo dejará todo en el campo en pos del objetivo que nos trazamos al llegar a Egipto: tenemos lo que hace falta para ser campeones".


