El fútbol es un juego de emociones. Tal vez alguno opine que el bajón que se experimenta tras perder una tanda de penales es tan aplastante que debería encontrarse una alternativa a la lotería de las penas máximas. Sin embargo, como contrapartida, brinda a los vencedores un momento que recordarán durante el resto de sus vidas, especialmente cuando tienen ante sí la mayor parte de sus carreras profesionales.
En términos históricos, era un duelo de David y Goliat. Ghana, el aspirante africano que nunca antes había levantado el trofeo, se medía a los tetracampeones de Brasil. Y un nuevo abismo entre ambas selecciones pareció abrirse cuando el defensa de las Estrellas Negras Daniel Addo vio la tarjeta roja transcurridos solamente 37 minutos de partido.
83 minutos más tarde, tiempo añadido aparte, el encuentro necesitó de una tanda de penales para desempatar a los dos equipos. Pero cuando toda la ventaja parecía ser de Brasil, sucedió algo extraordinario. Con 2-1 a favor de la Canarinha desde el punto fatídico, el héroe de los cuartos (con sus 2 goles in extremis a Alemania) sólo tenía que convertir su lanzamiento para dar el trofeo a su selección. Sin embargo, el delantero disparó por encima del larguero, dando a Ghana la oportunidad de reaccionar.
"Tuve el presentimiento de que Maicon podía fallar o de que yo podría detener su lanzamiento, porque tardó muchísimo tiempo en ejecutarlo", afirmó tras la final el portero ghanés, Daniel Agyei, en exclusiva para FIFA.com. "Sabía que podía parar un par de penales, así que cuando falló, pensé que podríamos tomar ventaja. Es un triunfo de toda África, no sólo de Ghana. Espero que haga feliz a la gente en todo el continente. Ésta es nuestra noche".
Después de marcar Dominic Adiyiah y de que Alex Teixeira fallara, le tocó a Emmanuel Agyemang-Badu lanzar el penal de la victoria. Toda África aguantó la respiración, y Emmanuel no decepcionó.
"Sabía que iba a convertir el penal", comentó sonriendo a FIFA.com. "Tenía confianza en todo momento cuando me acerqué a lanzarlo. De todas formas, durante el partido, incluso cuando nos quedamos con 10 jugadores, nunca perdimos esa fe; en ningún momento dejamos de creer. Es el mejor momento de mi carrera".
El gol de Badu dio paso al delirio total en las celebraciones. Sus compañeros corrieron hacia él, mientras el cuerpo técnico y los suplentes se abrazaban en bloque. Enseguida llegó el momento de subir los escalones del Estadio Internacional de El Cairo para recibir el trofeo de manos del Presidente de la FIFA, Joseph S. Blatter. El hombre que encabezó a Ghana en la entrega del trofeo fue el capitán, Andre Ayew, quien luchó y desafió los límites del dolor para participar en el encuentro.
"Ha sido absolutamente genial", declaró tras la final. "Ya había recogido el trofeo para el equipo en el campeonato de África sub-20, pero esta noche ha sido una sensación especial. Hemos luchado como jabatos para ganar, pero somos campeones mundiales y todo el cansancio desaparece cuando subes esos escalones para recoger la medalla de oro. Ser el primer país africano que conquista esta copa es algo realmente fabuloso".
¿Y qué pasa con el seleccionador? Sellas Tetteh tenía una sonrisa tan ancha como el Nilo al abandonar el césped, pero el entrenador africano fue todo elogios hacia el rival.
"Las dos mejores selecciones llegaron a la final y ha habido que recurrir a la lotería de los penales para desempatarnos", resaltó. "La final ha tenido de todo: buen fútbol, pasión y emoción. ¿Y qué pasa con la victoria? Bueno, es una sensación magnífica. Estoy emocionado, soy feliz. Hemos concluido el campeonato magníficamente y estoy muy orgulloso de mis chicos, sobre todo porque nos quedamos con diez jugadores para afrontar la mayor parte del encuentro".



