Lionel Charbonnier sabe bien qué significa participar en un campeonato mundial. Como tercer portero de la victoriosa selección anfitriona de la Copa Mundial de la FIFA Francia 1998, el ex guardameta del Auxerre, del Rangers y del FC Sion vivió en persona la pasión y el entusiasmo del mayor espectáculo futbolístico del mundo. Diez años después, y en una labor bien diferente, Charbonnier tiene la oportunidad de brillar en los escenarios mundiales.

Como seleccionador de Tahití, la nación anfitriona, Charbonnier afrontaba sereno, aunque no confiado, el Campeonato Sub-20 de Oceanía disputado en diciembre. Ningún país insular oceánico se había clasificado nunca para un certamen de fútbol tradicional de once jugadores de la FIFA, y Nueva Zelanda era, lógicamente, la gran favorita para conquistar el pase a Egipto 2009. No en vano, la selección absoluta neozelandesa se había metido en la eliminatoria contra el representante de Asia por el billete a Sudáfrica 2010; la sub-23 se había adjudicado el pase a los Juegos Olímpicos a principios de año y sus combinados femeninos acababan de hacer un trabajo digno en las Copas Mundiales Femeninas Sub-17 y Sub-20 de la FIFA.

Partido decisivo
En un principio, la competición siguió el curso previsto. Los neozelandeses de Stu Jacobs arrollaron a Fiyi por 3-0 en su primer partido, y los anfitriones no lograron pasar del empate a 0-0 con su vecina, la también francófona Nueva Caledonia. Sin embargo, la segunda jornada iba a ser testigo del encuentro que definió el campeonato: el choque de anfitriones y favoritos.

Nueva Zelanda comenzó imponiendo su ley y en el minuto 23 se adelantó en el marcador con un gol de Costa Barbarouses, delantero del Wellington Phoenix. Pero en los primeros compases de la segunda parte se abrió un resquicio de esperanza para los hombres de Charbonnier: el mediocampista kiwi Adam McGeorge vio la tarjeta roja.

Garry Rochette igualó el marcador en el minuto 66 con un gol impresionante, un proyectil desde 30 metros que se coló por la escuadra. Tahití siguió presionando hasta hacer que el estadio se viniera abajo en el minuto 89, cuando Ariihau Teriitau anotó el tanto de la victoria luego de un saque de esquina. Charbonnier dedicó el triunfo a la "mayor hincha del equipo", la hermana de un miembro de la selección, Stephane Faatiarau, que había muerto con 23 años dos días antes de la inauguración del certamen.

La última jornada fue especialmente tensa. Nueva Caledonia se había impuesto a Fiyi por 3-0 y encabezaba la tabla, tan sólo gracias a la diferencia de goles, por delante de los anfitriones. Para llegar a Egipto 2009, Tahití debía ganar a Fiyi y cruzar los dedos por que los caledonios cayeran ante una desmoralizada Nueva Zelanda.

Los dos partidos se disputaron simultáneamente. Tahití empezó muy bien el suyo y, a los diez minutos, dominaba el marcador. Nueva Caledonia también se hizo con la ventaja contra Nueva Zelanda. Charbonnier, pendiente en todo momento de lo que acontecía en el estadio Paea, se mordía las uñas. Nueva Zelanda empató, Nueva Caledonia recuperó la delantera... y por último los kiwis anotaron el 2-2 en el minuto 73. Mientras tanto, Tahití había metido otro gol y Fiyi no le dio réplica. Los anfitriones se proclamaron campeones.

Innovación
"Ganar este campeonato es increíble, tanto para nosotros como para todos los tahitianos, que ahora pueden estar seguros de la calidad de sus futbolistas jóvenes", declaró Charbonnier. "En la última tabla mundial de la FIFA estábamos en el puesto 187 y ahora nos hemos clasificado entre los 20 mejores equipos del mundo para la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA. Me siento inmensamente orgulloso de mi equipo".

Charbonnier atribuye parte de este éxito a una innovación: su participación en la liga nacional de Tahití. "Es la primera vez que un equipo de esta categoría de edad disputa el campeonato nacional. Nuestro plan es seguir jugando hasta el final para ganar experiencia. Podemos aprender muchísimo de nuestros mayores".

Stu Jacobs, seleccionador de Nueva Zelanda, se ha quedado maravillado de los progresos que ha realizado las dos naciones francófonas. "Esto es un aviso para el grupo y quizás también para los organizadores", observó Jacobs. "Fíjense en lo buenos que son técnicamente Tahití y Nueva Caledonia y en la velocidad de su juego. Tienen equipos formidables, y sus jugadores llevan juntos mucho tiempo. ¡No hay que dormirse!".