Es el axioma más doloroso del fútbol: la felicidad de unos es proporcionalmente el sufrimiento de los otros. Por eso, cuando el árbitro pitó el final de la prórroga y los serbios se abrazaron eufóricos para festejar que eran los campeones de la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA Nueva Zelanda 2015, los brasileños cayeron al pasto fulminados por la tristeza.

"Perder de la manera en la que lo hicimos es muy doloroso”, confiesa Danilo, el capitán brasileño, en plática exclusiva con FIFA.com. “A lo largo del partido creamos muchas oportunidades y simplemente no tuvimos suerte para meterla. El fútbol, a final de cuentas se trata de eso, sólo tienes dos opciones: victoria o derrota. Empezamos perdiendo y conseguimos alcanzarlos. Pero el segundo gol al final se volvió imposible… las piernas ya están cansadas, el ánimo se viene abajo, y uno intenta e intenta e intenta y no llega la anotación”, remata.

Sin embargo, el mediocampista no tuvo tiempo para las lágrimas; su posición de capitán reclamaba su presencia en el vestidor para confortar a sus compañeros. Entonces tuvo que levantar la cara para hablarles a todos. “Podría decirles millones y millones de palabras, y aun así no lograría sacar lo que está dentro nuestros pechos. Procuré abrazarlos y consolarlos en la medida de lo posible, pero es muy difícil lograrlo ahora mismo”, analiza lleno de sinceridad el líder.

Un rayo de luz
Pero entre toda la tristeza, una buena noticia llegó para Danilo. El templete estaba montado y se anunciaban los premios de la competición. El Balón de Bronce adidas quedó en las manos del serbio Sergej Milinkovic. Luego del aplauso de los aficionados presentes en el North Harbour Stadium, el nombre del número 5 de Brasil fue mencionado cuando tocó darle un dueño al Balón de Plata adidas.

Era el reconocimiento un torneo lleno de esfuerzo. “La verdad es que cambiaría mi Balón de Plata o hasta un Balón de Oro por haber ganado y haber visto la felicidad en mis compañeros por haber salido campeones. Eso para mí no tiene ningún precio o comparación alguna. Aun así, agradezco mucho el premio, por supuesto que es algo positivo para mí”, explica.  

Ya con la mente más fría, el capitán brasileño analiza el paso de su equipo en la competición: “El análisis con el que me quedó es uno positivo. Llegamos acá y la gente en general no tenían muchas expectativas sobre nosotros, nos desacreditaban algunos. Y al final dejamos en el camino a equipos muy buenos en este trayecto al último partido. Lógico que queríamos ser campeones, lógico que queríamos que esto fuera diferente… pero vamos a tener que aprender a lidiar con este resultado”.

Pero cuando voltea a analizar el plano personal, Danilo no tarda en encontrar una piedra bastante incómoda en el zapato. “Éste es ya el segundo Mundial (el primero fue la Copa Mundial Sub-17 de la FIFA EAU 2013) que no gano. Obviamente éste duele más porque llegamos a la final y las expectativas son más altas. Sin embargo, me quedo tranquilo con mi actuación. Siempre di todo en los partidos, en todos los entrenamientos, en cada momento en el que estuve aquí. Mi consuelo es ese: que di todo lo que tenía que dar. En términos del equipo quedo orgulloso, pero en lo personal quedo un poco frustrado, porque en todo lo que hago siempre con la ambición de ganar”, concluye.

El consuelo, sin duda, es que a este jugador lleno de ganas todavía le queda mucho camino en la cancha para saciar esa hambre infinita. Y si continúa con los pies en la tierra, también quedarán muchas historias por contar firmadas por Danilo, algunas con un final más feliz.