La jornada de hoy en Nueva Zelanda pondrá fin a la edición más reciente de la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA. Para tres aficionados en concreto, la final que enfrentará a Brasil con Serbia marcará también el punto final de un épico viaje por carretera que les permitió asistir a 23 partidos. La travesía, que en su momento más frenético incluyó asistir a 16 partidos en nueve días (y echarse a la carretera a las cuatro de la madrugada para presenciar el Qatar-Senegal disputado en Hamilton), fue idea de Tracey Hodge, Dave Richardson y Dale Warburton, tres miembros de la peña "Yellow Fever" ("Fiebre amarilla").

"Somos una peña de aficionados del Wellington Phoenix bastante deslavazada y en absoluto oficial", explica Warburton. "A medida que se aproximaban las fechas de la Copa Mundial Sub-20, nos lo planteamos y dijimos: ¿por qué no? Y así pasamos casi cada día en la carretera. Lo bueno de Nueva Zelanda es que es bastante pequeña, con lo que nos pareció factible ver muchos de los partidos si nos circunscribíamos a las cinco sedes de la Isla Norte. Si lo comparas con otros países (la Copa Mundial Femenina que hay ahora mismo en marcha en Canadá, por ejemplo), habría sido imposible intentar algo así. Aquí, en cambio, el reto era considerable, pero asumible".

El itinerario, aun así, era muy ambicioso, y el ritmo inmisericorde de la fase de grupos (con nueve jornadas consecutivas de cuatro partidos cada una) obligó al trío a viajar constantemente entre Auckland, Hamilton, New Plymouth, Wellington y Whangarei. La distancia entre las sedes —casi 800 kilómetros separan Wellington de Whangarei— les obligó a pasar larguísimas horas en la carretera.

"A veces se hizo pesado", reconoce Warburton. "Hubo momentos en los que nos costaba saber qué día de la semana era, o a qué ciudad teníamos que ir". Richardson asiente y reconoce que muchos de sus amigos y familiares consideraban una locura intentar siquiera una misión semejante. "Desde luego, todos mis compañeros de trabajo lo piensan. Tomarse cuatro semanas libres para recorrer Nueva Zelanda y ver fútbol… La gente no se lo cree".

Todo lo vale
Pese a todas las dificultades, y a los madrugones, las trasnochadas y las agotadoras jornadas de viaje, no piensan celebrar el fin del torneo y el retorno a la normalidad. "Me da pena que se acabe", reconoce Hodge. "Habrá aspectos positivos, como volver a dormir en mi cama dos noches seguidas, pero lo voy a echar de menos todo".

Como aficionados al fútbol en un país en el que otros deportes se llevan la parte del león, la oportunidad de disfrutar de semejante abundancia de fútbol (han visto a 19 de las 24 selecciones) consideran que el esfuerzo ha valido la pena. Y han asistido a unos cuantos encuentros de calidad excepcional, de los que uno de ellos (el vistosísimo triunfo de Brasil ante Nigeria por 2-4) encapsula el encanto único que destila la Copa Mundial

"Eso fue para mí lo mejor de todo, al menos en términos futbolísticos", admite Hodge. “Fue un placer poder estar presente".

Sin embargo, y como suele suceder entre los aficionados al fútbol, la experiencia fuera de los estadios ha resultado para ellos tanto o más atractiva que los encuentros. Warburton lo explicaba así: "Lo mejor para mí fue poder conocer a las distintas hinchadas, a los aficionados de Myanmar, a los uruguayos y a los colombianos".

Richardson está de acuerdo con él: "Los colombianos fueron fantásticos. Cuando la música se interrumpió y ellos siguieron cantando el himno fue un momento muy especial". "Desde luego", se entusiasma Hodge. "No tengo ninguna relación con Colombia, ¡pero se me saltaban las lágrimas!".

Los cuatro encuentros de Nueva Zelanda han sido para los cuatro una cita obligatoria, por supuesto. Y el fugaz momento de gloria de los Junior All Whites en el encuentro con Portugal a punto estuvo de plantar a la pandilla ante un espinoso dilema.

"De haber ganado ese partido de octavos habríamos tenido que replantearnos todo el itinerario, porque Nueva Zelanda se habría quedado en Hamilton", señala Richardson. "En sí no habría sido un problema, pero es que no quedaba alojamiento en ningún sitio. Estos días se celebra una gran feria agrícola en la ciudad (típico en Nueva Zelanda) y todo estaba reservado, así que habríamos tenido que dormir dos noches en el coche o hacer dos trayectos de siete horas cada uno".

Incluso sin ese obstáculo, apenas se han separado un momento durante estos días ("sólo para ir al baño", recalca Richardson entre risas) y su amistad ha pasado una prueba de fuego. "Pero nos las arreglamos para evitar peleas", destaca, Hodge. "No está mal, si tenemos en cuenta que llevamos varias semanas pegaditos los unos a los otros".

Y aunque este particular periplo futbolístico toca ahora a su fin, para uno de los integrantes del trío otra aventura asoma ya en el horizonte. "Tengo que viajar a Vancouver a una boda", explica Warburton. "Y ahora que se está jugando allí la Copa Mundial Femenina, sería una lástima no intentar asistir a unos cuantos partidos más".