Ellos saben que cuentan con él. Si no es en las concentraciones con pláticas interesantes sobre conceptos futbolísticos, el contacto es a distancia por internet. Comenta jugadas, les transmite ideas y afina detalles de cara a la próxima cita. Pero en la cancha, cuando llega el pitido inicial y el juego comienza para Serbia, el entrenador Veljko Paunovic renuncia al protagonismo y cede la batuta.

A veces se levanta, da alguna indicación o charla con el suplente que va a entrar para finalmente volver al banquillo. No es desdén con sus dirigidos, es una de las efectivas paradojas del éxito del técnico serbio en esta Copa Mundial Sub-20 de la FIFA Nueva Zelanda 2015: estar siempre para luego casi desaparecer.

“Lo que pretendo con los chicos es darles valores morales y herramientas para jugar bien al fútbol. Que ellos sepan tomar sus propias decisiones en la cancha y poner en práctica lo que aprenden en los entrenamientos”, explica a FIFA.com en una charla exclusiva. Sin embargo, la educación va más allá de los conceptos del rectángulo verde. ¨Sobre todo, lo que en estos 3 años he pretendido es transmitirles todo lo que yo sé, no sólo para ser buen futbolista, sino para ser buenas personas; para que de esta manera puedan sacar su máximo potencial y las dos partes estén en sintonía”, agrega.

Su preocupación por la educación integral tiene un motivo: su propia historia en una camada que no pudo alcanzar la gloria con la playera de la extinta Yugoslavia. "A mí generación le faltó un buen guía, un buen proyecto. Las circunstancias del país eran difíciles; se vivía la guerra y había muchos problemas políticos y sociales. Ya la mayoría de esas dificultades están en mejor puerto y la guerra terminó. Esto genera un buen ambiente para que emerjan buenos líderes, proyectos y creatividad; ahí vine a encajar”, comenta el joven entrenador de 37 años.

Por eso asume su papel de líder y formador, consciente de que puede lograr con el pantalón largo aquello que quedó pendiente con los botines de juego. “Ganamos mucha experiencia jugando en diferentes países y ahora lo estamos transmitiendo con el apoyo de la Federación. Está llegando una nueva generación de entrenadores y también de futbolistas. Éste es el nuevo momento del fútbol serbio. Está resurgiendo; con esto estamos dando señales de que estamos ahí”, apunta el exmediocampista, que desarrolló casi toda su carrera en España, en equipos como el Atlético de Madrid, Mallorca o Getafe, entre otros.  

Las Orlici aterrizaron en Nueva Zelanda pensando en subir ese escalón que quedó pendiente en el Campeonato Europeo Sub-19 2014, cuando regresaron a casa en las semifinales y con lecciones por asimilar. Paso a paso, lograron la meta llegar al último partido. Sin embargo, el camino no resultó sencillo. “El torneo no te permite mucho pensar en el pasado. Así que uno saca energía de la motivación del  siguiente partido. Hemos tenido tres rondas muy dramáticas y exigentes, pero los chicos sacan energía e ímpetu del objetivo máximo, que es la final del Mundial”, refexiona.

Constelación de individualidades
Como en toda justa mundialista, las miradas empiezan a caer sobre algunos jugadores. Pero para esta Serbia, el secreto está en la sintonía colectiva; donde, siguiendo con las paradojas, los de atrás son los primeros atacantes y los delanteros son los primeros que hacen el sacrificio para defender. “Nosotros tenemos una idea base: todos los individuos tienen que apoyar y darle al equipo todo su potencial. De esa manera destacarán su individualidad. Para que uno demuestre su máximo talento es necesaria una buena conexión entre todos", desmenuza Paunovic.

Ante Mali tuvieron que remar contra la corriente. Y gracias a un gol en tiempos extras, pudieron festejar el paso a la final. El director de una orquesta bastante afinada ha empezado a recibir consejos; algunos desde el teléfono, otros desde el corazón. “Radomir Antic y Bora Milutinovic siempre están al pendiente. Me comentan algo que han visto y me ayudan a vivir mejor esto. Sin embargo, mi padre, Blagoje Paunovic, es mi principal influencia. Él fue un gran jugador y un gran entrenador. Desgraciadamente, hace seis meses se fue. Lo extraño mucho. Sus consejos, su presencia en estos momentos importantes...”, apunta con emotividad.

De cara a la gloria, Brasil, cinco veces campeón, es quien los separa de cumplir el objetivo que se trazaron hace tres años, cuando todo esto era sólo el sueño de un técnico con ganas de comerse al mundo. “Siempre soñamos jugar una final contra Brasil. Es un gran equipo que cerró de gran manera las semifinales, así que va a ser un gran partido ante un gran rival”.

Y sobre las posibilidades del éxito y el hacer historia para Serbia, concluye: “Sería fantástico seguir haciendo historia. Hemos hecho hasta ahora muchísimo y a los jóvenes no los vamos a presionar con esto. Que salgan a jugar fútbol y a disfrutar; esto es una gran experiencia. Tienen que defender nuestro estilo y nuestros valores. Si lo hacemos, va a salir bien”.