Rostros radiantes de felicidad, ojos que brillaban de orgullo y abrazos por doquier: en los alrededores del vestuario serbio se respiraba alegría en estado puro. La selección balcánica acababa de conquistar en la noche del sábado 20 de junio el título de la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA Nueva Zelanda 2015 en el North Harbour Stadium de Auckland. El genial centrocampista Nemanja Maksimovic dio a su país la victoria por 1-2 contra Brasil en el minuto 118 de partido y, con ella, se desató la locura.

Y es que el significado de este entorchado para los europeos va mucho más allá del simple gesto de levantar la codiciada copa. Serbia participaba por primera vez en su historia como país independiente en este certamen, y se ha ceñido la corona en su debut. De esta manera, emula al combinado de la antigua Yugoslavia liderado por Zvonimir Boban, Robert Prosinecki, Predrag Mijatovic y Davor Suker, que subió al trono en Chile 1987.

Los pupilos del seleccionador Veljko Paunovic siguen por tanto los pasos de varios de sus ídolos. En cualquier caso, la noche neozelandesa no sólo ha sido emotiva por esta razón para los serbios, que acaban de escribir un precioso capítulo en la historia del deporte rey. Ahora, un futuro brillante se abre ante ellos.

El conjunto balcánico le debe buena parte de su triunfo a un joven que ha demostrado a lo largo del torneo, pero especialmente en la dramática final, ser un auténtico seguro de vida para los suyos. El arquero y capitán Predrag Rajkovic desesperó una y otra vez a las figuras brasileñas con sus espectaculares paradas, encajó únicamente cuatro goles en siete partidos en el certamen escenificado en Nueva Zelanda y se erigió en el mejor portero del Mundial. Por este motivo, el cancerbero de 19 años del Estrella Roja de Belgrado fue distinguido merecidamente con el Guante de Oro de adidas.

Pese a todos los festejos propios de una hazaña semejante, el excepcional guardameta serbio sacó tiempo para conceder una entrevista exclusiva a FIFA.com apenas unos minutos después de dar la vuelta de honor con sus compañeros en el estadio de Auckland.

Predrag, enhorabuena por la consecución del título en esta Copa Mundial Sub-20. ¿Cuándo creyó por primera vez que podían ganar el torneo?
¿Le soy sincero? Estaba seguro desde el principio de que podíamos lograrlo. Sabía que teníamos opciones de ganar aquí en Nueva Zelanda. No ha sido algo que haya ido madurando a lo largo de estas cuatro semanas: 'Guau, creo podemos ser campeones del mundo', no. Estaba convencido desde el primer día. Jamás lo dudé.

¿Podría contarnos lo que está pasando en estos momentos en el vestuario?
[Ríe] Lógicamente, es una fiesta. Hemos cumplido un sueño. Ahora lo celebraremos un poco, pero seguro que lo mejor empieza cuando aterricemos en Belgrado. Este título significa muchísimo para muchos de nuestros compatriotas. Debo reconocer que no me creo todavía que seamos campeones del mundo. Y tampoco tenemos ni idea de lo que nos espera cuando lleguemos a casa, ¡pero seguro que será algo muy grande!

¿Cuál es la receta del éxito de esta selección?
Muy sencilla: ¡Somos un equipo y un solo corazón! Ése ha sido nuestro lema desde el principio. En Nueva Zelanda ha quedado comprobado que su significado va mucho más allá de las palabras: lo hemos vivido de verdad. Y eso se ha notado en el terreno de juego.

Cuentan que, antes del torneo, la expedición serbia vio en vídeo los mejores momentos del combinado yugoslavo sub-20 que se proclamó campeón del mundo en 1987. Jugadores como Davor Suker, Predrag Mijatovic y Zvonimir Boban decían que eran íntimos amigos y que, cuando existe esa relación entre compañeros de equipo, no hay nada imposible.
¿Es eso cierto? ¿Y les ha servido también como lema?
¡Es todo tal y como dice! Ese mensaje también ha sido muy importante para nosotros aquí, en Nueva Zelanda. Aquella selección era extraordinaria, y creo que nosotros hemos demostrado que también lo somos. Me gustaría dar las gracias a todos y cada uno de mis compañeros por lo que hemos hecho aquí. Les quiero dar las gracias de corazón. ¡La unión ha hecho la fuerza!

A su juicio, ¿qué ha marcado la diferencia a su favor en una final tan igualada y tan vibrante?

Sinceramente, creo que nos ha beneficiado el hecho de haber tenido que jugar la prórroga en todos los partidos eliminatorios, por lo que hemos aprendido a lidiar con la presión correspondiente. Después, cómo no, ha sido nuestro fantástico espíritu de equipo el que nos ha guiado hasta el triunfo en una final contra un conjunto brasileño extremadamente bueno.

Usted no sólo se ha proclamado campeón del mundo, sino que además ha recibido el Guante de Oro de adidas al mejor arquero de la fase final. ¿Qué significa para usted esta distinción personal?
Reconozco que me hace mucha ilusión recibir un premio así, pero me gustaría destacar que este galardón es de todo el equipo. Sin ellos, jamás habría recibido un título así.

¿Quién es su ídolo?
Antes, cuando era pequeño, mi gran ídolo era Iker Casillas. Pero de un tiempo a esta parte hay mucha gente que me dice que me parezco a Manuel Neuer [ríe].

En líneas generales, ¿qué sabor de boca le deja la experiencia de estas cuatro semanas en Nueva Zelanda?

¡Maravilloso! Vivir esta aventura y estas experiencias en Nueva Zelanda ha sido genial. Lo que nos ha gustado especialmente es lo bien que nos ha acogido la gente. Han sido muchos los neozelandeses que nos han animado y que, incluso hoy, en este marco incomparable, han creado un ambiente magnífico. También me gustaría darles las gracias de corazón a todos ellos en nombre de mi equipo. Nunca olvidaremos lo que hemos vivido aquí.