“Un pueblo, una meta, una fe”: Senegal y Malí comparten el mismo lema y exhiben los mismos colores en sus banderas, el verde, el amarillo y el rojo. También declararon la independencia el mismo día: el 21 de mayo de 1960... Las similitudes entre estos dos estados de África occidental son numerosísimas. Y en la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA Nueva Zelanda 2015 han vuelto a parecerse muchísimo, tanto en el fútbol desplegado como en sus trayectorias. Contra todo pronóstico, ambas selecciones alcanzaron las semifinales y dijeron adiós en esa ronda. Ahora, estos dos países amigos se cruzarán el 20 de junio de 2015 en Auckland con la misma meta: auparse al podio.

“Habíamos venido a este torneo con un único objetivo: llegar a la final. Dios no lo quiso, pero nos queda un último partido por disputar, que para nosotros tiene mucho valor, así que lo daremos todo para ganar contra nuestros hermanos”, afirma Joseph Koto, seleccionador de Senegal. Y el discurso de su homólogo maliense, Fanyeri Diarra, es prácticamente el mismo: “Hemos tenido un gran desempeño. Y no es la primera vez, porque Malí ya alcanzó las semifinales en 1999. Pero la aventura no ha acabado. Nos queda pelear por esta medalla de bronce. Me parece maravilloso que vayan a disputársela dos países africanos”.

No será la primera vez que estos exinternacionales se crucen en un terreno de juego. Los dos fueron defensores con sus respectivas selecciones, y tuvieron la ocasión de verse las caras en varias contiendas durante los años 80, cuando las Águilas y los Leones de la Teranga se disputaban la supremacía de África occidental. Luego se midieron de nuevo, ya como técnicos, en su último enfrentamiento hasta la fecha, el pasado mes de marzo en el Campeonato Africano Juvenil, con triunfo senegalés. Esta rivalidad también esconde una larga e intensa amistad entre los dos entrenadores, a los que ha entrevistado FIFA.com.

“Nos conocemos desde hace mucho tiempo, y es cierto que nuestra relación de amistad va más allá de la cancha”, confirma Diarra. “Hace muchos años que nos tratamos. Nos hicimos amigos, y quiero reconocer el trabajo que está haciendo Fanyeri en Malí: es ejemplar, como demuestra la clasificación para semifinales del Mundial. Pero ahora ya no se trata de nosotros, sino de nuestros jugadores. Nuestro tiempo ha quedado atrás. Ahora, lo único que hacemos es acompañar a nuestros hijos lo mejor que podemos hacia el máximo nivel”, añade Koto.

Hermanos en un continente madre
La misión se ha cumplido. Los dos conjuntos pulverizaron los pronósticos en Nueva Zelanda y han dado a conocer a varias individualidades, como Sidy Sarr, Ibrahima Sy y Moussa Koné en el cuadro senegalés y Adama Traoré, Dieudonné Gbaklé y Djigui Diarra entre los malienses. Colectivamente, las dos formaciones hicieron más que limitarse a plantar cara a los mejores equipos del mundo, ya que los Lionceaux eliminaron a la Ucrania de Viktor Kovalenko, máximo goleador del torneo, y Malí venció a Alemania, la selección con el mejor ataque de Nueva Zelanda 2015: “Poder rivalizar contra equipos de esta categoría es algo muy importante para nosotros, los africanos: estos equipos están más organizados, tienen otras bazas y también más medios. Pero nosotros hemos sabido responder”, recalca Koto.

“Encontrar a dos equipos del continente madre en esta fase del torneo demuestra que el fútbol africano va por el buen camino. Todo indica que nuestra forma de trabajar actual es la correcta”, continúa. Antes, los equipos africanos estaban mal preparados para este tipo de competiciones, tenían complejo de inferioridad. Pero ya no es así. El continente africano ya tiene un sitio en el escenario mundial. Después de Ghana y de Egipto en 2001, y Nigeria y Marruecos en 2005, ésta es la tercera vez en la historia de la competición que dos equipos africanos alcanzan las semifinales.

Serbia y Brasil acabaron impidiendo a Malí y a Senegal, respectivamente, acceder a la final, pero los dos representantes de la CAF no ocultan su satisfacción por participar en el choque por el tercer puesto. Y tienen buenos motivos para ello: “Entre Malí y Senegal hay mucho más que una historia de amistad, somos hermanos”, apunta Diarra en la víspera de un partido que, aun así, no tendrá nada de amistoso. Y Koto concluye: “Nosotros éramos los primeros hinchas de Malí en esta competición. ¡Soñábamos con ver a los dos equipos en la final! Ahora va a ser por el tercer puesto, aunque habrá la misma voluntad de ganar, claro está. Por mucho que nuestros países sean hermanos y haya una sana competencia... ¡en el terreno de juego lo único que cuenta es la victoria!”.

Dos pueblos, una fe y… ¿cuántas veces se perforará la meta en esta final de consolación?