La Copa Mundial Sub-20 de la FIFA siempre gira en torno al descubrimiento del próximo Maradona o el nuevo Messi. Y así debe ser. Sin embargo, aunque ese objetivo principal sea comprensible y loable a la vez, la reputación de este torneo como impulso al desarrollo de las estrellas del mañana no empieza ni termina con sus jugadores.

Howard Webb lo sabe perfectamente. En 2010, este árbitro inglés dirigió el partido más importante que pueda haber, una final de la Copa Mundial de la FIFA™, que concluyó con Iker Casillas alzando el trofeo logrado gracias al gol decisivo de Andrés Iniesta en la prórroga. Ambos jugadores habían pasado antes por el Mundial Sub-20, al igual que Webb. Y, en su opinión, no es ninguna casualidad que todos progresasen hasta compartir el escenario máximo del deporte rey.

Ahora Webb, de 43 años, está de nuevo en la gran cita juvenil de la FIFA, aunque esta vez no como alumno, sino de profesor. Después de retirarse del arbitraje activo el año pasado, se halla ahora en Nueva Zelanda, en su primera misión como instructor de árbitros de la FIFA, un reto que le entusiasma.

En una entrevista exclusiva, este reputado exárbitro habla con FIFA.com de la transición a su nuevo trabajo, la importancia del Mundial Sub-20 en el desarrollo de los jóvenes colegiados y las recientes innovaciones en las reglas que aplican.

Howard, háblenos de su trabajo de instructor de árbitros en el Mundial Sub-20.
Bueno, como ya sabrá, dejé el arbitraje activo el año pasado, en el Mundial de Brasil. Pero antes de que terminase ese torneo se dirigió a mí Massimo Busacca, responsable del Departamento de Arbitraje de la FIFA. Me dijo que le gustaría que siguiese participando, y que si iba a retirarme quería aprovechar mi experiencia y que fuese instructor. Y no dejé pasar la oportunidad. A principios de este año me convertí en instructor titulado de árbitros de la FIFA, y lo estoy disfrutando a fondo. Para mí es maravilloso seguir participando, porque, si vuelvo la vista atrás en mi carrera, los verdaderos momentos culminantes siempre fueron estos torneos de la FIFA.

Tuve la suerte de ir a seis —dos Mundiales, dos Copas Confederaciones, un Mundial Sub-20 y un Mundial Sub-17—, y todos me encantaron. Así que tener la oportunidad de venir aquí y transmitir mi experiencia a estos árbitros más jóvenes, que están progresando, ha sido fantástico, y un gran honor. Pero no nos confundamos: en cuanto a este papel, sigo aprendiendo. Aunque fui un árbitro de gran repercusión mediática, en el máximo nivel durante muchos años, sigo mejorando mis habilidades como instructor. Aquí estoy fijándome en la gente más experimentada, en gente que lleva haciendo este trabajo mucho tiempo, desarrollando sus habilidades, y estoy aprendiendo con todo.

¿Cree que está teniendo una buena respuesta de los árbitros jóvenes?
Sí, y quiero pensar que he tenido una influencia positiva aquí. Creo que ellos también entienden que hace poco que dejé las canchas. Y espero que hayan disfrutado teniéndome aquí y escuchando mis experiencias. Yo he aprendido mucho, sin duda, y espero de verdad que no sea la última vez que participo en uno de estos torneos con la FIFA.

Para algunos futbolistas, convertirse en entrenadores es algo que llega de forma totalmente natural, mientras que otros enseguida se sienten perdidos sin la emoción de jugar al fútbol. ¿Con los árbitros ocurre lo mismo? ¿Echa de menos estar en el terreno de juego?
Voy a ser sincero: adaptarme me resultó más difícil de lo que esperaba. Pero, dicho esto, no lamento nada, sigo pensando que era el momento adecuado para dejarlo. Estar ahí, en el medio de grandes ocasiones futbolísticas, con la responsabilidad de controlarlas, es algo que llena a uno de euforia. Y cuando ese tipo de partidos van bien, la sensación es maravillosa, y no resulta fácil sustituirla. Pero estar participando aquí es algo que en cierto modo se le parece, porque me entusiasma estar en el campo de entrenamiento con estos jóvenes árbitros y analizar situaciones de partidos en el aula.

En lo que hay que hacer hincapié de verdad, en lo que hay que centrarse, es en la regularidad. Aquí hay 21 equipos arbitrales de todo el mundo, y la idea es que, cualquiera que sea el lugar del que venga uno, tiene que enfocar los partidos de la misma forma. Y debo decir que ver cómo han asimilado los mensajes y ver el nivel de arbitraje que han alcanzado también ha sido una sensación increíble. No es lo mismo que estar dentro de la cancha, pero es lo que más se le parece.

Ha hablado del nivel del arbitraje en este torneo, que los medios de comunicación han elogiado mucho, algo bastante poco habitual. Debe suponer una gran satisfacción para todos los que han participado.
Sí, está muy bien. El mérito es también de los jugadores y de los cuerpos técnicos. Las 24 selecciones recibieron una visita de un instructor de arbitraje antes del torneo, para repasar temas habituales y aspectos en los que se había indicado a los árbitros que fuesen estrictos. Y asimilaron muy bien esos mensajes. Pero los árbitros también tienen mucho mérito, yo mismo he oído esos elogios por televisión. Y no dejamos de transmitírselo a ellos, porque en cualquier profesión es agradable saber que se reconoce el buen trabajo de uno.

¿Qué importancia tienen torneos como este para desarrollar la siguiente hornada de árbitros del máximo nivel?
Muchísima. Esta competición suele considerarse el torneo de las futuras estrellas del fútbol, pero por mis experiencias yo sé que también es el de los futuros árbitros del máximo nivel. Muchos de los jugadores que participan actuarán en el siguiente Mundial, y en el próximo, y los árbitros también. Este ha sido el primer torneo de la FIFA para casi todos ellos, y es una experiencia distinta, al estar fuera de casa durante cuatro semanas, convivir con el equipo arbitral y encontrarse inmersos en el torneo día sí y día también.

Hace falta acostumbrarse, pero será una experiencia valiosísima para su desarrollo. Hablando desde un punto de vista personal, yo participé en el Mundial Sub-20 de Canadá 2007, y tres años más tarde ahí estaba, arbitrando la final del Mundial de Sudáfrica. Así que les he dicho a los chicos: “Las cosas increíbles son posibles”. ¿Quién sabe cuál de ellos estará arbitrando los grandes partidos de 2018 y 2022? Si mantienen los pies en el suelo y siguen aprendiendo y progresando, no tendrán límites.

Ha mencionado Canadá 2007. ¿Qué recuerdos tiene de aquella experiencia?
Siendo franco, hasta que llegué allí no me di cuenta del gran acontecimiento que es el Mundial Sub-20. Recuerdo que me sorprendieron muchísimo la calidad, la intensidad y toda la experiencia de estar fuera de casa cuatro semanas, dirigiendo partidos en los que participaban jugadores como Arturo Vidal, Alexis Sánchez o Sergio Agüero. Tuve la suerte de tener cinco partidos allí, incluida una semifinal, y estoy seguro de que los árbitros de aquí descubrirán lo mismo que descubrí yo: que es un trampolín hacia futuros éxitos. Consigue que adopten la mentalidad del torneo, en cuanto a los mensajes clave que les estamos trasladando y lo que supone gestionar un torneo en el que participan dos equipos de partes del mundo totalmente distintas. Es algo a lo que los árbitros no están expuestos cada semana, representa una gran experiencia de aprendizaje y un paso adelante en su desarrollo.

Este deporte no deja de evolucionar, y últimamente se han producido avances en el arbitraje, con la adopción de la tecnología de la línea de meta y el uso del aerosol evanescente. ¿Qué le parecen estas innovaciones?
Debo admitir que tenía muchas dudas la primera vez que se incorporó el aerosol evanescente, antes del Mundial. Pensé: “¿necesito esto de verdad?”. Pero enseguida me quedó claro que aportaba algo positivo al juego, que los jugadores respondían bien al hecho de tener una línea definida, y que nos ayudaba a administrar las situaciones de lanzamientos de falta. Ha sido un éxito rotundo.

En cuanto a la tecnología de la línea de meta, también ha sido una victoria abrumadora. Si hablamos con cualquier árbitro, nos dirá que le facilita la vida. En el plano logístico y económico, se entiende que no puede usarse en todas partes. Pero ha sido una incorporación positiva, y estoy convencido de que ha llegado para quedarse en futuros Mundiales. Siguen debatiéndose otras incorporaciones tecnológicas, aunque su adopción resulta difícil sin cambiar la forma elemental de jugar al fútbol. Estudiaremos encantados cualquier cosa que nos haga más precisos a los árbitros. Pero hay que tener cuidado y recordar que el fútbol tiene mucho éxito con su formato actual. Cualquier cambio futuro debe realizarse siempre con el objetivo de mantener el tejido básico del fútbol como espectáculo de ritmo acelerado.