Pocos jugadores aterrizarán en el aeropuerto internacional de Incheon para disputar la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA República de Corea 2017 con la experiencia de Erik Palmer-Brown. Y es que el capitán de la selección de Estados Unidos será sólo uno de los pocos futbolistas que ya ha jugado este torneo.

Sin embargo, fue otra vivencia lejos de su hogar la que le convirtió en el líder que es hoy. El año pasado, Palmer-Brown compitió con el Porto B en la segunda división portuguesa.

“Fue algo muy importante para mí en la cancha”, afirma Palmer-Brown en su entrevista exclusiva con FIFA.com. “Me permitió aprender. Yo no diría que aprendí un estilo distinto de fútbol, pero, técnicamente, los jugadores eran mucho más precisos y mucho más tranquilos con el balón en los pies, y eso me obligó a ser un poco más técnico y más pausado con la pelota. Creo que eso aportó mucho a mi juego. Posicionalmente, tácticamente, hacían cosas diferentes. Tomé buena nota y ahora he incorporado esos aspectos a mi juego”.

Además de la exigente formación en la cancha, vivir a miles de kilómetros de Kansas City siendo apenas un adolescente supuso una dificultad añadida.

“Lo difícil llegaba fuera del terreno de juego. El fútbol lo era todo. No hablaba el idioma. Lo cierto es que, los primeros meses, no tenía amigos más allá de mis compañeros de equipo, por lo que el fútbol era lo único que tenía. Salía del entrenamiento, me iba a casa y me preparaba para el día siguiente. Descansaba y pensaba en las que cosas que había hecho bien en el entrenamiento, procuraba implementarlas en la sesión del día siguiente y así intentar mejorar día tras día. Aquí, en cambio [ndlr: en Kansas City], si me ha ido mal en el entrenamiento, intento olvidarme y quedo con mis amigos. Creo que esa es la gran diferencia de cuando vivía allí. Es mucho más difícil hacer amigos con la barrera del idioma”.

Palmer-Brown, que se desempeña como defensa central o mediocentro de contención, ha tenido que lidiar con más presión y más expectativas que la mayoría de los muchachos de su edad. A los 16 años se convirtió en el fichaje más joven del Sporting Kansas City y, un año después, se rumoreó que el Juventus había tanteado su contratación. No obstante, Palmer-Brown siguió trabajando igual que siempre y no se dejó distraer.

“Aquello fue lo más difícil. El primer mes no jugué, y daba la impresión de que los futbolistas querían que te ganaras su respeto. Yo me acabé ganando su respeto y su amistad por lo que hacía en el campo. Diría que aquí, en un entorno como el de Kansas City, todo el mundo es amable y muy acogedor. No es que ellos no lo fueran, pero tenías que ganarte su respeto, y eso es algo que me gustó aprender”.

Pese a la barrera del idioma y la morriña, Palmer-Brown acabó contribuyendo al primer título del Porto B en la segunda categoría del fútbol portugués. Era la primera vez que un equipo filial conseguía esta hazaña desde que el Real Madrid Castilla hiciera lo propio en 1984. 

“A nivel defensivo y mental, me permitió saber al menos lo que significa ganar un campeonato. Luego sólo quieres repetir esa sensación el máximo de veces posible, porque no hay nada como ganar un título”.

Triunfo histórico en Costa Rica 
Y esa mentalidad ganadora es precisamente lo que aportó Palmer-Brown, ya en calidad de capitán, a la selección sub-20 de Estados Unidos que conquistó por primera vez en su historia el Campeonato Sub-20 de la CONCACAF el pasado mes de febrero. Pero, al igual que en su experiencia en Portugal, el defensor tuvo que sobreponerse a las adversidades en su camino a la cima. De hecho, Estados Unidos perdió 0-1 contra Panamá en el primer partido, y todo apuntaba a que caería eliminado de manera prematura en el torneo clasificatorio disputado en Costa Rica.

“Cuando sufrimos aquella primera derrota pensamos: ‘Vaya, ahora es un todo o nada’. Nos pilló a todos por sorpresa, especialmente a mí. No fue fácil, pero vi en mis compañeros un brillo distinto en los ojos después de perder aquel encuentro. No era así como queríamos empezar el torneo, pero estábamos decididos a que no terminara de ese modo”.

Palmer-Brown describe al combinado estadounidense como “otra familia que tenemos, aparte de la de nuestros clubes”. El conjunto de las Barras y Estrellas llegará a la República de Corea con una confianza renovada y como campeón continental, pero, al mismo tiempo, con la seguridad de que puede confiar en su líder cuando se vea contra las cuerdas, porque Palmer-Brown sabe desenvolverse en ese tipo de situaciones.

 

"Cuando le ganas a México en el Campeonato Sub-20 de la CONCACAF por primera vez desde 1986".