• La URSS ganó la primera Copa Mundial Sub-20 de la FIFA de la historia hace 40 años
  • Se impuso a México en una tanda de penales que duró 20 minutos
  • Baltacha falló su primer lanzamiento ... pero pudo resarcirse

Faltan 40 días para que arranque la 21ª Copa Mundial Sub-20 de la FIFA. Así que hoy viajamos 40 años atrás, a 1977, hasta la edición inaugural en la que la URSS se colgó en Túnez el primer oro.

“Nos preparó para la vida”, explica Sergei Baltacha, uno de los campeones, sobre aquella experiencia. “Yo jugué un Mundial y una final de la Eurocopa, gané los Juegos Olímpicos, ¡pero para nosotros aquello fue como un calentamiento antes de las grandes competiciones de adultos [risas]!”.

En el plantel figuraban varios nombres que acabarían compitiendo en España 1982: Vagiz Khidiyatullin, Andrei Bal y Vladimir Bessonov (Balón de Oro adidas en Túnez)... “Teníamos un equipo buenísimo. Sabíamos que podíamos jugar bien juntos y estábamos convencidos de poder conseguir algo”, añade.

Tras dos victorias, contra Irak y Paraguay, y un empate frente a Austria, en la fase de grupos, pelearon en semifinales ante Uruguay. “A esas edades no se juega muy a menudo contra rivales de tan lejos, así que uno siempre aprende”, señala el antiguo defensor, de 59 años. “Pero el partido de Uruguay fue muy difícil. Ellos tenían un equipo sólido, bueno técnicamente y bien organizado, y únicamente ganamos en los penales”.

Tanto las semis como la final se decidieron desde los once metros. El seleccionador soviético, Sergei Moysagin, ensayaba los lanzamientos de penal cada día. Y tenía un as en la manga: el arquero suplente era el especialista llegado ese momento... “Yuri Sivuha entraba tan sólo en los penales, en el último minuto, y terminó salvándonos en la semifinal y en la final”, recuerda Baltacha.

Una definición angustiosa
En aquella final contra México, después de que Bessonov hiciese el 2-2 al final del tiempo reglamentario, Baltacha asumió la gran responsabilidad de tirar el primer penal. “[Su guardameta] lo detuvo”, cuenta.

“Cuando lo hizo yo pensé ‘oh, Dios mío’. Pero se había tirado demasiado pronto, y tuve la oportunidad de lanzar de nuevo. Entonces me encontré con el dilema de qué hacer, pero decidí disparar por el mismo lado, y esta vez entró. Fue otro paso en el desarrollo de ese tipo de fortaleza psicológica”.

Aquella tanda de penales duró 20 minutos. Fue enorme desgaste emocional. “El marcador era de 6-6, 7-7, y yo pensaba ‘¿pero cuándo se va a acabar?’. Hasta llegar al 9-8, cuando Viktor Kaplun transformó el que nos dio la victoria. “Habíamos ganado al fin, y yo no podía creerlo, me sentí muy feliz”.

Los jóvenes soviéticos se marcharon del Estadio Olímpico de El Menzah con las medallas de oro, pero con sus maletas más ligeras. “¡Habíamos perdido las botas!”, revela. “Todo el público bajó desde las gradas y, como habíamos dejado las botas y las espinilleras en la cancha, después de celebrar el triunfo durante 10 o 15 minutos, ¡nos dimos cuenta de que habían desaparecido [risas]!”.

Dentro de 40 días, 24 selecciones lucharán por levantar el 21er título, esta vez en Suwon, el 11 de junio. ¿Será tan sufrido como el primero?