Participar en la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA no es precisamente una novedad para Hélio Sousa, sino más bien al contrario. Campeón del mundo de la categoría en 1989 como jugador y subcampeón en 2011 como segundo entrenador, Sousa afronta ahora el desafío desde otro cargo pero con el mismo objetivo: llevar a Portugal al éxito en Nueva Zelanda 2015.

Todavía faltan muchos meses para que la selección portuguesa parta hacia tierras neozelandesas. Quizás por eso, Hélio Sousa cree que “entusiasmo aún no es la palabra apropiada” para describir su estado de ánimo en este momento, como declaró ante los micrófonos de FIFA.com. En cualquier caso, lo que está claro es que participar en una Copa Mundial Sub-20 de la FIFA no es algo que se olvide fácilmente.

“Se trata de una competición única y una experiencia incomparable que he tenido la suerte de vivir en dos ocasiones y desde dos puestos diferentes. Esta vez tengo la oportunidad de ser el máximo responsable de un combinado portugués que afronta su tercera participación consecutiva en el certamen. Hablamos de una competición de gran repercusión que te hace crecer y en la que queremos dignificar el fútbol portugués y promover nuestra identidad y estilo de juego”, asegura el técnico, que condujo a la selección lusa sub-19 a la conquista del subcampeonato europeo y consiguió así la clasificación para la cita neozelandesa.

Más de un cuarto de siglo ha pasado ya desde que Hélio Sousa se proclamó campeón de la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA Arabia Saudí 1989 con una selección portuguesa dirigida por entonces por el técnico Carlos Queiroz. El mundo ha cambiado desde aquel certamen. Ahora todo está interconectado y las distancias se han vuelto más pequeñas, lo que significa que el combinado luso no estará solo en las antípodas y que el desafío de preparar una competición que se celebra tan lejos de Portugal no resulta demasiado intimidante.

“Ya han pasado más de dos décadas desde la final de 1989 en Riad. Hace 25 años sólo podías contactar con tu familia a través del teléfono fijo o por carta. Ahora todo resulta mucho más fácil y accesible, pero incluso así no es sencillo preparar un Mundial que se celebrará en un lugar tan distante. La diferencia horaria puede ser un problema importante al principio, pero en la Asociación Portuguesa de Fútbol (FPF) sabemos cómo mitigar las consecuencias de este tipo de inconvenientes. Pasaremos algún tiempo en Australia antes del Mundial, así que cuando nos vayamos a Nueva Zelanda será como viajar de Portugal a España. Por aquellos lares, sobre todo en Australia, vive una comunidad portuguesa bastante numerosa, así que contaremos con un apoyo que será muy importante para nosotros”, señala el seleccionador.

El sueño es el objetivo
Hay una pregunta inevitable que un entrenador siempre tiene que responder antes de una competición: ¿cuál es el objetivo de su equipo? “Todavía no hemos definido una meta clara, pero, independientemente de las circunstancias, en las categorías inferiores de la FPF siempre afrontamos cada partido con la idea de ganar. Eso es lo que haremos en el Mundial. En una competición importante siempre quieres aspirar a lo máximo y, al menos en tu fuero interno, partes con la meta y el sueño de ser campeón. Soñar es gratis y todas las selecciones que participarán en Nueva Zelanda 2015 quieren ganar. Ése era nuestro sueño también en la Eurocopa, pero el hecho de haber sido finalistas en la cita continental no nos obliga a otra cosa que no sea emplearnos al máximo para vencer cada partido”, responde Sousa, que todavía no conoce los rivales a los que su equipo deberá enfrentarse en la fase de grupos.

La generación de oro del fútbol portugués ya hizo realidad el sueño en 1989 y 1991 al conquistar dos títulos mundialistas sub-20 consecutivos. Ahora le toca a Hélio Sousa infundir esa mentalidad ganadora a los jugadores que encarnan la savia nueva del balompié luso.

“Los entrenadores siempre intentan transmitir su experiencia a los más jóvenes, que sueñan con ser profesionales y poder vivir de una actividad apasionante como es el fútbol. Algunos han triunfado, pero otros han tenido más dificultades a nivel profesional y eso también es un buen ejemplo para los jóvenes. Los títulos mundialistas de 1989 y 1991 fueron dos hitos muy importantes para el fútbol portugués, para la FPF y, sobre todo, para el concepto que los clubes tenían de la cantera. Aquello fue una revolución”, rememora el técnico.

Echando la vista atrás, Hélio Sousa recuerda “la amistad y el vínculo de unión que quedó para siempre” entre los integrantes de aquel combinado que triunfó en Arabia Saudí, y espera que aquello se repita ahora camino de Nueva Zelanda.

Entretanto, a pesar de mantener su esencia, el fútbol también ha evolucionado con el tiempo. “Los jugadores de hoy en día necesitan estar mejor preparados físicamente. La evolución táctica he hecho que los mejores equipos dispongan ahora de menos espacios y que los futbolistas tengan que pensar y reaccionar con más rapidez. Eso es algo que se potencia al máximo en los entrenamientos. Las reglas no han cambiado demasiado, pero hay algunas modificaciones significativas como la que concierne a las cesiones al portero. En mis tiempos, el portero todavía podía agarrar la pelota con las manos cuando se la pasabas”, recuerda con un poco de nostalgia.

“El fútbol ha alcanzado un nivel que resultaba impensable hace 25 años. Es bueno que el juego evolucione, porque ése es uno de los mayores atractivos de este deporte”, concluye Hélio Sousa, que, una vez más, establece una relación entre 1989 y 2015, pasado y presente de una selección portuguesa sub-20 que atravesará medio mundo con el sueño de construir una nueva generación de oro del fútbol luso.