Una vez cumplido un sueño, y cuando la euforia inicial ya ha remitido, es habitual que uno se plantee la siguiente pregunta: “¿Y ahora, qué?”

Colin Bell pasó un tiempo dándole vueltas a esta cuestión después de guiar al Fráncfort hasta la gloria en la Liga de Campeones Femenina de la UEFA en mayo del año pasado. Y de todas las opciones que le rondaban la cabeza, permanecer en el mismo banquillo era la que menos le atraía.

“Ya entonces supe que era el momento de hacer las maletas, que me apetecía cambiar de aires”, explica a FIFA.com. “Mi etapa en Fráncfort fue fabulosa, y siempre estaré agradecido por todo lo que viví allí, pero sentía que había llegado la hora de afrontar un reto nuevo. Y preferiblemente en otro país”.

Lo que no tenía nada claro era dónde emprendería su siguiente aventura. Los destinos lógicos, especialmente después de obtener un triunfo tan prestigioso, habrían sido la NWSL estadounidense —un campeonato plagado de estrellas— o regresar a Inglaterra, su país natal. Dar el salto al fútbol de selecciones también habría sido un movimiento lógico. No obstante, la búsqueda de un nuevo desafío llevó a Bell, de 54 años, por un camino muy distinto, y así fue como abandonó Fráncfort y a su flamante campeón de Europa con destino a un diminuto pueblo noruego.

Destino: Un pequeño pueblo noruego
Avaldsnes, una localidad de menos de 3.000 habitantes, se ha convertido sorprendentemente en el nuevo hogar de Bell. Allí dirige ahora los designios del ambicioso equipo local, el Avaldsnes IF, y si bien este pequeño municipio noruego no es ni mucho menos uno de los grandes núcleos del deporte rey, el entrenador está encantado con su misión de situarlo en el mapa futbolístico.

“Yo vivía en un pueblecito muy pequeño, de apenas 200 habitantes, a 170 kilómetros de Fráncfort, por lo que el choque cultural no será tan grande como podría pensarse”, señala. “¡Seguro que Avaldsnes tiene más vida de la que estoy acostumbrado a ver! También sé que el pueblo entero está volcado con el equipo y que adora a sus futbolistas. Por eso afronto con la mentalidad abierta y con mucha ilusión todo lo que me espera”.

“Quería que fuera no solamente un reto deportivo, sino también cultural, por lo que supone conocer un estilo de vida distinto y aprender otro idioma. El hecho de que Noruega sea un país precioso y que el fútbol femenino goce allí de tanto respeto y prestigio me hizo comprender que Avaldsnes reunía todos los incentivos que buscaba. Ya llevo un par de meses estudiando noruego, así que llegaré allí con el lenguaje básico y la terminología propia del fútbol. También sé que todos los noruegos hablan inglés, pero quiero demostrar a mis jugadoras que estoy muy comprometido y que voy a dedicarme en cuerpo y alma a este proyecto”.

“Quiero conseguir cosas y ganar títulos. El club es muy ambicioso y quiere hacer todo lo posible para desbancar al Lillestrom, dominador del fútbol noruego en los últimos años. El Avaldsnes también se clasificó la temporada pasada para la Liga de Campeones, y eso fue un gran aliciente. Se trata de una competición que, a mi juicio, le está dando al fútbol femenino un atractivo añadido a nivel de clubes. Y es por ahí por donde debe seguir desarrollándose nuestro deporte”.

Teniendo en cuenta su opinión sobre la máxima competición continental, no es de extrañar que considere su triunfo en este torneo como el mayor logro de su dilatada y variada carrera futbolística. “Llevo mucho tiempo en esto —desde que tenía 16 años— y ésta es mi 26º temporada como entrenador”, comentó Bell, que se mudó de Inglaterra a Alemania con sólo 20 años, después de no lograr consolidarse en el Leicester City. “Supongo que toda esa experiencia previa hizo que ganar la Liga de Campeones fuese aún más especial. Si hubiera ganado un título importante en una etapa más temprana, creo que no lo habría apreciado igual. Pero después de haber trabajado en tantos ámbitos distintos del fútbol, y en niveles tan diferentes —desde la Bundesliga masculina hasta las categorías sub-19 y sub-23, pasando por canchas duras y vestuarios diminutos—, tengo la impresión de que ya lo he visto todo”.

Próximo paso: Ser seleccionador nacional
Y es precisamente este gran bagaje de experiencia en el fútbol y en la vida lo que permite a Bell no preocuparse demasiado por si su aventura en Noruega no sale según lo esperado. “No estoy nervioso ni agobiado por este cambio en absoluto, porque presiento que es el momento oportuno y sé que en el peor de los casos —que el proyecto no salga bien— siempre puedo volver a casa. He vivido grandes momentos en el fútbol y en la vida, pero también he pasado por algunos baches, como quedarme en el paro, la incertidumbre de no saber qué me iba a deparar el futuro o preocuparme por cosas como alimentar a mi familia. Esos son los episodios que forjan tu personalidad, y gracias a ellos abro este nuevo capítulo de mi vida extremadamente feliz y muy agradecido por estar en una situación tan privilegiada dentro de este deporte que tanto amamos”.

“Después de tantos años en Alemania me hace mucha ilusión empezar algo nuevo. Además, si continúo en el fútbol femenino, una de mis ambiciones es convertirme en seleccionador nacional, y creo que irme a otro país y trabajar en una liga distinta me ayudará a conseguirlo”.

Esta ambición por parte de Bell nos lleva a plantearle dónde le gustaría cumplir ese objetivo. ¿Preferiría, por ejemplo, dirigir el combinado nacional del país en el que nació, del país en el que pasó los últimos 34 años o, tal vez, del país que le acaba de acoger?

“Bueno, en ese sentido soy muy abierto y no caería en el error de ser presuntuoso y decir: ‘Me gustaría trabajar aquí o allí’”, responde. “Pero en la vida es importante ser ambicioso y tener sueños; algo por lo que esforzarte y a lo que aspirar. Y si ese sueño no se cumple, no pasa nada. En cualquier caso, yo siempre buscaré nuevos retos y maneras de sacar lo mejor de mí mismo”.