Si bien 2016 no pasará a la historia del combinado femenino estadounidense como uno de sus mejores años, su seleccionadora Jill Ellis, campeona de la Copa Mundial Femenina de la FIFA 2015, sigue adelante con sus planes. Con la determinación de mantener a las Barras y Estrellas en lo más alto del fútbol femenino, Ellis habla en exclusiva con FIFA.com de las lecciones aprendidas en un año marcado por el prematuro adiós de su equipo en los cuartos de final del Torneo Olímpico de Río, de cómo lidiar con la presión asociada a su puesto y de su plan para defender con garantías en 2019 el título mundial conquistado en Canadá.

La pasada temporada no fue un año para recordar en cuanto a títulos para una selección acostumbrada a ganar como la estadounidense. Pese a ello, ¿qué éxitos se lograron?
Sabíamos que 2016 iba a ser un año de transición, porque se retiraron muchas de nuestras grandes jugadoras. Por eso decidimos centrar la atención en integrar a nuevas futbolistas e intentar evolucionar como equipo. De hecho, hemos mejorado en algunas facetas de nuestro juego. Pero traer a jóvenes como Mallory Pugh y darles la oportunidad de vivir un torneo a escala global como los Juegos Olímpicos es algo que nos repercutirá positivamente en la próxima Copa Mundial. Queremos ganar Mundiales, y fue interesante utilizar esa plataforma para dar experiencia a nuestras futbolistas.

Todos los entrenadores están influenciados, en mayor o menor medida, por antiguos técnicos y futbolistas. ¿Quiénes han sido sus grandes influencias en su carrera en los banquillos?
Muchísima gente. En mi época en la universidad, cuando buscaba futbolistas y daba prácticamente mis primeros pasos en ese entorno, me resultó muy útil. Se lo atribuiría a todas las jugadoras que entrené en el fútbol universitario. Mi padre también ejerció una inmensa influencia sobre mí. Era entrenador y, seguramente, fue él quien me ofreció mi primera visión en profundidad de lo que significa ser entrenador.

Cuando estaba en la universidad, April Heinrichs era nuestra entrenadora asistente. Fue una jugadora formidable y llegó a dirigir el combinado nacional. Ha habido mucha gente que me ha influido. Soy una aprendiz voraz. Me encanta ver fútbol, aprender y ver otros deportes para aprender cosas. En cuanto a futbolistas, puedes aprender algo de cada una de ellas. Abby [Wambach] era una jugadora tremenda con la que trabajar. Sus cualidades de liderazgo, su aplomo, cómo motivaba a las demás...

¿Cuándo se dio cuenta de que tenía talento para entrenar?
Cuando era muy joven, mi padre me ponía delante de 250 personas en sus clases y me decía: “Oye, ve y enséñales los principios del ataque y los principios de la defensa”. Me plantaba delante de la gente siendo una cría todavía. De hecho, ahora soy más tímida, pero cuando te ves de pronto en una situación así, tienes que dar un paso adelante y actuar.

Es cierto que esa parte, la de ponerme delante de la gente, no me resultaba difícil. Nunca me he analizado a mí misma en cuanto a si tengo éxito o soy buena en lo que hago. Simplemente, lo hice. Cuando haces algo así, confías en que las cosas te salgan bien. Seguramente, ser honesta conmigo misma ha sido lo que más me ha influido en cómo soy como entrenadora. Mi personalidad es una combinación de cómo es mi forma de entrenar.

¿Por qué le gusta entrenar? ¿Por qué decidió hacerse entrenadora?
No fue premeditado. En aquella época, ser entrenadora en Estados Unidos no era una carrera en la que se iniciaran las mujeres. De hecho, estuve un par de años en el mundo de los negocios, y era escritora. Pero mi pasión me devolvió al fútbol, me ofrecieron un puesto y lo acepté. Fue una especie de confianza ciega. El sueldo era muy, muy bajo. ¿Era una salida profesional entonces? No. Fue, probablemente, una decisión basada en la pasión por aquello que me encanta. Lo que más me gusta de este deporte es la gente y, sin duda, el fútbol en sí.

¿Y qué lecciones aprendió el año pasado como seleccionadora?
Un buen puñado de lecciones positivas. La conclusión principal que sacamos tras el Mundial fue, y así se lo dije a las jugadoras, que nuestro deporte evoluciona tan rápidamente que, lo que teníamos entonces, no sería suficiente para ganar en 2019. Tenemos que evolucionar. Las futbolistas lo entendieron. A veces, cuando ganas algo piensas que ya has llegado a la meta, pero ni mucho menos. Debemos seguir creciendo, porque este es un deporte que está creciendo a gran velocidad.

En cuanto a la preparación para los Juegos Olímpicos, tuvimos que armonizar más cosas ese año que el anterior, al igual que las jugadoras con sus compromisos con los clubes. Es algo con lo que tenemos que lidiar: nuestras futbolistas han de compaginar el trabajo en sus equipos con los compromisos con el combinado nacional. Anteriormente, siempre habíamos tenido a nuestras futbolistas cuando las necesitábamos. Fue importante colaborar con los entrenadores de sus respectivos clubes, tratar las lesiones,… y ese tipo de cosas me ayudaron en mi crecimiento.

Estados Unidos está acostumbrada a tener más presión por jugar bien y ganar títulos en los torneos importantes. ¿Cómo lo gestiona?
No creo que nadie se haga entrenador si no está preparado para lidiar con la presión. Al fin y al cabo, ganar o perder lo determina todo, ¿no? Si empiezas un proyecto con miedo al fracaso, creo que no se puede ser leal ni tener éxito. Has de planificar hasta el más mínimo detalle. Si todo sale bien, estupendo. Pero ¿y cuando no? Te toca empezar de cero y seguir comprometiéndote contigo misma.

Cuando acepté este trabajo, sabía dónde me metía. Sé que aquí apenas hay margen para el error. Sabes que debes ganar, pero yo disfruto con eso. Duermo bien por las noches. No siento ninguna presión, porque, cuando conoces las expectativas, sabes dónde te estás metiendo. Simplemente, lo aceptas.

El equipo no jugará ningún gran torneo este año. ¿Qué considera que será tener éxito en 2017?
Lo que estamos haciendo es construir ya un equipo para 2019, y se empieza buscando futbolistas, ampliando la lista de seleccionables y creciendo como equipo. Sí que tenemos algunas citas importantes, como la Copa SheBelieves, a la que vendrán Alemania, Inglaterra y Francia. Será una buena piedra de toque. Para nosotras, este año es importante que nuestras jugadoras más jóvenes acumulen experiencia contra estas selecciones de primer nivel. Es algo que nos ayudará en el futuro.