Tendría 8 o 9 años cuando, al soplar las velas de aquella tarta, tuvo claro cuál era su deseo: ser futbolista profesional. Un sueño común en cualquier niño brasileño de su edad. Pero casi insólito para una brasileña hace 20 años.

Porque, aunque aquella niña no lo entendía, el fútbol era cosa de hombres. Y la vida se empeñó en dejárselo claro. Pero ella se hizo la loca y hoy, cuando sople las 31 velas de su pastel, lo hará con la satisfacción de haber cumplido, a lo grande, su deseo infantil. A pesar de todas las dificultades.

“En mi infancia me enfrenté a varias situaciones de discriminación. Pero, gracias a Dios, no dejé que me afectaran de manera negativa. Lo transformé en una cuestión personal y me motivaba con eso para conseguir mis objetivos y demostrar que tenía condiciones”, nos desvela Marta en esta entrevista con FIFA.com.

Las dificultades
La brasileña nació en Dois Riacho, una población de poco más de 10.000 habitantes, y hasta su familia veía con malos ojos que se raspase las rodillas peleando pelotas en la calle. “El fútbol es visto por mucha gente como un deporte masculino, pero yo les digo que no, que el deporte nos enseña mucho de inclusión social e igualdad de género. Hay que pensar el deporte de manera positiva. No se pueden tener ese tipo de prejuicios. Hay que dejar que la gente muestre su trabajo a través de su talento, independientemente de su condición sexual”.

A ella, talento le sobra. Y carácter también. Porque no es fácil enfrentarse a todos por un sueño con tintes de quimera. Y es que, hace 20 años, el fútbol femenino en Brasil resultaba casi tan inverosímil como ver nevar en Copacabana.

“Pero no había vuelta atrás”, sonríe al reconocer su empeño. “Y no fue fácil. Me fui a Suecia con 17 años y allí estuve 5. Luego sentí que era hora de respirar aires nuevos, de ir a otro país, y me fui a EEUU. Pero incluso allí pasé dificultades. Tenía tres años de contrato con la liga, pero mi club cerró al finalizar mi primera temporada. Me fui a otro club, e incluso siendo campeón, por motivos económicos, también acabó cerrando... Me fui a otro equipo, luego volví a Suecia … Me enfrenté a dificultades constantemente. Pero yo no podía volver atrás. Tenía que seguir adelante y usar todas las armas posibles para motivarme cada día más y no desistir. ¡Y gracias a Dios que no desistí!”.

Amén. Porque hoy Marta, con cinco premios de Jugadora Mundial de la FIFA, es un referente sólido del fútbol femenino. Y aunque actualmente todo es un poco más fácil para las niñas que quieren ser futbolistas, ella no cambiaría lo que le tocó vivir. “Me gusta todo lo que ha pasado en mi vida. Creo que sirve de ejemplo para todas las chicas que están empezando ahora. No lamento que mi carrera empezara en ese momento. Creo que fue fundamental todo lo que hicimos esa generación para dar un empujón. Fue una contribución para que se pueda dar esta situación actual y se pueda pensar en un futuro mejor”, explica la jugadora del Rosengard sueco.

Los retos pendientes
Lleva 20 años pensando en un futuro mejor. Porque todo se puede mejorar, eso está claro. “Es obvio que ahora el fútbol femenino está más desarrollado. Hay más opciones de trabajo, hay más mercados: el europeo, el asiático, el americano están bien… el brasileño también está mejorando. Pero me gustaría ver un fútbol femenino cada vez más competitivo, con menos discriminación y prejuicios. Más países con ligas organizadas, clubes dando oportunidades, una estructura para que las mujeres que se decidan y quieran llegar a la selección, o quieran ser profesionales, puedan tener todas las condiciones para trabajar”.

Y tiene un consejo muy claro para todas la que comparten hoy su sueño de niña. “Hoy hay dificultades, pero es un poco más fácil que cuando yo empecé. Entonces, hay que aprovechar el momento e ir a buscar los sueños con confianza en el trabajo que cada uno hace”.

A sus 31 años, a ella también le quedan sueños. O asignaturas pendientes, más bien…“El fútbol en Brasil es una pasión nacional. Es una religión. Para el brasileño el primer lugar es el que importa. Si no se llega al primer puesto, lo demás ya no tiene tanto sentido, no tiene tanto valor. Y eso nos pasa factura a las futbolistas brasileñas. En otros países, un bronce o un cuarto lugar también son reconocidos… pero en Brasil aun es un poco complicado eso”, explica quien tiene dos medallas olímpicas de plata y fue subcampeona del mundo hace 10 años.

“No ganar títulos con la selección, tanto de la Copa Mundial como de Juegos Olímpicos, es, sin duda, una motivación para continuar trabajando”, explica la máxima goleadora de la historia de la Copa Mundial Femenina. “Si te fijas en otras disciplinas deportivas, cualquier medalla que se gana en unos Juegos Olímpicos es una gran fiesta. En fútbol, ganar una plata es como una derrota. Y nosotras tenemos dos”, continúa, todavía con la amargura de las finales perdidas en 2004 y 2008 ante EEUU. “Pero seguimos firmes trabajando en busca de nuestro objetivo, ganar títulos”.

Las pequeñas cosas
El fútbol le ha negado la felicidad plena con los colores de su corazón, pero ella, optimista empedernida, pone el foco en todos los momentos increíbles que le ha regalado. “Ganar el Premio a Jugadora Mundial… Es difícil explicar lo que se siente en ese momento en el escenario. Todo el reconocimiento y el cariño que he recibido en estos años no son sólo un motivo de alegría, sino también de motivación para continuar en esta batalla”.

Momentos como la llamada de uno de los íconos del fútbol brasileño: “Sí, me llamó Pelé para felicitarme. Charlamos un poco y yo al principio no me creía que fuese él. Incluso he llegado a encontrarme con él personalmente. Fue un placer y una emoción muy grande…”

Grandes y pequeños momentos en la historia de superación de una de las grandes futbolistas de nuestro tiempo. Una de tantas que se negó a creerse eso de que el fútbol es cosa de hombres.