Como ocurre con tantas otras futbolistas, el balón supuso el comienzo de todo para Khalida Popal. No en vano, su caso es especialmente sorprendente, ya que nuestra protagonista procede de Afganistán, un país donde la posibilidad de practicar deporte, sobre todo en público, resultaba impensable para la mayoría de las mujeres hace no mucho tiempo.

“Recuerdo el día en que mi madre me regaló unas botas de fútbol. En la escuela teníamos una pelota muy vieja y no había mucho más que hacer después de las clases, así que nos divertíamos jugando con aquel balón, hasta que un día pasaron unos hombres y nos dijeron: ‘El fútbol no es cosa de mujeres. Que las mujeres lo practiquen supone un insulto a este deporte’. Aquella experiencia nos animó a luchar por nuestro derecho a jugar al fútbol, así como por los derechos de la mujer en general y por la igualdad de género”, explica Popal en exclusiva para FIFA.com.

Estas palabras dejan claro que el fútbol era mucho más que una simple distracción para Popal. No en vano, el deporte del balón se convirtió para ella en la única forma de luchar por los derechos de la mujer en su país y de intentar cambiar las cosas en la sociedad afgana. Una empresa nada sencilla para una futbolista que tiene actualmente 28 años y que en 2007 hizo historia al convertirse en la primera capitana de la selección femenina de su país.

Sin embargo, Popal tuvo que hacer frente a una oposición muy fuerte. De hecho, su hermano y su entrenador sufrieron agresiones cuyo objetivo no era otro que obligarla a ella a renunciar. Finalmente, temiendo por su vida, la jugadora abandonó Afganistán en abril de 2011 y, dejando atrás a su familia, huyó a la India. Desde allí solicitó asilo en Dinamarca, donde reside actualmente.

“Cuando me nombraron presidente de la Comisión de Fútbol Femenino, mi voz adquirió mucha fuerza. En aquella etapa, el fútbol femenino había empezado a ganar notoriedad en mi país, y yo disfruté mucho de semejante logro. Hablábamos y jugábamos abiertamente. Entonces pensé que estábamos ganando la batalla”, se arranca a explicar cuando le preguntamos por las razones que la llevaron a huir de Afganistán.

“Pero, de repente, a medida que mi voz y nuestro mensaje se iban haciendo más potentes, las cosas cambiaron. Lo cierto es que no me esperaba que por el hecho de alzar la voz iba a ver mi vida amenazada, puesto que lo que yo intentaba era potenciar la autonomía de las mujeres afganas a través del deporte y animarlas a que se adhirieran a nuestro movimiento. Recibí amenazas de muerte y me vi obligada a abandonar el país. Aquella fue una decisión muy difícil, pero, a pesar de todo, nunca he renunciado a mis sueños, a mi objetivo y a mi lucha por las mujeres. Se trata de un compromiso muy importante para mí y por eso me he mantenido ligada al fútbol en todo momento”, añade.

Camino de un futuro mejor
La exzaguera no solo ha allanado el camino para la próxima generación de jugadoras afganas, sino que ha conseguido que el fútbol femenino goce actualmente de una mayor presencia en su país. “Cuando empecé a jugar al fútbol en 2004 éramos apenas diez, mientras que actualmente hay entre 2.000 y 3.000 mujeres que juegan al fútbol en Afganistán, y no solo en la capital, sino también en las localidades colindantes”, se congratula Popal, que revela que su país también albergará numerosos actos reivindicativos con motivo del Día Internacional de la Mujer, aunque ella no estará presente.

“Me encanta mi país y sería estupendo poder trabajar allí, pero, mientras la situación no cambie, seguiré trabajando por el fútbol femenino de Afganistán desde dondequiera que me encuentre. Soy la directora de organización de la selección afgana femenina. Coordino las actividades y organizo desde la distancia diferentes acontecimientos que tienen lugar en mi país. Eso me hace sentir feliz y llena de vida, a pesar de que estoy muy lejos de mi tierra. Mantengo los lazos con Afganistán”, asegura.

Popal ya ha pronunciado discursos sobre su lucha por los derechos de la mujer en diferentes reuniones sobre derechos humanos por todo el mundo y ante la Organización de las Naciones Unidas. El pasado lunes, la exfutbolista afgana participó como oradora invitada en la Conferencia de la FIFA para la Igualdad y la Integración que se celebró en la sede del órgano rector del fútbol mundial en Zúrich.

“Tomar parte en esta conferencia ha supuesto una gran oportunidad para mí. Se trata de una fantástica plataforma para hacer llegar nuestro mensaje a las autoridades y a las personas responsables de tomar las decisiones. Me refiero a quienes tienen el poder de mejorar el fútbol femenino, reforzar la autonomía de las mujeres a través del fútbol y fomentar la igualdad de género. Asimismo, estoy encantada de haber tenido la oportunidad de hablar directamente con el Presidente de la FIFA y de que estuviese presente durante las ponencias y debates”, se congratula esta afgana nacida en Kabul.

Y es que, en un futuro próximo, el compromiso y la dedicación de Popal podrían verse recompensados con la cristalización del mayor de sus deseos: “Mi sueño es ver a la selección afgana femenina jugar un Mundial algún día”.