• El técnico regresa a la selección femenina argentina
  • La Albiceleste lleva más de dos años sin jugar
  • Claves para resurgir: trabajar las bases y competir

Dos años y un mes. Ese el tiempo que lleva sin competir la selección femenina de Argentina. Su período de inactividad es tal que, desde junio de 2016, está afuera de la Clasificación Mundial Femenina de la FIFA/Coca Cola.

Sí, el mismo seleccionado que estuvo entre los 30 mejores del mundo una década atrás, y hasta supo consolidarse como segunda potencia sudamericana por detrás de Brasil.

Uno de los responsables de su época dorada fue Carlos Borrello, quien después de un fructífero primer ciclo como entrenador de las selecciones femeninas argentina acaba de regresar al cargo un objetivo en mente: la reconstrucción.

"Dos años sin actividad es peligroso", dice a FIFA.com Borrello, quien asumió el 12 de julio pasado, 722 días después del último partido del combinado absoluto: un 0-2 con Colombia por los Juegos Panamericanos de Toronto.

"Lo más problemático es que se cortó la cadena de formación. Pero ahí está lo lindo del desafío: debemos reconstruir todo", explica el técnico de 61 años, quien ya comenzó los trabajos con la selección mayor.

"Hoy no hay bases para nutrir la sub-17, de ahí a la sub-20 y de ahí a la mayor. Por eso la prioridad es hacer un mapeo por todo el país, porque en octubre también debo tener trabajando a las preselecciones juveniles".

El primer ciclo de Borrello (2003-2012)

Para Borrello será clave la inminente implementación del Campeonato Nacional. Allí participarán clubes de todo el país, no solo los de Ciudad de Buenos Aires o su área de influencia, como pasa ahora con los torneos de Primera y Segunda División.

"Dará pie a una revolución porque apuntalará el buen trabajo que ya se hace en el interior. Habrá más competencia y cualquiera podrá clasificar a la Copa Libertadores", revela Borrello, quien al frente del club UAI Urquiza ganó dos títulos de Primera y fue tercero en la Libertadores 2015.

"Además, motivará a las futbolistas y a que más niñas quieran jugar. Así la base será más amplia y las jugadoras llegarán más formadas a las selecciones juveniles".

Pero los tiempos apremian. A comienzos de 2018, Argentina organizará el Torneo Sudamericano Sub-17, clasificatorio para la Copa Mundial Sub-17 de la FIFA de Uruguay, y jugará el Sudamericano Sub-20 de Ecuador, eliminatorio para la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA de Francia.

"Las clasificaciones no serán fáciles y los dirigentes son conscientes. Apuntamos a tener resultados desde 2020, pero eso no quita que vayamos a competir por una plaza".

Los desafíos de la mayor
Esa lógica no escapa a la selección mayor, que en abril disputará la Copa América en Chile. Allí habrá en juego dos cupos y medio para la Copa Mundial Femenina de la FIFA 2019 y dos plazas para el Torneo Olímpico de Fútbol Femenino 2020.

Aunque Borrello marca una diferencia: "Confío en el plus que siempre tuvo la jugadora argentina para compensar el desfasaje que hubo. Se lo dije al grupo y lo entendieron... Ellas mismas quieren revancha por estos dos años paradas, aunque saben que será complicado".

¿A qué se refiere con 'desfasaje'? "En Sudamérica nos sacaron ventaja: mientras no jugábamos, el resto evolucionaba. Antes acá peleábamos con Brasil, y solo nos preocupábamos en los Mundiales. Hoy debemos volver a posicionarnos en la región", explica, y destaca los procesos de Venezuela, Colombia y Ecuador.

La clave será competir, competir y competir. "Ahí es cuando la jugadora vuelca la práctica y se va formando, en realidad de jugar un partido internacional, con presión, con público. No podemos llegar crudos a los torneos".

Y agrega algo más. "Eso también afecta a la motivación, no sólo de las jugadoras sino del cuerpo técnico. Porque también debemos recuperar la confianza de esas futbolistas que estuvieron dos años sin jugar con la selección".