• ​Jacqueline Shipanga participó en el taller de la FIFA para técnicos
  • Allí informó del desarrollo del fútbol femenino en Namibia
  • Considera que el fútbol infantil y juvenil va por el buen camino

Jacqueline Shipanga era todavía una niña cuando, a principios de la década de 1980, corría por las calles de Okahandja raqueta en mano buscando niños con los que jugar al tenis. Su raqueta era de madera y estaba un poco rota, pero eso no frenaba su deseo de emular a las estrellas del momento como Martina Navratilova, Jennifer Capriati o Steffi Graf.

Sin embargo, la pequeña Jacqueline Shipanga tenía muy complicado practicar su deporte favorito, puesto que, en su país natal, las canchas de tenis estaban reservadas solamente a la élite. Por suerte, sus cuatro hermanos habían descubierto su pasión por un deporte al que se jugaba con una pelota de mayor tamaño: el fútbol. Y decidieron enseñárselo a su hermana.

Shipanga destaca lo fácil que es empezar a practicarlo. "El fútbol es un deporte para todos. Para ricos y para pobres", señala. "Es un deporte de equipo para el cual solamente hace falta un balón. Además, es ideal para unir a niñas y niños", añade.

Shipanga fue capitana y entrenadora de la selección femenina de Namibia. Graduada en el Máster de la FIFA, actualmente dirige la sección femenina de la federación nacional. Se toma muy en serio la promoción de este deporte, algo que se percibe claramente cuando cuenta sus experiencias en el taller para directores técnicos de Doha.

Asimismo, se muestra satisfecha con los avances conseguidos en las categorías inferiores. Gracias al programa Galz & Goals, introducido en 2009, el fútbol se ha convertido en el deporte favorito de las niñas de su país.

Datos prometedores: ​

  • ​El programa llegó a un total de 20.000 niñas
  • Se fundaron 12 ligas regionales desde la categoría sub-13 hasta la sub-17
  • Además, ahora se disputa un campeonato nacional anual

Eso sí, Shipanga todavía ve mucho margen de mejora en categoría adulta. En su opinión, faltan competiciones para que las jugadoras puedan foguearse con mayor frecuencia. No en vano, ya hace tres años que no se disputa la liga nacional que se puso en marcha en 2012, y los compromisos internacionales son más bien una excepción. 

"Una futbolista de 16 años puede participar dos veces en el clasificatorio para la Copa Mundial Femenina Sub-17 de la FIFA. Pero si nuestra selección no consigue clasificarse, esa jugadora no vuelve a disputar un partido internacional en dos o tres años, cuando participa en la fase de clasificación para la Copa Mundial Femenina Sub-20", apunta Shipanga. Un bagaje demasiado pobre, a su modo de ver, para avanzar en la progresión de las futbolistas y mantener la competitividad.

Shipanga considera que Sudáfrica es un ejemplo de fe inquebrantable en la fuerza de este deporte. "Su federación es una de las pocas de África que destina grandes sumas de dinero al fútbol femenino y que se compromete seriamente a su mejora y desarrollo", afirma.

Le gusta que la FIFA les muestre su apoyo y les indique el camino a seguir, ya sea mediante talleres como el de Doha o el programa Forward de la FIFA, gracias al cual se fortalece el fútbol femenino y, al mismo tiempo, se refuerza el papel de la mujer en todas las federaciones miembro. "Nuestras futbolistas no han firmado solamente una carrera exitosa en el mundo del fútbol, sino que además se han convertido en mujeres capaces de trabajar en cualquier ámbito", dice con orgullo.

Además, Shipanga ha comprobado cómo el intercambio de información y de conocimientos ha propiciado el progreso de algunas federaciones. "Países como Gambia, Zambia y Zimbabue, los cuales he visitado en el marco de los programas de desarrollo de la FIFA, se han clasificado en los dos o tres años posteriores para alguna Copa Mundial o incluso los Juegos Olímpicos", explica con ilusión.

Tras un curso para instructores de la FIFA impartido en Madrid —donde coincidió con Hope Powell y Betty Wong—, Jacqueline Shipanga comprendió cuál era su papel en todo este proceso de desarrollo. Sabe de la importancia que tienen las grandes personalidades que son capaces de inspirar a otros y ejercer de líderes.

"En ese momento, la necesidad de compartir información y conocimientos pasó a ser mi prioridad", comenta.

Aquella niña que correteaba con una raqueta por las calles de Okahandja se convirtió en una mujer que adora el fútbol con devoción. Una mujer que jugó al fútbol, que entrenó, y que ahora forma a entrenadores y transmite sus experiencias.

Shipanga se ha propuesto intensificar el fomento del fútbol femenino en su país y, a modo de cierre, nos cuenta cuál es su forma de ver la vida: "No nos enorgullezcamos de aquello que hacemos para nuestro beneficio personal, sino de aquello que hacemos para los demás". Unas palabras sinceras que demuestran hasta qué punto llega su compromiso.

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