Tan pronto la checa Dagmar Damkova sentenció el final del partido, las lágrimas incontenibles de las jugadoras brasileñas comenzaron a regar el césped del Estadio de los Trabajadores en Pekín. Marta y Cristiane, grandes responsables de una meritoria campaña, representaron en su llanto la sensación de todo el equipo de Jorge Barcellos: todo el esfuerzo de un año de trabajo, así como las ilusiones creadas de cara al podio final, se habían esfumado con el gol decisivo de Carli Lloyd.
"Nosotros no ganamos una medalla de plata esta noche. Hemos perdido la de oro". La voz fastidiosa de Jorge Barcellos sonó clara y contundente en la conferencia de prensa posterior a la derrota. El estratega sabía que sus jugadoras habían dado todo por una victoria, aunque un gran remate de Lloyd en el tiempo suplementario las había dejado nuevamente en el segundo lugar. Tal como sucediera en Atenas 2004: "Estados Unidos sólo tuvo esa posibilidad en un partido que dominamos ampliamente. Lamentablemente, en el fútbol tienes que convertir las posibilidades que generas y nosotros no lo hicimos. Ellas sí, y se llevaron una victoria inmerecida".
La desilusión del brasileño tiene una razón. Pese a lo meritorio que resulta el segundo puesto, el oro habría implicado un cambio fundamental en la estructura del fútbol femenino brasileño. "Nosotros teníamos mucha confianza antes del partido, sobre todo por la calidad que veníamos demostrando en los otros juegos. Creíamos que íbamos a quedarnos con ese oro que tanto necesitábamos para forzar un cambio. Los cambios grandes se producen a partir de un triunfo, y no pudimos conseguirlo", se lamentó.
Juventud, ¿divino futuro?
Al ser consultado por el ciclo que se inicia tras esta nueva medalla de plata, el entrenador se mostró dubitativo. "No sabemos qué es lo que viene para el fútbol brasileño en Brasil. Algunas de estas jugadoras se están despidiendo de la selección por una cuestión de edad, y de seguro que necesitaremos recambio y renovación. Me sentaré a hablar con las autoridades de la Confederación Brasileña de Fútbol para analizar lo que viene, pero hoy me es muy difícil saber lo que va a suceder".
El entrenador sabe de lo que habla: jugadoras como la capitana Tania, por sólo dar un ejemplo, ya superan los 30 años y difícilmente lleguen en condiciones óptimas para la futura Copa Mundial Femenina de la FIFA Alemania 2011, así como el Torneo Olímpico de Fútbol femenino de 2012. No obstante, y a sabiendas de que contará todavía con el talento invalorable de Marta, Cristiane y compañía, Barcellos sabe lo que necesitará para hacer de Brasil una potencia mundial definitiva en la materia.
"En Estados Unidos tendrán liga profesional, y eso marca una diferencia. Necesitamos que los clubes más grandes de nuestro país tengan un departamento de fútbol femenino para forzar un cambio. Sólo apostando a las fuerzas de base, podremos ir a algún lado. Ojalá suceda, si queremos estar nuevamente entre las potencias en las próximas temporadas". Sin dudas, sus jugadoras, las mismas que derramaron sus lágrimas a la hora de pasar por la zona mixta, estarán hambrientas de conseguirlo.


