Si hace 17 años alguno conocía a Andressa Alves, no fuera a regalarle una muñeca. No importaba que fuese una niña bonita de Sao Paulo, con siete añitos ideales para que el inconsciente colectivo determinara que lo que más quería era jugar con sus bonecas. Porque no jugaba, no las vestía: las decapitaba. La gran figura de la victoria brasileña en cuartos de final del Torneo Olímpico de Fútbol Femenino Río 2016 les arrancaba la cabeza.

"La bola, siempre con la pelota desde chiquita. Nunca quise otra cosa, sólo la pelota", le recuerda a FIFA.com tras su soberbio partido ante Australia. Para sus galopadas por la izquierda o sus mágicas asistencias ya no necesita usar la cabeza de las pobres nenas de plástico. Eso era antes, cuando no estaba en la calle jugando con sus amigos.

"Era la única chica. A ellos les gustaba porque era buena, siempre me elegían primera", cuenta riéndose, extenuada por un partido asesino a nivel mental y nervioso pero con la alegría llenando sus poros. El martes, semifinal olímpica ante Suecia, va a jugar por primera vez en su vida en el Maracaná.

"Nunca lo soñé, nunca pensé que podía jugar en el Maracaná", dice y los ojos marrones parecen salírsele de las órbitas. "Va a ser un momento increíble que no sé cómo explicar. El Maracaná es el símbolo del fútbol brasileño. Zico, Ronaldo, todos... Tengo que estar adentro para saber lo que es".

Sabe que tiene que mantener la cabeza en hielo -"debemos hacerlo, Suecia va a ser un partido muy difícil, no importa el 5-1 de la primera fase, contra Estados Unidos jugaron muy bien y también lo harán contra nosotras"-, pero es muy fuerte para todas lo que les está pasando a nivel emocional. Juegan como no les pasa nunca: en estadios con decenas de miles de brasileños.

Y para ellas no está siendo una presión, todo lo contrario: "Estamos muy bien trabajadas de la cabeza. ¿Por qué? Es el hincha, el país el que nos motiva. Nosotras luchamos mucho porque la hinchada nos pasa una energía muy muy grande. Son muchas personas alentando, eso hace la diferencia. Yo nunca jugué con tanta gente. Uffff -resopla como para oxigenar las emociones-, se me pone la piel de gallina. Es muy emocionante para nosotras. Los chicos juegan siempre con 50, 60 mil personas, pera nosotros no. Tenemos ese público en todos lados. Y ahora viene el Maracaná, que va a ser mucho más".

Marta, polivalencia y potrero
Como ejemplo de la fortaleza mental que sienten pone el partido en Belo Horizonte ante Australia, cuando un huracán de jugadas de gol, muchas lideradas por ella, terminaron en las manos de Lidya Williams o en el uhhhhh de la tribuna. Primero en los 90 reglamentarios y después en los 120. "No podíamos hacer un gol, pero iba a salir naturalmente. Sabíamos que íbamos a terminar ganando. No dudé nunca, ni cuando Marta erró su penal".

Justamente Marta, la jugadora que soñaba ser Andressa mientras jugaba con sus amiguitos en la calle. Cuando compartió por primera vez vestuario con ella, con Cristiane y Formiga, sus ídolas, no daba crédito. Tenía apenas 20 años. "Cuando las conocí fue un shock. No me lo creía. Me quedaba mirando.. 'Marta, Cristiane...' -susurra y mira como si estuviese viendo apariciones una vez más- No podía creerlo. Y ahora somos amigas las tres, vivimos juntas. Nunca pensé que podía estar acá con ellas jugando el mejor evento del mundo".

Con verla en el campo es fácil saber por qué está aquí, por qué jugó la Copa Mundial Femenina de la FIFA Canadá 2015™, por qué acaba de firmar contrato en el FC Barcelona tras pasar un año en el Montpellier. Tiene un tranco mortal, lectura de juego y espacios, una zurda preciosa y carácter para repartir. Si la estética juega su juego, las medias a media asta, enrolladas adentro de la canillera, como usa a veces, no dejan lugar a dudas: lleva el potrero adentro.

"Tener a Andressa en un torneo de planteles con 18 jugadoras es como tener uno de 22", la elogió el seleccionador Vadão. Ha jugado de lateral izquierda, de mediocampista central, de centrodelantera o, como en estos partidos, en posición de ataque pero arrancando desde atrás. Lo único que le falta es jugar el martes en el Maracaná con una cabecita de muñeca.