Cuando en 1988 el matrimonio Asllani dejó su tierra junto a sus dos niños pequeños para buscar suerte en Suecia, un tercer hijo era un proyecto. Un año después, en Kristianstad, nació una niña, sueca por lugar de nacimiento pero con sangre 100 por ciento kosovar. Y claro, la llamaron Kosovare. Lo que no podían sospechar es que 27 años después, casualmente en los primeros Juegos Olímpicos en los que Kosovo participa como nación independiente, iba a ganar una medalla olímpica defendiendo la camiseta sueca pero poniendo bien en alto la bandera de sus padres.

"Estoy muy orgullosa de jugar por Suecia y tengo a Kosovo en mi corazón. Mi familia entera, todos ellos son de Kosovo, así que esta medalla será tanto para Suecia como para Kosovo. Los dos están en mi corazón", le dice Kosovare Asllani a FIFA.com minutos después de dar el golpe en el Maracaná eliminando a Brasil y asegurandose como mínimo la plata en el Torneo Olímpico de Fútbol Femenino Río 2016.

Es una de las últimas en irse de un vestuario que se llenó de música para festejar pero del que ella, todavía con el 9 en la espalda, salió unos minutos para buscar mejor señal: la videoconferencia a través del móvil con sus seres queridos no podía esperar más.

El viernes jugará "el partido más grande de mi vida" pero no sólo por la gloria deportiva que significará, sino también por cómo puede repercutir su ejemplo entre la comunidad de niñas y jóvenes inmigrantes o descendientes de.

Una historia de vida como ejemplo
"El futbol femenino sueco tradicionalmente ha sido un deporte para la clase media blanca, pero esto está cambiando ahora mismo. Kosse Asllani está mostrando a la nueva generacion que sí es posible llegar a la seleccion aunque tú o tus padres tengan su origen fuera de Suecia. Ella está siendo importante no sólo por lo que hace dentro de un campo", le cuenta a FIFA.com la periodista y escritora sueca Anja Gatu, que escribió junto a Kosovare y Maria Källström dos libros para niñas con la historia de la delantera.

"Pasa la pelota, grita Kosse" y "¡Qué golazo, Kosse!" son libros importantes "para crear nuevos ídolos para los jóvenes", afirma Gatu, y con ellos "aprenden que tambien las jugadoras de los olimpicos han sido chicas con todo lo que eso significa, como por ejemplo que aunque seas muy tímida puedes ser futbolista profesional cuando seas mayor".

Asllani debutó en la selección sueca en 2008 con apenas 18 años y desde entonces su figura no ha parado de crecer en el país. La referencia periodística de ser la Zlatan de las chicas -por ser goleadora, por su sangre balcánica, por haber jugado en el PSG, por no tener pelos en la lengua- ha ayudado a su fama, pero la esencia de su popularidad está en su condición de referente de vida para la comunidad inmigrante, principalmente la kosovar. Que la haya contactado una editorial es muestra de eso. La repercusión de los libros, también.

"Recibí muchos mensajes de padres diciendo que soy una gran modelo a seguir para sus niños y niñas aún sin haberme visto jugar, sólo porque leyeron el libro", revela Kosovare. "Es muy importante eso, especialmente con las chicas que juegan al fútbol y tienen familiares extranjeros".

Llegar a un partido como el del viernes contra Alemania después de su historia personal, también de haber caído dolorosamente en este torneo ante Brasil en primera ronda por 5-1 y haberse recuperado para eliminar a “dos equipos de clase mundial” como Estados Unidos y la propia Brasil, es un mensaje que la jugadora del Manchester City espera que cale en las nuevas generaciones.

"Jugar una final olímpica es un gran sueño para mí. Ellas verán mi logro y, cuando ves a un modelo tuyo haciéndolo bien, quieres hacerlo bien. Ojalá las haga soñar también", dice Kosovare, casi con un nudo en la garganta.

"Aún cuando pasé por momentos duros en mi carrera, siempre luché por todas las chicas que tienen origen extranjero en Suecia. Ellas encendieron un fuego en mi corazón cuando fue difícil para mí", cuenta apretando la cara para no llorar. "Me hicieron querer hacer mucho más. Me verán conseguir uno de mis sueños y ojalá puedan entender que ellas pueden hacerlo también con mucho esfuerzo".

No hace falta explicar sus ojos vidriosos pero igual le sale de adentro: Hablar de ellas me pone más sensible".

Mentalidad de hierro y orgullo kosovar
Hubo un momento especialmente difícil en su carrera, que ya la llevó por Estados Unidos, Francia y ahora Inglaterra, que fue cuando quedó fuera del plantel que jugó la Copa Mundial de la FIFA Alemania 2011. Algunas dudas rondaron por su cabeza.

"Siempre tienes algunos momentos en tu carrera en los que te preguntas cosas, si vale la pena porque estás poniendo tu corazón, tu alma y tu vida cuando juegas al fútbol. Desde lo más profundo de mi corazón, siempre quise jugar al fútbol. Y siempre creí en mí. A veces es difícil, pero sigues yendo para delante, entrenando y trabajando. Si lo haces, vas a volver más fuerte que nunca".

Inspirada en su fortaleza de espíritu y en la cantidad de inmigrantes para la que es una referente, Kosovare está a una final de saber si ganará una medalla de oro o de plata. Nada quiere más que imitar a Majlinda Kelmendi, la judoca que el 7 de agosto ganó el primer oro olímpico de la historia de Kosovo en la categoría de 52kg: "Ella hizo sentir orgulloso a todo el país y yo espero hacer lo mismo".