Tras las oportunidades de gol de las que disfrutan las delanteras siempre hay alguna centrocampista dispuesta a trabajar para fabricarlas. Antes de golear a Zimbabue por 6-1 en la tercera jornada de la fase de grupos del Torneo Olímpico de Fútbol Femenino Río 2016, Australia creó ocasiones suficientes para ganar sus dos partidos anteriores en el Grupo F, pero no las aprovechó y tuvo que conformarse con una derrota ante Canadá y un empate frente a Alemania.

Si la selección australiana jugó a buen nivel no fue sólo por la agresividad de futbolistas como Caitlin Foord, Samantha Kerr y Lisa De Vanna, sino también por la claridad que Elise Kellond-Knight aporta en la construcción del juego. La dorsal número ocho será un pieza fundamental para el combinado aussie este viernes en su duelo de cuartos frente a Brasil; una reedición del choque que ambas selecciones disputaron en la Copa Mundial Femenina de la FIFA Canadá 2015, además de una oportunidad de desquitarse de la derrota que sufrieron entonces las hoy anfitrionas.

“Sabemos que en ataque generamos mucho peligro, como hemos demostrado en lo que va de competición. El problema es que en los dos primeros partidos nos faltó acierto en la definición. Creamos muchas oportunidades, pero no conseguimos que se reflejasen en el marcador”, declara a FIFA.com. “Con todo, lo importante es seguir generando peligro”, añade.

Una Matilda europea
Elise, centrocampista defensiva, contribuye a dar solidez a la zaga australiana, pero es a la hora de atacar cuando más brilla. No en vano, la futbolista del Turbine Potsdam alemán es la encargada de marcar el ritmo del juego australiano y lo hace con gran eficiencia, demostrando una gran capacidad tanto para el pase en largo, con cambios de orientación y balones colgados al área, como para el juego de combinaciones rápidas y en corto que buscan ganar metros con la pelota controlada.

En cualquier caso, Elise no está sola en la sala de máquinas del combinado australiano. A su lado destaca también Katrina Gorry, una jugadora de sólo 1,54 metros de estatura que se caracteriza por su incansable movilidad y su omnipresencia en la zona ancha. Cada una con sus virtudes, las dos centrocampistas se complementan a la perfección y exhiben además una extraordinaria compenetración que empezaron a cultivar cuando compartían vestuario en el Brisbane Roar. “Jugamos muchas temporadas juntas, hasta que el año pasado me fui a Alemania. Tenemos una buena conexión y nos hacemos mejores mutuamente”, explica la única integrante de la selección australiana que milita en el fútbol europeo.

Elise, que el jueves cumplió 26 años, afirma que su primer año en la Bundesliga alemana ha servido para “abrirle los ojos”. “Es un desafío para mí. En Alemania se juega un fútbol muy físico y tuve que esforzarme mucho. Me ha tocado adaptarme y hacer que mi juego sea más táctico y técnico, pero también he aprendido a ser más directa”, revela. La centrocampista piensa que la presencia de más jugadoras australianas en Europa resultaría beneficiosa para su selección, pero reconoce que el hecho de que los calendarios sean diferentes no ayuda. “Desgraciadamente, las ligas europeas no son por ahora compatibles con la australiana, así que tienes que decidir entre quedarte en casa y seguir consolidando nuestro campeonato e irte a Europa para que tu juego evolucione”, explica.

En el próximo compromiso de las Matildas, nuestra protagonista necesitará echar mano de toda su experiencia y talento para hacer frente a un rival muy complicado: Brasil. Medirse a la selección anfitriona siempre resulta especial, más todavía si se trata de una eliminatoria a partido único. Además, la rivalidad entre Brasil y Australia no hace sino aumentar la expectación ante el duelo de cuartos. Y es que el de Belo Horizonte será el cuarto duelo consecutivo que ambas selecciones disputen en un gran certamen internacional, poco más de un año después de que las australianas venciesen a las brasileñas por 1-0 en los octavos de final de Canadá 2015.

Aires de revancha
En aquella ocasión, Elise fue nombrada mejor jugadora del partido. “Ya nos hemos enfrentado a Brasil varias veces, dos de ellas el año pasado. Sabemos que podemos ganar, pero esta vez las brasileñas tienen el factor campo a favor, así que son ellas las que parten como favoritas. En cualquier caso, creo que estamos ante una gran oportunidad de hacer algo importante”, asegura.

Durante la fase de grupos, las entradas se agotaron en todos los partidos de la selección anfitriona, así que Elise espera un Mineirão lleno hasta la bandera. “Creo que nunca he jugado ante tanta gente, así que este encuentro es para mí una oportunidad de vivir algo con lo que soñaba cuando era pequeña. No me imagino lo que puede ser disputar un partido así. Ya es difícil oír a tus compañeras sobre el campo con 20.000 personas en las gradas, así que con 60.000 va a ser algo surrealista”, añade.

Ante un reto de semejante magnitud, lo mejor sería tener el acierto que Australia mostró contra Zimbabue y olvidar las frustraciones de los dos primeros partidos. “Así es el fútbol, ¿no crees? Siempre esperas que la suerte acompañe, y ojalá eso ocurra cuanto antes, sobre todo ahora que todos los partidos son decisivos. Esperemos que la diosa fortuna nos sonría para que la balanza se incline de nuestro lado”, concluye.