Estaba sentada en las gradas de un gimnasio del distrito neoyorquino de Queens sin esperanzas de jugar. Previamente había participado en unos cuantos partidillos improvisados con esos chicos, pero una vez que empezaba a disputarse en invierno la liga regional de fútbol sala, surgía una barrera invisible entre ella y la competición. Demasiada intensidad por haber premios en metálico en juego... no parecía el lugar apropiado para una chica. Hasta que un día, el equipo de su novio la necesitó. Necesitaban a Allie Long…

El equipo disputaba la final de un torneo y, uno de sus jugadores vio una tarjeta roja. Entonces, los espectadores empezaron a corear: “¡Blanquita! ¡Blanquita!”. En una situación desesperada, el equipo le pidió que jugase. Y ella estaba lista. Sus botas de fútbol sala siempre estaban en el coche. Al regresar al gimnasio, el árbitro, sorprendido, le preguntaba si en serio quería jugar.

Y a falta de dos minutos para el final, Long se internó corriendo en campo contrario y recibió un pase largo en paralelo. Desde un ángulo escorado, enganchó un disparo y marcó el gol de la victoria.

“Estaba plenamente decidida a hacer algo diferente a lo que hacían los demás”, afirma Long en una entrevista exclusiva para FIFA.com. “Quería asumir el reto. A veces recibía el balón y ellos retrocedían dos metros, y yo les decía: ‘No pasa nada, podéis jugarme como a un chico; no me importa’. Recuerdo que un chico me dio un codazo en la cara y dijo: ‘¡Vete a jugar con muñecas!’. Era así de intenso. Yo simplemente me reí, y eso es lo que siempre le preocupa a mi novio”.

Disputar las ligas masculinas de fútbol sala en los estrechos gimnasios de institutos durante los inviernos en Queens ha sido esencial en la formación de la estadounidense Allie Long. Hoy, la tenaz centrocampista defensiva es una de las razones por las que las Barras y Estrellas han ganado sus dos primeros partidos en el Torneo Olímpico de Fútbol Femenino Río 2016 sin recibir ningún gol.

Hasta el pasado invierno, Allie jugaba al fútsal en esos gimnasios, donde la gente bebe cerveza a un metro escaso de la línea de banda, y en las gradas hay familias enteras comiendo, mientras resuena en el ambiente música hispana.

¿Qué dicen ahora los chicos de Queens, al ver a Long en los Juegos Olímpicos? “Espero que digan: ‘Puedo asegurar que juega con chicos’”, contesta Long. “Justo después del partido contra Francia recibí algunos tuits que hablaban de (Wendie) Renard y de cómo me empujaba cuando la estaba marcando. Era algo recíproco, claro. Mucha gente hacía comentarios del tipo: ‘¡Olé, te mantuviste firme! Me imagino que jugar con esos chicos debe haberte ayudado”.

Allie, nacida en Long Island hace 28 años, define su forma de jugar como un estilo puramente neoyorquino. “Quiero dominar mi zona”, asevera. “Quiero que a la gente no le guste entrar al cruce conmigo. En Nueva York hay ese ambiente, y yo lo he hecho propio. Es una actitud fuerte, dura, que no tolera tonterías de nadie. Yo siempre he sido así. Si noto que el contrario se siente un poco intimidado, me gusta. Eso me estimula”.

La última gran cita internacional de Long fue la Copa Mundial Femenina Sub-20 de la FIFA en Rusia 2006. Desde entonces, tuvo que soportar varias lesiones y la frustración de no ser convocada con la selección cuando ella consideraba que estaba más que preparada. Pero resistió y triunfó.

“He tenido fe”, resalta Long. “Simplemente tengo fe, y rezaba por que llegase este momento. Creía que iba a suceder. Estaba entrenándome muy duro. Siempre he creído que el trabajo que realizas dará sus frutos. Esta pretemporada trabajé exageradamente duro. Pero una y otra vez no me convocaban y, lógicamente, como ser humano, había veces que pensaba: ‘¿Pasará alguna vez?’”.

Los escépticos le habrían dicho a Long que acudir a los Juegos Olímpicos era imposible, pues Estados Unidos acababa de ganar el Mundial y no parecía que el equipo necesitase retoques. Pero Long perseveró y siguió creyendo.

Ahora, mientras Estados Unidos se prepara para su último encuentro de la liguilla, contra Colombia en Manaos, la centrocampista se ha fijado una meta más alta. “Quiero servir de inspiración a las próximas generaciones”, proclama. “Quiero inspirar a las chicas que no entren en las convocatorias, o sean descartadas, o no tengan el camino más fácil. Quiero hacerlas creer en sí mismas y ser un modelo a imitar en ese sentido. Quiero acudir al próximo Mundial y a los próximos Juegos Olímpicos. Quiero que estos próximos cuatro años sean los mejores cuatro años de toda mi carrera”.