En un país como Brasil, donde el fútbol ofensivo es prácticamente una obsesión, poca gente juega de defensa por decisión propia. En general es la posición de central la que elige al jugador o jugadora en virtud de su estatura, su movilidad o, simplemente, por necesidad del entrenador.

La necesidad fue precisamente lo que hizo que Rafaelle pasase de luchar por ser la lateral izquierda titular de la selección brasileña a jugar de improvisada central. A partir de ese momento, la internacional no tardó en convertirse en indiscutible en el once, dueña del dorsal número 4 y pareja de Mónica en una zaga que sólo ha cedido un gol en los dos partidos que Brasil ha disputado hasta la fecha en el Torneo Olímpico de Fútbol Femenino Río 2016

“Como dice el seleccionador, Rafaelle ha sido todo un descubrimiento”, declara a FIFA.com Mónica, defensa central de 29 años. “En la preparación para el Mundial 2015 perdimos a Bruna Benites, nuestra capitana, y no teníamos sustituta. Rafaelle jugaba de lateral y tenía la fuerza y la estatura necesarias, así que probamos con ella. No se arrugó ante el reto y hoy se ha convertido en central. Tenemos una gran compenetración y con una mirada sabemos qué va a hacer y dónde se va a posicionar la otra”, explica.

“Cuando yo jugaba de lateral y ella de central ya estábamos cerca, así que no me resultó difícil adaptarme a la nueva posición. En cualquier caso, sigo formando parte de una defensa de cuatro”, asegura Rafaelle. Lo más difícil fue reprimir la tentación de lanzarse al ataque como en los tiempos en los que ocupaba el lateral. “Tener que guardar la posición es duro. A mí me encantaba irme arriba. Si me dejasen, me metería con el balón dentro de la portería”, reconoce.

Rutas alternativas
Su periplo hasta el centro de la defensa no es el único aspecto singular en la carrera de Rafaelle Leone Carvalho Souza. Al contrario que la inmensa mayoría de las chicas brasileñas que reúnen el valor para embarcarse en la aventura de jugar al fútbol, nuestra protagonista tuvo la oportunidad de dedicarse exclusivamente a los estudios en la pequeña localidad de Cipó, en el nordeste del estado brasileño de Bahía. De hecho, la intención de Rafaelle era dar prioridad a los estudios en detrimento del fútbol, hasta que, en 2010, ambas facetas de su vida acabaron por converger.

El mismo año en el que fue admitida para cursar ingeniería en la Universidad Estatal de Bahía, Rafaelle recibió la llamada de la selección brasileña para disputar la Copa Mundial Femenina Sub-20 de la FIFA Alemania 2010. Su actuación llamó la atención de la comisión técnica de la Universidad norteamericana de Mississippi. “Leah Lynn, que era compañera mía en aquel equipo y cuyo padre es estadounidense, les pasó mi contacto”, relata Rafaelle. “La universidad me dio una beca y eso me ha permitido hacer ambas cosas a lo largo de los últimos cuatro años: seguí jugando al fútbol y estudié ingeniería civil”, explica.

Todas estas circunstancias poco comunes hicieron que Rafaelle se ganara una reputación especial dentro del vestuario del combinado brasileño. Al fin y al cabo, se trata de la lateral que se ha convertido no sólo en central, sino también en ingeniera.

“Las chicas dicen que estoy loca, porque no entienden cómo me pueden gustar las matemáticas, la física... Aseguran que cuando hagan una casa me van a llamar para que me encargue del proyecto”, revela con una sonrisa tímida en el rostro. “Es divertido, porque parece que todo eso hace que me tomen más en serio. Y la verdad es que yo misma soy bastante seria. Creo que, de alguna manera, el estudio contribuye a desarrollar la disciplina”, explica.

En un equipo que juega con una delantera de cuatro jugadoras y con centrocampistas y laterales que ayudan arriba es positivo que las futbolistas que actúan en defensa busquen ser firmes y disciplinadas. A fin de cuentas, por mucho que se hable de los ocho goles que las pupilas del seleccionador Vadão anotaron en sus dos primeros partidos en la cita olímpica, todo ese potencial ofensivo sólo es posible en parte gracias a la zaga.

“El equipo sólo funciona si tiene equilibrio. Para eso estamos aquí precisamente, para hacer posible que el ataque funcione”, resume Mónica. “Las que jugamos en defensa no suscitamos tanta atención como Marta o Cristiane, pero, francamente, a mí eso me da igual. Lo que quiero es que nuestras jugadoras de ataque brillen cuanto más mejor. Y eso es precisamente para lo que nosotras las centrales estamos aquí”, concluye.

“Nosotras las centrales”… Al oír a Rafaelle incluirse en esa categoría con tanta naturalidad resulta difícil imaginar que bajo su camiseta con el dorsal número cuatro hay nada menos que una lateral y una ingeniera.