Los expertos en fútbol femenino coinciden en que Suecia es uno de los grandes de este deporte. No en vano, la selección de este país escandinavo de casi diez millones de habitantes ha dejado huella en el fútbol femenino de este inicio de siglo con sus portentosas actuaciones. Entretanto, el Umeå IK se consolidó como uno de los clubes más poderosos del fútbol europeo. Estos éxitos tienen mucho que ver con un nombre: Hanna Ljungberg.

La talentosa atacante disputó a lo largo de su brillante trayectoria, entre 1996 y 2008, un total de 130 partidos como internacional, en los que anotó la impresionante cifra de 72 goles, todo un récord en su país, aunque ya ha sido batido por Lotta Schelin. Su talento no tardó en llamar la atención de los técnicos de la selección, que la hicieron debutar en la absoluta con sólo 17 años. Era el principio de una carrera que llevaría a Ljungberg a proclamarse subcampeona del mundo en 2003 y de Europa en 2001, además de mejor jugadora sueca del año 2002. El hecho de que, al igual que a otros grandes futbolistas de su país, se le dedicase un sello con motivo del centenario de la Asociación Sueca de Fútbol, demuestra hasta qué punto es valorada en su patria esta jugadora.

Gran olfato de gol y mala suerte con las lesiones
Ljungberg, nacida el 8 de enero de 1979, se reveló como una futbolista insustituible para su selección, sobre todo en el camino hacia la final de la Copa Mundial Femenina de la FIFA Estados Unidos 2003. La atacante marcó tres goles y dio una asistencia, y pocos meses después obtuvo el tercer puesto en la votación para elegir a la Jugadora Mundial de la FIFA de ese año. Defendiendo los colores del Umeå, hizo historia también en varias ocasiones. Con el club de su ciudad natal, Ljungberg ganó siete veces la liga sueca y marcó nada menos que 196 goles en 227 partidos en la competición. En la temporada 2002 anotó 39 tantos, lo que supone una impresionante media de 1,78 goles por partido.

En agosto de 2009, Ljungberg anunció su retirada del fútbol después de sufrir una segunda rotura de ligamentos en la rodilla derecha. Es de suponer que esta histórica jugadora sueca podría haber logrado muchos más éxitos de no haber tenido tan mala suerte con las lesiones. En 2006, tras sufrir un fuerte golpe en la cabeza, la ariete tuvo que guardar cama durante varias semanas en una habitación medio a oscuras, sin poder hablar por teléfono ni encender la televisión. Este período de inactividad, junto con una contractura muscular que sufrió poco antes de la Copa Mundial Femenina de la FIFA China 2007, impidió a Ljungberg llegar en plena forma a aquella cita mundialista, y Suecia no pudo pasar de la fase de grupos.