Sun Wen, muy posiblemente la mejor futbolista china de la historia, figura también entre las mejores del mundo por su excepcional talento y sus exhibiciones extraordinarias en los escenarios internacionales. En 13 años de carrera ganó numerosos premios con la selección de China, incluido el segundo puesto en la Copa Mundial Femenina de la FIFA Estados Unidos 1999. Estos logros le granjearon el máximo galardón individual del mundo del fútbol: el título de Jugadora del Siglo de la FIFA, que comparte con la ex estrella de la selección de Estados Unidos Michelle Akers.

Nacida el 6 de abril de 1973 en Shanghai, Sun Wen empezó a jugar al fútbol a los ocho años en una escuela deportiva de su ciudad. La delantera dio tan rápidamente tantas muestras de su talento que llegó a la selección absoluta con 17 años recién cumplidos. No tardó mucho en conquistar la titularidad en el equipo del entrenador Shang Ruihua. Sun figuró de forma destacada en la edición inaugural de la Copa Mundial Femenina de la FIFA, China 1991, durante la que formó parte del once inicial en los cuatro partidos que disputó China y vio puerta en el empate a 2-2 contra Dinamarca, de camino a cuartos de final.

Cuatro años después, Sun se convirtió en la líder indiscutible de su equipo en la segunda edición del certamen mundial, Suecia 1995. Los progresos que había efectuado la selección quedaron patentes cuando China se impuso a equipos de la talla de Dinamarca o Suecia para plantarse en semifinales, donde cayó ante Alemania por un único gol. Sun volvió a impresionar al mundo en el Torneo Olímpico de Fútbol femenino en Atlanta 1996, y espoleó a su equipo hasta llegar a la gran final, que perdió a manos de la selección anfitriona, Estados Unidos. El puesto de subcampeonas es hasta la fecha el mejor resultado de las chinas en todas las máximas competiciones internacionales.

En aquellos momentos, sin embargo, el mundo no había visto todavía lo mejor de Sun. La delantera llegó a la siguiente Copa Mundial Femenina de la FIFA en un estado de forma soberbio. En aquella fase final, Sun anotó siete goles, que espolearon a China al segundo puesto y sirvieron a su autora para conquistar el Balón de Oro adidas. En la final, China volvió a perder contra Estados Unidos, pero Sun y sus compañeras de equipo se ganaron el sobrenombre de Rosas de Acero por su espíritu combativo.

En sus días de gloria, la dotada dorsal número 9 era una fuerza imparable sobre el terreno de juego, que encandilaba por igual a rivales y seguidores con su maestría sublime. Por su asombroso olfato para el gol y su destreza para marcar con ambos pies, se convirtió en una pesadilla constante para las defensas.

El público chino adoró a Sun a lo largo de su carrera, pero la jugadora mantuvo siempre una humildad y una discreción capaces de desarmar a críticos y a rivales.

La actual directora técnica de la Asociación de Fútbol de Shanghái ha hecho suya la misión de traspasar sus conocimientos futbolísticos a la próxima generación. Vivió con gran decepción que su selección no clasificara para Alemania 2011, pero ahora mira con ilusión los nuevos retos que se le plantean a las Rosas de Acero. "El éxito surge del trabajo duro", es su consejo y filosofía.