Aunque los vestigios de presencia humana en el lugar se remontan a la Prehistoria, la ciudad de Le Havre es relativamente joven. Fundada en octubre de 1517 por el rey Francisco I, se desarrolló esencialmente gracias a la actividad de su puerto en los siglos XVIII y XIX. Pese a haber sufrido con dureza los bombardeos de la II Guerra Mundial en 1944, la ciudad supo resurgir con entusiasmo y dinamismo. El centro urbano de Le Havre, casi destruido por completo, fue reconstruido según los planes del arquitecto Auguste Perret entre 1945 y 1964; con tal éxito que, desde 2005, figura en el Patrimonio Mundial de la Humanidad de la UNESCO.

La ciudad normanda, situada en la orilla derecha del estuario del río Sena y a 200 kilómetros de París, posee el segundo puerto más importante de Francia tras el de Marsella por tráfico total, y el primero por tráfico de contenedores. La cultura obrera y marítima está muy presente en Le Havre, que, no obstante, ha experimentado un desarrollo considerable en el sector terciario y de las nuevas industrias.   

Pese a su importante parque industrial, Le Havre es, según un estudio, el municipio menos contaminado de Francia, lo que le ha valido para recibir numerosas etiquetas ecológicas, incluida la bandera azul para su playa. Además de sus numerosas zonas verdes, como el bosque de Montgeon, el parque de Rouelles, los jardines del Priorato de Graville y los jardines colgantes, Le Havre propone también una rica oferta cultural, simbolizada por el Museo de Arte Moderno André Malraux (o MuMa).

Fútbol
El deporte posee una larga tradición en Le Havre, y el fútbol ocupa un lugar destacado. No en vano, el Le Havre Athletic Club, fundado en 1872, es el decano de los clubes franceses de fútbol y de rugby. Si bien el palmarés no está a la altura de su historia, el HAC y su cantera pueden presumir de haber forjado a numerosos internacionales franceses; entre ellos Lassana Diarra, Paul Pogba, Ibrahim Ba, Jean-Alain Boumsong, Vikash Dhorasoo o Steve Mandanda.