La sociedad alemana se caracteriza por una mentalidad abierta hacia el exterior, y por la cooperación y convivencia de culturas en el interior. Históricamente, tras su fundación en 1949, la República Federal de Alemania se ha integrado como miembro de pleno derecho de la Comunidad Europea. Durante la primera mitad de 2007, la Canciller Angela Merkel ocupó la presidencia del Consejo Europeo.

La alegría por la llegada de visitantes procedentes de todo el mundo quedó más patente que nunca durante el verano de 2006. Después de los 64 partidos de la Copa Mundial de la FIFA 2006, que se celebraron durante un mes de animados y pacíficos festejos en los centros de las metrópolis alemanas, y de la visita de cerca de dos millones de personas, el Ministro del Interior alemán, Wolfgang Schäuble, hacía balance: "Esta Copa Mundial ha sido una verdadera campaña contra la xenofobia y a favor de la integración. De pronto se ha visto lo amable que puede ser Alemania. Rara vez habrá presentado nuestro país un aspecto tan colorido".

La celebración internacional coincidió con un patriotismo sin complejos ni tapujos, que encontró su expresión más plena. "Nosotros los alemanes ya somos campeones del mundo en cuanto a escrúpulos; ése es un título indiscutible que tenemos", diagnosticó el Premio Nobel de Literatura Günter Grass, para después expresar su sorpresa ante la evolución del certamen: "Y luego todo salió de una manera muy distinta. Muy jubilosa, muy desenvuelta. Los alemanes incluso estaban dispuestos a mostrar su bandera con alegría".

El país se abrió al exterior y creció en armonía interior. Los turcos residentes en Alemania celebraban entusiasmados las victorias de los hombres de Klinsmann ondeando la bandera negra, roja y amarilla por la Kurfürstendamm, una de las avenidas más famosas de Berlín. Alemania se convirtió en un "cuento de verano", título de un famoso documental sobre la cita mundialista del director Sönke Wortmann en consciente contraste con el clásico Un cuento de invierno que escribió Heinrich Heine.

Este internacionalismo revelador del carácter nacional cada vez más abierto, especialmente conspicuo entre la juventud, predestinó a Alemania a la organización de la Copa Mundial Femenina de la FIFA 2011.

Ya la geografía y la demografía propician la buena vecindad: en los 357.000 kilómetros cuadrados que Alemania ocupa en el centro de Europa, en directa vecindad con otros nueve países, viven cerca de 82 millones de personas, 7,3 millones de las cuales tienen pasaporte extranjero.

De los residentes con otras nacionalidades, los turcos son el grupo más numeroso, con cerca de 1,76 millones. Las demás comunidades de extranjeros provienen principalmente de la Comunidad Europea, sobre todo de Italia (540.000), Polonia (326.000) y Grecia (309.000). Pero la composición étnica de la población no sólo se mide por el pasaporte. Los expertos calculan que, en total, cerca de una quinta parte de la ciudadanía es de origen inmigrante.

La Asociación Alemana de Fútbol (DFB) se ha propuesto de forma deliberada promover la integración. La DFB ha enviado una inequívoca señal contra la xenofobia con la concesión del Premio Julius Hirsch 2006 a dos eficaces proyectos antirracistas destinados a los seguidores. En diciembre de 2006, el Consejo de la DFB nombró a Gül Keskinler, nacida en Estambul, Directora de Integración para el Asesoramiento de la Junta Directiva.