Los monumentales edificios de Alemania ponen la historia al alcance de la mano y permiten contemplar el esplendor de las estirpes principescas del pasado. Por ejemplo, son mundialmente conocidos el Wartburg de Turingia y el Palacio Neuschwanstein de Baviera. El Sababurg (el auténtico "palacio de la Bella Durmiente") acoge festivales teatrales todos los veranos, mientras que el castillo del caballero de Berlichingen en Jagsthausen, convertido en hotel, invita al visitante a vivir noches de ensueño.