Por su aspecto ligeramente nostálgico, esta famosa silla de mimbre característica de las playas norteñas nos transporta al siglo XIX. Sirve para protegernos del sol, del viento o de la lluvia, y es el lugar perfecto para mantener una animada conversación. En la cumbre del G-8, la Canciller alemana, Angela Merkel, invitó a sus huéspedes, desde Sarkozy a Putin, a tomar asiento en estas sillas.

