La obra maestra del obrero Girard
© AFP

“Siempre digo que soy un obrero del fútbol”. Así se define René Girard, entrenador del Montpellier Hérault Sport Club. Sin embargo, el año 2012 le ha permitido mostrar que el traje de arquitecto le sienta como un guante. A través de sus planes meticulosamente elaborados pudo edificar una auténtica obra maestra: el título de campeón de la liga francesa de 2012.

Al hacer balance del año que acaba de concluir, el técnico contempla sin falsa modestia los frutos del trabajo que emprendió en 2009, cuando se hizo cargo del club, recién ascendido a la Ligue 1. “No he dicho que fuese gracias a mí, ¡claro que no!”, explica en declaraciones a FIFA.com. “Todo el mundo lo hizo bien, y los jugadores son los principales artífices. Pero el fútbol enseña a ser humilde. También grandes entrenadores que han ganado muchas cosas se encuentran pronto en dificultades. Hay que ser comedido, pero también saber disfrutar de los buenos momentos. Así que reconozco mi participación en todo esto”.

Y Girard se equivocaría si se privase de ello, ya que supo transformar un equipo de la zona media de la tabla en una máquina de ganar. El Montpellier afrontaba la temporada 2011/12 tras acabar en un modesto 14º puesto el ejercicio anterior, y aspiraba, en el mejor de los casos, a hacerse con una de las plazas europeas. Así pues, al cosechar su última victoria en Auxerre, Girard y sus discípulos protagonizaron sin lugar a dudas una de las mayores sorpresas de la historia de la liga francesa.

Una trayectoria excepcional
“No sé si habremos insistido ya bastante”, se pregunta el antiguo centrocampista internacional francés. “Pero no me hace falta nadie para valorar en su justa medida lo que hemos conseguido. Si el París Saint-Germain es campeón este año quizás se hable más de él que el año pasado de nosotros. Pero fuimos campeones con unas estadísticas y un presupuesto excepcionales [el 14º del torneo], y es posible que el PSG merezca que se hable menos de él que de nosotros. Hemos intentado evaluar la dimensión de lo que nos ocurrió, pero no sé si en nuestro entorno los profesionales, la prensa, han podido comprender de verdad lo que conseguimos. Es una trayectoria excepcional”.

Ese término se queda corto, y el éxito no puede atribuirse únicamente a los fallos de los grandes. “Para un club como el nuestro, ser campeones de la liga francesa por delante de un equipo como el PSG, tras un mano a mano hasta la última jornada, vale su peso en oro”, continúa el ex entrenador de Nîmes y Estrasburgo, que durante un tiempo renunció a los banquillos para abrir un bar-estanco. “Pero tuvimos que luchar por nuestros 82 puntos, no nos los regaló nadie. Una cosa es segura, nuestro equipo no se había confeccionado para ser campeón de liga, otros sí. Pero con nuestra trayectoria, nuestro número de puntos, la mejor defensa, uno de los mejores ataques, el máximo goleador, fuimos ejemplares en muchos aspectos. Puede que no haya habido nunca un título tan merecido”.

Para construir este glorioso edificio, el obrero Girard tuvo que encontrar primero las herramientas adecuadas y tratar de deshacerse de otras, dejar atrás la imagen de un equipo sañudo, agresivo incluso, y no necesariamente en el buen sentido. “Siempre es igual, resulta difícil cambiar una imagen”, lamenta el estratega, ayudante de Roger Lemerre cuando la selección francesa conquistó la Eurocopa 2000. “No quiero pararme a hablar de eso, lo que mostramos fue, principalmente, que sabíamos jugar bien al fútbol, con un grupo de calidad, conservando al mismo tiempo algunos valores del club, las ganas y la generosidad. Ahora la gente me da las gracias por lo que pasó el año pasado. Vienen al estadio a divertirse, y vuelven porque saben que verán buen fútbol. Eso hace que la victoria sea aún más bonita”.

Cambio de discurso
Y el día siguiente más difícil… “Ha sido un buen año. No sé si el más hermoso de mi vida, pero no sé si viviré otros así”, comenta Girard, consciente de que, tras un mal inicio de temporada 2012/13, las esperanzas de revalidar el título se han desvanecido, al igual que el sueño europeo, ya que su primera participación en la Liga de Campeones de la UEFA se ha saldado con solo dos puntos en su casillero. “Sabemos que después de los momentos álgidos siempre hay baches”, reconoce el técnico, triple campeón de Francia con el Burdeos en su época de futbolista, y que asume ahora su papel. “El entrenador siempre tiene su parte de responsabilidad. A mi edad, y con mi experiencia, no se puede decir que la culpa es de los demás. Me replanteo todo continuamente”.

Uno de los cambios que ha acometido Girard son sus charlas de motivación. “En las primeras temporadas, y especialmente el año pasado, siempre decía a mis muchachos, para concienciarlos: ‘Todavía no han demostrado nada, todavía no han ganado nada”, señala. “No era una provocación, ni ninguna ironía, era la realidad. Ahora ya no puedo utilizar ese discurso con ellos. Ya han ganado algo, han demostrado que podían ser campeones de liga. Por lo tanto, hay que encontrar otras fuentes de motivación, otro enfoque para que todo el mundo esté de nuevo concentrado.

“Pero, en lo fundamental, no se cambia del día a la mañana. En este oficio uno pasa a ser cuestionado rápidamente, todo el mundo se alarma enseguida. Yo intento no perder el hilo, me enfundo el mono de trabajo”, concluye René Girard, sabedor de que es la ropa más adecuada para que un obrero siga construyendo cosas bonitas.