El Shaarawy, un joven Faraón en el trono
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El AC Milan ha encontrado un líder. Y eso que a comienzos de la temporada, con la marcha de Zlatan Ibrahimovic, Thiago Silva y más de diez jugadores clave, como Gennaro Gattuso, la afición rossonera no las tenía todas consigo. Pero la eclosión de Stephan El Shaarawy, tan repentina como espectacular, ha reavivado la ilusión.

Massimiliano Allegri se la jugó al depositar el peso de un club centenario sobre los hombros de un chaval de 20 años. Una apuesta como mínimo temeraria. Pero con 15 goles, 13 de ellos en la Serie A, no hay duda de que ha ganado el envite. El alumno ya ha hecho olvidar a su antiguo maestro. El Faraón brilla con luz propia.

Convertido en titular indiscutible, una decisión que ha apuntalado su confianza, e instalado por petición propia en el flanco izquierdo, El Shaarawy se ha adaptado rápidamente. Con cada encuentro ha ido ganando solidez y precisión, sin perder ni un ápice de su olfato. La temporada pasada fue el blanco preferido de Ibrahimovic. Pero en vez de dejarse llevar, analizó minuciosamente todos los comentarios y extrajo todas las lecciones, a sabiendas de que el sueco, lejos de tenerle manía, lo que hacía era transmitirle conocimientos muy útiles para su progresión como jugador. Esta asfixiante presencia también le sirvió de estímulo, aunque nunca dejó de reprender severamente a su compañero cuando este le reprochaba que no le había pasado el balón. "Zlatan está consumido por el deseo de vencer. He leído su autobiografía porque tenía curiosidad por entender su trayectoria en la vida y en la profesión. Quería comprender su ambición desmesurada", revela ahora.

Que el éxito no se suba a la cabeza
Aunque su ídolo es Ronaldinho, el estilo de juego de El Shaarawy se parece más al de Andriy Schevchenko debido principalmente a su feroz perseverancia, su voluntad de aprender y su sencillez. Además, se ha impuesto rápidamente en el vestuario. Al llegar a Milanello "tu vida cambia a la fuerza, sobre todo cuando, al igual que yo, has vivido siempre en ciudades pequeñas. Aquí he conocido a grandes campeones. Desde el punto de vista técnico, aprendí mucho con Ibrahimovic y Thiago Silva. Desde el punto de vista humano, en cambio, fueron más importantes Clarence Seedorf, Pipo Inzaghi y Massimo Ambrosini. Ellos me aconsejaron especialmente sobre la manera de organizar mi vida en Milán, sobre cómo debía comportarme fuera de la cancha, cómo elegir y escuchar a las buenas personas, la seriedad en los entrenamientos, la relación con los aficionados y una cierta moderación en mis apariciones públicas".

Curiosamente, su gran miedo no ha sido el fracaso, sino evitar que el éxito se le subiera a la cabeza: "Pensaba que sería fácil no caer en el exceso. Pero más bien al contrario, es muy duro. Cuando ves a un futbolista piensas '¿cómo puede ser tan presuntuoso?'. Pero cuando el aludido eres tú, y la gente no para de pedirte autógrafos y fotos, y los tienes siempre detrás, empiezas a tener la sensación de ser un fenómeno. Por suerte, tengo a mi padre que me obliga a mantener los pies en el suelo. Yo sigo siendo el mismo con todo el mundo, incluidos mis amigos de toda la vida de Savona. La única diferencia es que ahora el que paga la pizza soy yo".

Lejos de guardar rencor a su entrenador, Massimiliano Allegri, que el año pasado lo tuvo a menudo confinado en el banquillo, él recalca: "Tengo que darle las gracias. No es una persona que hable mucho, pero cuando lo hace, te da siempre buenos consejos, tanto en el ámbito futbolístico como humano".

"Cuando llegó aquí, tenía un montón de problemas. Hoy, a sus 20 años, demuestra una sorprendente madurez. Es uno de los mejores jugadores del mundo, junto con Neymar, en su misma franja de edad", afirma el vicepresidente del club, Adriano Galliani.

Olfato goleador y satisfacer al público
Delantero titular de la Nazionale el pasado 14 de noviembre contra Francia (1-2), junto a Mario Balotelli, de 22 años, no perdió la oportunidad y marcó su primer tanto internacional. "Fue muy importante para mí, a pesar de que el gol no sirvió para derrotar a Francia, que tiene un equipo muy fuerte. Mi entendimiento con Balotelli es excelente. Me encuentro perfectamente con él, es un grandísimo jugador". El Shaarawy va a más con cada partido. Autor de 13 dianas en 16 jornadas de la Serie A (una media de 0,81 por encuentro), es capaz de marcar la diferencia desde todas las demarcaciones: con sus milimétricos centros desde el flanco izquierdo, con un disparo a larga distancia elaborado o potentísimo o desde la posición de delantero centro clásico.

También sabe ser oportunista, a imagen de Inzaghi, como el domingo en Turín (2-4) donde anotó el cuarto tras arrebatarle el balón al guardameta, después de haber dado el pase decisivo en el tercero. Ahora, aunque se enorgullece de mantener los pies en el suelo, el Faraón vuela, sobre todo en su feudo del estadio Giuseppe Meazza. "Es un lugar fabuloso. Es como un búfalo que resopla encima durante 90 minutos. Sobre el césped, lo sientes de una manera muy potente. Así que no paro de correr, sigo todos los balones, porque al final eso es lo que quiere la gente".

Ahora, Stephan El Shaarawy espera el parón invernal con impaciencia. Para cargar las pilas, por supuesto, pero también para que Massimo Ambrosini le pague lo que le debe. El capitán tuvo la mala suerte de apostar con él que no iba a marcar más de siete goles antes del mes de diciembre. El año que viene tendrá que subir la apuesta.<