Handanovic, otro gran portero para el Inter
© Getty Images

El Inter de Milán siempre ha tenido grandes guardametas, desde Giuliano Sarti hasta Julio César, pasando por Walter Zenga, Gianluca Pagliuca, Francesco Toldo o Ivano Bordon. Hoy, todas esas viejas glorias son unánimes: Samir Handanovic es digno de la portería nerazzurra. El esloveno, recibido con frialdad por unos tifosi que digirieron mal la marcha del emblemático Julio César, rápidamente les respondió sobre el césped. En unas semanas, se convirtió en titular indiscutible.

Handanovic, nacido en Liubliana, llegó bastante tardíamente al fútbol. Debutó a los 18 años con los juveniles del Domzale, club de la ciudad homónima del centro de Eslovenia. Dos años más tarde, en 2004, se fijaron en él los ojeadores del Udinese, el equipo más importante del Friuli (región italiana fronteriza con Eslovenia). Fieles a su política, los directivos de las Zebrette (“Pequeñas cebras”) formaron a su arquero durante tres temporadas cediéndolo sucesivamente a Treviso, Lazio y, sobre todo, Rímini, donde se erigió en el segundo mejor guardameta de la Serie B por detrás de un tal Gianluigi Buffon (en la campaña que pasó el Juventus en segunda división). 

Siempre regular, majestuoso por alto (donde sus 1,93 metros hacen maravillas, sin que su gran estatura le perjudique nada en sus prestaciones bajo palos), impresionante en sus salidas… Handanovic posee un repertorio muy completo. Este gran adepto del trabajo serio desprende una indiscutible fuerza tranquila, máxime teniendo en cuenta que nunca hace gestos exagerados a la hora de celebrar una parada espectacular o de enfadarse por un gol encajado. “En mi carrera, siempre he preferido no un portero que haga un milagro de vez en cuando, sino más bien uno que sea siempre regular. Handanovic es la serenidad, la sencillez y la eficacia. Tiene presencia y personalidad”, analizó Walter Zenga, un monumento como portero y, por lo general, poco pródigo en cumplidos.

Una nueva virtud en su repertorio
Así, tras consolidarse como titular en el Udinese, el esloveno imperó durante 5 temporadas y 179 encuentros, haciendo gala de una gran regularidad. De paso, añadió una nueva virtud a su abanico de cualidades al convertirse en un gran especialista en penas máximas. En efecto, de los 53 lanzamientos que tuvo que afrontar en el Udinese, detuvo 22; es decir, un porcentaje increíble del 41,5%.

Ese acierto dista mucho de ser una casualidad. En los entrenamientos, Handanovic realiza múltiples ejercicios basados en la capacidad de reacción, lo que le permite tener unos reflejos asombrosos para semejante masa corporal. “Tienes que apasionarte con lo que haces; debe ser un placer”, recalcó al referirse a los secretos de ese éxito. “Siempre hay un trabajo detrás, porque hay cualidades que tienes de forma innata y otras que adquieres a base de trabajo. Sin eso, no vas a ninguna parte”.

Otra forma de trabajo distinta a los ejercicios en los entrenamientos: el esloveno se pasa horas viendo DVD de sus rivales y, al término de un partido, es el primero en reclamar el vídeo del encuentro para analizar su actuación. “La tecnología es importante. Hay que estar a tono con tu época”, justificó. “Es algo que puede ayudarte, aunque a veces no influya de ninguna forma”.

La voz de la experiencia
Al comienzo de la presente campaña, cuando el Inter decidió aligerar su masa salarial y prescindir de Julio César (quien tenía el segundo sueldo más alto del club), inmediatamente se optó como sustituto por Handanovic, con unas pretensiones más que razonables y ya curtido en la Serie A. Tras un inicio de curso entorpecido por un problema de menisco, el portero internacional en 60 ocasiones tranquilizó rápidamente a todo el mundo, dando la impresión de haber estado siempre ahí.

“La adaptación ha sido tranquila”, consideró el cancerbero nerazzurro, cuyo primo Jasmin Handanovic también es portero, en las filas del NK Maribor. “No he tenido especiales dificultades para integrarme; sobre todo gracias a que mis compañeros han estado muy disponibles. He aprendido rápidamente a conocer a la plantilla, porque un guardameta debe comprender cuáles son las características de sus compañeros de equipo, estar bien con ellos y saber con qué puede contar en un partido”.

Los jugadores de campo, por su parte, también saben ya con lo que pueden contar. “Un buen portero es capaz de reportar de 17 a 18 puntos a su equipo en la liga”, estimó Giuliano Sarti, quien defendió la portería interista entre 1963 y 1968. “Y él es un muy buen portero…”.