La gesta del Vegalta inspira a Sendai
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Nadie olvidará nunca en Japón dónde se encontraba el 11 de marzo de 2011. La experiencia del entrenador del Vegalta Sendai, Makoto Teguramori, resume los momentos que vivió aquel día toda la nación. “Era la víspera del primer partido en casa de la temporada y manteníamos una reunión con los ojeadores en el estadio”, recuerda. “Cuando se produjo el terremoto, el techo nos cayó encima”.

Conforme avanzaron las horas y el posterior tsunami destruyó cuanto encontró a su paso, empezó a quedar claro que la prefectura de Miyagi, de la cual Sendai es la capital, había quedado peor parada que ninguna otra. Habían muerto casi 10.000 personas, otras miles habían desaparecido, y las infraestructuras de Sendai se encontraban seriamente dañadas, como el aeropuerto totalmente inundado y el puerto en terribles condiciones. Tampoco Vegalta, la municipalidad del club de la J.League, se libró de los daños. El estadio Yurtec de la entidad tuvo que someterse a una profunda reparación, y eso a pocos días de que terminara la renovación del recinto para la temporada 2011, una campaña que en aquellos momentos se suponía ya cancelada.

El fútbol, por supuesto, pasó a un plano insignificante en los días y semanas posteriores a la tragedia, aunque Teguramori se aseguró de que el Vegalta se mantuviera en la vanguardia de las labores de restauración y limpieza de la región. Mientras otros abandonaron la zona, tanto él como su personal se quedaron para ayudar a quitar los escombros, y los jugadores del club colaboraron con los centros de evacuación y repartieron uniformes del club entre los voluntarios.

Esperanza y motivación
El estadio Yurtec se convirtió también en un centro de distribución de alimentos, agua y ropa. La condición de símbolo de esperanza que se había granjeado el Vegalta se reafirmó tras la reanudación de la liga 2011. Habían pasado unas seis semanas desde la catástrofe cuando el público llenó el estadio para presenciar la victoria del Vegalta sobre el Urawa Reds por 1-0, en un partido cargado de emoción.

Aquel triunfo sobre uno de los tradicionales pesos pesados de Japón se consideró una gran campanada; no en vano, el Vegalta había pasado en segunda división seis de las siete temporadas anteriores y estaba considerado uno de los equipos más modestos de la nación. Pero si aquello dio la sorpresa, no fue nada en comparación con lo que estaba por llegar. El humilde conjunto del noreste del país se embarcó en una inaudita racha de imbatibilidad que duró 12 partidos, y terminó cuarto (un récord del club), con el mejor registro defensivo de la división.

La motivadora gesta del Vegalta resultó más sorprendente si cabe por el hecho de que el club había perdido a su delantero estelar, Marquinho, tan desolado por la catástrofe del 11 de marzo que regresó a su Brasil natal. "La marcha de Marquinho supuso un duro golpe para el equipo”, comentó Teguramori. “Sin embargo, el resto del equipo tuvo que llenar el hueco que había dejado y, como resultado, la unidad y la cohesión del grupo se hizo muchísimo más fuerte”.

Además de por un grupo unido, el Vegalta se caracterizaba por luchar por un propósito, pues había comprendido que su éxito en la adversidad podía motivar a todos aquellos que sufrían dificultades mucho mayores. Como destacó Teguramori: "Estábamos resueltos a convertirnos en un símbolo de esperanza para toda la región. No podemos hacer nada para detener una catástrofe natural, pero podemos intentar que no nos abata. Nuestras ganas de lucha nos llevaron al éxito y, a la vez, la gente de esta zona nos fortaleció. Muchas de estas personas vieron en nosotros una razón para seguir viviendo, por eso teníamos la obligación de demostrarles que estaban en lo cierto. Con nuestras victorias, les infundíamos valor y ánimo”.

El año del renacimiento
Hacia el final de la temporada 2011, el Vegalta pudo declarar cumplida la misión. De camino a la presente campaña, los medios de comunicación opinaban de forma generalizada que se preparaban malos tiempos para un equipo cuyo éxito se atribuía a la emoción del periodo posterior al tsunami. Muchos entendidos llegaron a pronosticar el descenso del club a un entorno más habitual, la segunda división.

No obstante, el Vegalta llega este fin de semana a la 11ª jornada de la J.League con dos puntos de ventaja en lo alto de la tabla, tras haber sufrido el sábado pasado su primera y única derrota de este curso. El hecho de que el club se mantenga en la categoría da testimonio de la forma en la que ha empezado la temporada y del éxito de los cambios tácticos que ha introducido Teguramori. Si bien la hazaña del año pasado se debió a que el equipo poseía la mejor defensa de Japón, con 25 goles recibidos en 34 partidos, ahora la razón de su éxito estriba en que posee el ataque más prolífico de la liga. El partido de la derrota del sábado a manos del Shimizu S-Pulse ha sido el primero en el que el Vegalta no ha marcado ningún gol.

Teguramori, según sus propias palabras, ha pedido a los suyos que “jueguen de forma más agresiva” para conseguir lo que describe como “un año de renacimiento” para Sendai. El resultado es un conjunto dinámico y goleador que ya ha batido a un montón de rivales, entre ellos el campeón del año pasado, Kashiwa Reysol. Aunque todavía faltan por disputar dos tercios de la temporada, e independientemente de su posición definitiva al final, el Vegalta se ha convertido en ejemplo y fuente de motivación para toda la nación.