Baptista vuelve a sonreír
© EFE

¿Cómo pedir a alguien que piense en jugar al fútbol cuando no se levanta de la cama ni para comer? ¿Cuando la simple idea de apoyar la planta del pie en el suelo da miedo, y el recuerdo de estar en la cancha, como futbolista profesional de alto nivel, se remonta a casi un año atrás? Por todo eso, para evitar caer en la desesperación, Júlio Baptista prefirió no pensar en ello. Se limitó a trabajar, trabajar y trabajar.

El brasileño, que a lo largo de toda su carrera apenas se había perdido partidos por lesión, tuvo que recuperarse no de una, sino de dos operaciones consecutivas. En total, pasó 16 meses sin defender los colores de su club, el Málaga, hasta regresar el pasado 3 de febrero, cuando mucha gente ya ni recordaba por dónde andaba La Bestia. Pero el mediapunta, de 31 años, es perfectamente consciente de dónde estuvo en cada paso de ese gigantesco camino, y describe todos sus detalles en esta entrevista con FIFA.com.

Júlio, usted no solo sufrió dos lesiones consecutivas, sino que además fueron relativamente poco comunes, o de diagnóstico complicado. ¿En qué consistieron, exactamente?
Es cierto, no son lesiones que se produzcan mucho. Primero fue una fractura en el pie que no conseguíamos encontrar: una fractura en el hueso sesamoideo, que está debajo del dedo. Pasé casi dos meses jugando con esa factura por estrés sin saberlo. Ahí descubrimos que el hueso se había quedado un poco dislocado, separado del resto. Quedó en dos partes. Al apoyar el pie, me dolía mucho. Cuando lo descubrimos, decidimos operar para quitar esa pequeña parte que se había luxado. Fue casi un mes sin apoyar el pie en el suelo, y después de casi tres meses empezó la rehabilitación. Entonces, cuando ya casi estaba a punto de volver, entrenándome, sucedió. No había hecho demasiado trabajo de fortalecimiento, para reponer la masa muscular perdida, pero estaba bien, sin dolor. Durante la práctica, hice un movimiento y sentí una punzada fuerte justo debajo del gemelo. Era una lesión muscular de grado 2, casi grado 3. Empecé a hacer rehabilitación, pero el dolor no desaparecía en absoluto. Sentía mucho dolor en el tendón de Aquiles, y había perdido la fuerza. Me hice dos aplicaciones de factor de crecimiento antes de ir a Brasil. Y ya no hice una tercera, porque no había mejorado. Escuché a médicos de Brasil y de España y tomé la decisión de operarme de nuevo, en Barcelona. Fue duro, porque me puse en la situación de parar durante otros cuatro o cinco meses, y acababa de pasar por un periodo semejante. Fue el momento más duro de mi carrera. Nunca me había lesionado de forma tan grave, y mucho menos dos veces seguidas.

Durante todo ese periodo, al menos recibió la alegría del nacimiento de su hija, ¿no?
Pues sí, eso es lo mejor de la historia. Quiero decir, sí y no. Isabella nació en septiembre de 2011, y unos días después marqué el que, aunque no lo supiera, iba a ser mi último gol con el Málaga en mucho tiempo, el de bicicleta [contra el Getafe, el 1 de octubre de 2011]. Dos meses después, me sometí a la primera operación. Es una visión diferente de la vida: uno empieza a hacer planes en función de su hija. Es lindo. Solo lamento no haber podido disfrutar de ella tanto como me hubiera gustado, porque al final pasé menos tiempo en casa que cuando estaba en activo. Estuve casi dos meses en Brasil, después hice los tratamientos en dos periodos: salía de casa a las 7 de la mañana y volvía a las 8 de la tarde. Fueron cinco meses en los que la rehabilitación me absorbió, sin disfrutar de mi hija como habría podido.

¿Y cómo se portó el Málaga durante todo este tiempo?
Mire, no sé lo que hubiera pasado de haber estado en otro club. Estuve en el lugar ideal para que pasase eso, porque el tratamiento que tuvo el Málaga conmigo fue excepcional, y el de Manuel Pellegrini también. Es una persona a la que tengo mucho que agradecer, porque él quería de verdad tenerme con el equipo. Saber que el entrenador cuenta con uno, incluso lesionado, es un estímulo enorme para conseguir volver. Tanto, que recibí varias ofertas y el Málaga ni siquiera quiso oírlas, porque no tenía intención de traspasarme, ni yo tampoco me había planteado irme. Solamente quería recuperarme y volver a ser el gran jugador que siempre había sido.

Usted fue el primer gran fichaje de esta nueva etapa del club. ¿Se siente angustiado por asistir desde fuera al crecimiento de la entidad?
Bueno, digamos que estoy en cierto modo en deuda con el Málaga. Quiero poder contribuir. Tengo una deuda con la afición y con el club, pero eso va a cambiar pronto, cuando empiece a jugar más regularmente.

¿Y Pellegrini habla abiertamente con usted sobre su papel en el equipo?
En los entrenamientos me ha puesto en mi posición: como un centrocampista que ayuda a defender, pero que sobre todo se apoya en el delantero. Porque, como la mayoría de los equipos europeos, jugamos con un solo punta puro.

Porque el plantel del Málaga no cuenta con ningún otro jugador que tenga exactamente las mismas características que usted, ¿no?
No, exactamente con esas características, no. Fichamos a Roque Santa Cruz y a Javier Saviola, que son números nueve. Son nueves diferentes, pero los dos delanteros natos. No tenemos a nadie con esa característica mía de partir con el balón controlado desde atrás para llegar arriba.

¿Haber pasado por este calvario ha hecho que se replantee sus prioridades en el fútbol?
Mire, ahora a lo que doy más valor es al fútbol en sí mismo. A día de hoy, puedo decir que voy a aprovechar el fútbol mucho más que antes, porque le doy un valor tan grande que quiero aprovechar cada momento que tenga. Está muy bien sentir esto ahora, que se están acercando los años finales de mi carrera.