Una jornada histórica apuntala la tradición
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Si bien no se celebraron demasiados goles en la “semana de la rivalidad” de la Major League Soccer, los estadios norteamericanos rebosaban emoción y pasión este fin de semana, repletos de multitudes de aficionados dispuestos a animar y vitorear a sus clubes en la primera jornada de la historia de la liga dedicada a los partidos de rivalidad local. En ella participaron 18 de los 19 equipos que integran la división, y siete de los nueve encuentros disputados fueron derbis cargados de tradición. La MLS confía en que algún día estos choques de máxima rivalidad entre vecinos revistan la misma pasión e intensidad que los derbis más famosos del fútbol mundial.

En Estados Unidos y Canadá, a excepción del derbi de Los Ángeles, ente el Galaxy y el Chivas USA, este tipo de encuentros resulta difícil de fomentar, pues hay que tener en cuenta que los equipos suelen recorrer miles de kilómetros de una punta a otra del país para enfrentarse entre ellos. Sin embargo, ahora que la MLS se encuentra en su 18ª temporada, desde el nacimiento de la liga en 1996 ha pasado tiempo suficiente como para que en el seno de las entidades más próximas geográficamente, como es el caso del Red Bulls de Nueva York y el D.C. United, empiecen a bullir esas típicas rivalidades que surgen entre vecinos, la mismas que terminan permeando y moldeando el tejido de la historia entre los clubes.

Rivalidades nuevas y no tan nuevas
La ampliación reciente de la máxima categoría de esta liga también ha producido enconadas rivalidades que trascienden la propia existencia de la Major League Soccer y se remontan a la década de 1970, durante los días de gloria de la extinta North American Soccer League (NASL).

Pese a la distancia, incluso en el caso de las rivalidades más exacerbadas (el viaje desde el RFK Stadium de Washington D.C. por la I-95 hasta el Red Bull Arena, sito en la localidad de Harrison, en Nueva Jersey, dura tres horas y media), los aficionados se desplazan por todo el país para alardear de sus colores y vitorear a los suyos durante los 90 minutos de los partidos. Cientos de miembros de La Barra Brava y de los vociferantes Eagles, dos de las peñas de seguidores más vehementes del D.C. United, se encaminaron al norte para animar a los suyos.

Del mismo modo, más de 200 hinchas del Fire de Chicago viajaron durante siete horas y media para presenciar el choque entre su equipo y el Sporting Kansas City, saldado con 0-0 en el marcador. Por otro lado, más de 1.000 seguidores del Portland recorrieron la I-5 en sentido norte para ver a Rodney Wallace y el Timbers arañar un empate in extremis al Sounders de Seattle en el estadio Century Link Field.

Toronto bate el récord de público visitante
Más de 4.000 hinchas del Toronto FC descendieron por la nacional 401 para presenciar el partido contra el Montreal Impact en el Estadio Olímpico. La cifra batió el récord de asistencia de público visitante de la MLS, que había establecido el propio Toronto cuando 2.400 personas se desplazaron a Columbus en 2008. Pero no fueron sólo aficionados fanáticos quienes acudieron en masa para disfrutar de estos choques de máxima rivalidad. Un total de 40.150 espectadores se dieron cita en el Century Link Field, y más de 37.000 abarrotaron el Estadio Olímpico.

Sin embargo, los ingresos de las entradas y la cantidad de aficionados visitantes que se aventuraron a tan largo viaje para seguir a sus clubes no son los únicos factores que la MLS ha tomado en consideración para juzgar el éxito, la notoriedad o la importancia de esta jornada. La amplia cobertura, de diez horas de duración, que le dedicaron el sábado los canales de televisión nacional NBC y NBC Sports contribuyó a que la “semana de la rivalidad” de la MLS llegara a los hogares de muchas personas que, de otro modo, puede que nunca se hubieran enterado del orgullo y las pasiones que suscita la liga de fútbol.

En conjunto, todos los indicios de este fin de semana apuntan a que la Major League Soccer sigue cotizando al alza y convirtiéndose en Estados Unidos y Canadá en la máxima división de una liga tan profesional y emocionante como la que más. Conforme las raíces tradicionales de la liga se hunden más profundamente y el furor de sus grandes rivalidades se enciende con más fulgor, las jornadas de derbis seguirán situando la liga en el candelero internacional, y sacando a la luz lo mejorcito de la MLS y lo mucho que puede ofrecer al mercado deportivo norteamericano.